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| Peso | N/D |
|---|---|
| Dimensiones | N/D |
| Páginas | 108 |
| Formatos | Digital, Papel |
A(mar)es
Etnairis Ribera forma parte de esa gran tradición de poetas mujeres cuya actividad poética está nimbada por su vocación de musas. Etnairis Ribera ofrece una relectura de su poesía que no sólo demanda atención a su oficio probado sino también al lenguaje emotivo que cultiva la apuesta por la fugacidad del amor, su tino y desatino. Se trata de un Eros favorecido por su mayor afrodisíaco, la Ironía. Esto es, el sujeto poético, en lugar de desnudarse (en el drama de la confesión) se pliega y repliega en la retórica seductiva (el juego del deseo incierto) para aparecer no como seducida y víctima sino como libre pasajera. La Musa de lo fugaz es, claro, la más irónica de todas porque no cultiva las reliquias de la memoria sino la plenitud del instante. Esta Eva caribeña reparte manzanas como si escribiera la escena del origen. Lo fortuito de estos encuentros adquiere su certidumbre en la gratuidad del poema. La forma de lo vivido es la libertad de lo escrito. Por eso, la poesía de Etnairis Ribera tiene la virtud de su soberana independencia: no reclama ni proclama, y discurre de paso en la gran maravilla al desnudo.
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Etnairis Ribera forma parte de esa gran tradición de poetas mujeres cuya actividad poética está nimbada por su vocación de musas. Etnairis Ribera ofrece una relectura de su poesía que no sólo demanda atención a su oficio probado sino también al lenguaje emotivo que cultiva la apuesta por la fugacidad del amor, su tino y desatino. Se trata de un Eros favorecido por su mayor afrodisíaco, la Ironía. Esto es, el sujeto poético, en lugar de desnudarse (en el drama de la confesión) se pliega y repliega en la retórica seductiva (el juego del deseo incierto) para aparecer no como seducida y víctima sino como libre pasajera. La Musa de lo fugaz es, claro, la más irónica de todas porque no cultiva las reliquias de la memoria sino la plenitud del instante. Esta Eva caribeña reparte manzanas como si escribiera la escena del origen. Lo fortuito de estos encuentros adquiere su certidumbre en la gratuidad del poema. La forma de lo vivido es la libertad de lo escrito. Por eso, la poesía de Etnairis Ribera tiene la virtud de su soberana independencia: no reclama ni proclama, y discurre de paso en la gran maravilla al desnudo.
A(mar)es
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| Páginas | 108 |
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