Información adicional
| Peso | N/D |
|---|---|
| Dimensiones | N/D |
| Formatos | Digital, Papel |
Yo iba tranquila dentro de una bala
160 páginas
Los poetas que aparecen cuando el reciente fin de siglo suelen jugar con los crepúsculos y con Emily Dickinson. María Elena Hernández Caballero asombra con misteriosos diálogos postreros desde su primer libro. Siempre se está yendo. Esa es la esencial característica órfica que transmite. Una urgente intranquilidad, a la expectativa siempre, señala que el mundo es una esfera que Dios hace bailar sobre un pingüino ebrio. Y el lector de inmediato busca la matriz. La encuentra y se le pierde una y otra vez, uno y otro poema, entre derrotas y ramas rotas. Es un payaso que observa las desesperanzas. Y claro que ríe. Ahí es donde su voz se singulariza, al menos entre sus coetáneos, para irse a Amherst, simbolizarse en dos versos: We outgrow love, like other things // and put it in the Drawer (“Sobrevivimos al amor, como a otras cosas // Y en el Cajón lo guardamos”, 887). No importa el tema. Es el viaje quien decide desde las aporías existenciales.
Las adherencias ambientales –cubanas o no– se subordinan al logro de sus palabras: transmitir falacias, lo que se pierde aunque trate de rescatarse. Pero alegremente, sin pesadumbres quejumbrosas porque nunca se llega a aprehender nada, salvo las elipsis. Sus poemas tratan, al hacernos coautores, de involucrarnos: Convertirnos en elipsis. Y a la vez sonreír. ¿Acaso “Ciorán decae”? –se pregunta. Ella no responde. Silencio. Porque dentro de su bala hay un desasosiego que sirve de antídoto contra los bienpensantes de siempre, los decorosos indistinguibles…
Aleteos verbales para despertar desde luego que con una pícara mirada sardónica –de efebo— que recrudece las seducciones en su Cajón de versos.
José Prats Sariol (marzo y 2016)
Le recomendamos …

Asedios a lo increado. Nuevas perspectivas sobre Lezama Lima

En la corriente del tiempo. Meditaciones en el Himalaya

Indagación del choteo

Dulce María Loynaz: Memorias de una poetisa

Antología de la poesía erótica española

Otro mundo feliz (a partir de una idea de mis socios Miguel Ángel Trujillo y Aldus Huxley)

Hormigas flotando

Cecilia Valdés o la Loma del Ángel

Episodios de la Revolución cubana

Cuaderno del orate. Háblame, voz, de esa alimaña

El tigre y la mansedumbre

The sparrow’s song / El canto del gorrión

Estudios sobre el español de Cuba

ABC-Hadario

El negrero

Serpientes y escaleras

Actualidad y vigencia del Barroco

La Habana Elegante

Otoño = Outono

A(mar)es
160 páginas
Los poetas que aparecen cuando el reciente fin de siglo suelen jugar con los crepúsculos y con Emily Dickinson. María Elena Hernández Caballero asombra con misteriosos diálogos postreros desde su primer libro. Siempre se está yendo. Esa es la esencial característica órfica que transmite. Una urgente intranquilidad, a la expectativa siempre, señala que el mundo es una esfera que Dios hace bailar sobre un pingüino ebrio. Y el lector de inmediato busca la matriz. La encuentra y se le pierde una y otra vez, uno y otro poema, entre derrotas y ramas rotas. Es un payaso que observa las desesperanzas. Y claro que ríe. Ahí es donde su voz se singulariza, al menos entre sus coetáneos, para irse a Amherst, simbolizarse en dos versos: We outgrow love, like other things // and put it in the Drawer (“Sobrevivimos al amor, como a otras cosas // Y en el Cajón lo guardamos”, 887). No importa el tema. Es el viaje quien decide desde las aporías existenciales.
Las adherencias ambientales –cubanas o no– se subordinan al logro de sus palabras: transmitir falacias, lo que se pierde aunque trate de rescatarse. Pero alegremente, sin pesadumbres quejumbrosas porque nunca se llega a aprehender nada, salvo las elipsis. Sus poemas tratan, al hacernos coautores, de involucrarnos: Convertirnos en elipsis. Y a la vez sonreír. ¿Acaso “Ciorán decae”? –se pregunta. Ella no responde. Silencio. Porque dentro de su bala hay un desasosiego que sirve de antídoto contra los bienpensantes de siempre, los decorosos indistinguibles…
Aleteos verbales para despertar desde luego que con una pícara mirada sardónica –de efebo— que recrudece las seducciones en su Cajón de versos.
José Prats Sariol (marzo y 2016)
Yo iba tranquila dentro de una bala
| Peso | N/D |
|---|---|
| Dimensiones | N/D |
| Formatos | Digital, Papel |
Le recomendamos …

Olvidos

A ras de mundo

Teatro selecto

kohikuré

Obligarse sin deber

Las siete en Canarias

Fuga de nieve









