En esta colección

7,00 € - 16,90 €Rango de precios: desde 7,00 € hasta 16,90 €

8,99 € - 18,95 €Rango de precios: desde 8,99 € hasta 18,95 €

10,00 € - 17,99 €Rango de precios: desde 10,00 € hasta 17,99 €

8,00 € - 18,90 €Rango de precios: desde 8,00 € hasta 18,90 €

9,00 € - 19,95 €Rango de precios: desde 9,00 € hasta 19,95 €
Información adicional
| Peso | N/D |
|---|---|
| Dimensiones | N/D |
| Formatos | Digital, Papel |
Yo iba tranquila dentro de una bala
160 páginas
Los poetas que aparecen cuando el reciente fin de siglo suelen jugar con los crepúsculos y con Emily Dickinson. María Elena Hernández Caballero asombra con misteriosos diálogos postreros desde su primer libro. Siempre se está yendo. Esa es la esencial característica órfica que transmite. Una urgente intranquilidad, a la expectativa siempre, señala que el mundo es una esfera que Dios hace bailar sobre un pingüino ebrio. Y el lector de inmediato busca la matriz. La encuentra y se le pierde una y otra vez, uno y otro poema, entre derrotas y ramas rotas. Es un payaso que observa las desesperanzas. Y claro que ríe. Ahí es donde su voz se singulariza, al menos entre sus coetáneos, para irse a Amherst, simbolizarse en dos versos: We outgrow love, like other things // and put it in the Drawer (“Sobrevivimos al amor, como a otras cosas // Y en el Cajón lo guardamos”, 887). No importa el tema. Es el viaje quien decide desde las aporías existenciales.
Las adherencias ambientales –cubanas o no– se subordinan al logro de sus palabras: transmitir falacias, lo que se pierde aunque trate de rescatarse. Pero alegremente, sin pesadumbres quejumbrosas porque nunca se llega a aprehender nada, salvo las elipsis. Sus poemas tratan, al hacernos coautores, de involucrarnos: Convertirnos en elipsis. Y a la vez sonreír. ¿Acaso “Ciorán decae”? –se pregunta. Ella no responde. Silencio. Porque dentro de su bala hay un desasosiego que sirve de antídoto contra los bienpensantes de siempre, los decorosos indistinguibles…
Aleteos verbales para despertar desde luego que con una pícara mirada sardónica –de efebo— que recrudece las seducciones en su Cajón de versos.
José Prats Sariol (marzo y 2016)
Le recomendamos …

Martí: pensamiento y lenguaje

Alquimia

Novela de mediodía

El pájaro herido y otros poemas

Luna de duermevela

Cuba. Historia y perspectivas de una escatología

Responso por el siglo vigésimo

La belleza de la inutilidad

Triángulo de espías

Words are witnesses/Las palabras son testigos

Allende las ma(d)res

El gato Simon y la ogresita Grunilda

La Grieta. Premio Iberoamericano Verbum de Novela 2018

Los escritos de Inmanar

Vidas extraordinarias. Crónicas biográficas y autobiográficas

Martí, uno y muchos a un tiempo

Antología poética (1975-2018)

…Y los sueños, cine son. Poemas al séptimo arte

José Lezama Lima. Hacia una mística poética

Cuaderno del orate. Háblame, voz, de esa alimaña
160 páginas
Los poetas que aparecen cuando el reciente fin de siglo suelen jugar con los crepúsculos y con Emily Dickinson. María Elena Hernández Caballero asombra con misteriosos diálogos postreros desde su primer libro. Siempre se está yendo. Esa es la esencial característica órfica que transmite. Una urgente intranquilidad, a la expectativa siempre, señala que el mundo es una esfera que Dios hace bailar sobre un pingüino ebrio. Y el lector de inmediato busca la matriz. La encuentra y se le pierde una y otra vez, uno y otro poema, entre derrotas y ramas rotas. Es un payaso que observa las desesperanzas. Y claro que ríe. Ahí es donde su voz se singulariza, al menos entre sus coetáneos, para irse a Amherst, simbolizarse en dos versos: We outgrow love, like other things // and put it in the Drawer (“Sobrevivimos al amor, como a otras cosas // Y en el Cajón lo guardamos”, 887). No importa el tema. Es el viaje quien decide desde las aporías existenciales.
Las adherencias ambientales –cubanas o no– se subordinan al logro de sus palabras: transmitir falacias, lo que se pierde aunque trate de rescatarse. Pero alegremente, sin pesadumbres quejumbrosas porque nunca se llega a aprehender nada, salvo las elipsis. Sus poemas tratan, al hacernos coautores, de involucrarnos: Convertirnos en elipsis. Y a la vez sonreír. ¿Acaso “Ciorán decae”? –se pregunta. Ella no responde. Silencio. Porque dentro de su bala hay un desasosiego que sirve de antídoto contra los bienpensantes de siempre, los decorosos indistinguibles…
Aleteos verbales para despertar desde luego que con una pícara mirada sardónica –de efebo— que recrudece las seducciones en su Cajón de versos.
José Prats Sariol (marzo y 2016)
Yo iba tranquila dentro de una bala
| Peso | N/D |
|---|---|
| Dimensiones | N/D |
| Formatos | Digital, Papel |
Le recomendamos …

Cuadernos insulares

Dulce María Loynaz: Memorias de una poetisa

El alma oblicua

Cielo, viento, estrellas y poesía

Los rostros de Leonardo Padura

La novela: Vuelo impredecible hacia el conocimiento

Ajedrez




