Información adicional
| Peso | N/D |
|---|---|
| Dimensiones | N/D |
| Páginas | 320 |
| Formatos | Digital, Papel |
Siempre la memoria, mejor que el olvido
Ya se sabe que en los últimos tiempos el oficio de periodista se ha convertido en uno de los más peligrosos del mundo, aunque también habría que decir, uno de los más adictivos. Y a pesar de las sabias advertencias del narrador norteamericano Ernest Hemingway acerca de la fatal influencia que su práctica prolongada podía ejercer sobre los escritores, no son pocos los ex periodistas que sufren graves recaídas, incluso después de haber consolidado una brillante carrera literaria.
Este parece ser el caso del cubano Leonardo Padura Fuentes (La Habana, 1955), Premio Princesa de Asturias de las Letras 2015, que hasta el día de hoy no ha querido –o quizá no ha podido-, desengancharse de una actividad que empezó a practicar antes incluso de concluir sus estudios universitarios de Letras y, por supuesto, de publicar sus primeros libros. Empeñado desde entonces en ser escritor a toda costa, Padura encontró precisamente en el autor norteamericano un paradigma a seguir durante sus primeros años de aprendizaje. Y aunque después renegaría de su juvenil filiación hemingwayana, la prosa afilada y precisa del Papa lo acompañó el tiempo necesario para crear y pulir sus propias herramientas, mientras cubría su plaza como redactor de El Caimán Barbudo, un magacín literario para el cual escribió sus primeras crónicas y donde publicó su primer cuento, a principios de la década de 1980. […]
Entre esos dos polos, la memoria rescatada y la necesidad permanente de lidiar contra el olvido, programado o hijo de la desidia, se sitúa este libro como un primer repaso a la obra periodística de Leonardo Padura. Una mirada abarcadora hacia el pasado y el presente de aquel joven escritor que una vez quiso ser como Hemingway, pero no se conformó y terminó encontrando su propio camino, como viene a confirmar la trascendencia de su trabajo literario y también la permanencia de su periodismo que, a pesar de los años, continúa vivo y actuante hasta el día de hoy, como un reflejo posible de la vida cubana.
Lucía López Coll
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Este parece ser el caso del cubano Leonardo Padura Fuentes (La Habana, 1955), Premio Princesa de Asturias de las Letras 2015, que hasta el día de hoy no ha querido –o quizá no ha podido-, desengancharse de una actividad que empezó a practicar antes incluso de concluir sus estudios universitarios de Letras y, por supuesto, de publicar sus primeros libros. Empeñado desde entonces en ser escritor a toda costa, Padura encontró precisamente en el autor norteamericano un paradigma a seguir durante sus primeros años de aprendizaje. Y aunque después renegaría de su juvenil filiación hemingwayana, la prosa afilada y precisa del Papa lo acompañó el tiempo necesario para crear y pulir sus propias herramientas, mientras cubría su plaza como redactor de El Caimán Barbudo, un magacín literario para el cual escribió sus primeras crónicas y donde publicó su primer cuento, a principios de la década de 1980. […]
Entre esos dos polos, la memoria rescatada y la necesidad permanente de lidiar contra el olvido, programado o hijo de la desidia, se sitúa este libro como un primer repaso a la obra periodística de Leonardo Padura. Una mirada abarcadora hacia el pasado y el presente de aquel joven escritor que una vez quiso ser como Hemingway, pero no se conformó y terminó encontrando su propio camino, como viene a confirmar la trascendencia de su trabajo literario y también la permanencia de su periodismo que, a pesar de los años, continúa vivo y actuante hasta el día de hoy, como un reflejo posible de la vida cubana.
Lucía López Coll
Siempre la memoria, mejor que el olvido
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