Información adicional
| Peso | N/D |
|---|---|
| Dimensiones | N/D |
| Formatos | Digital, Papel |
| Páginas | 108 |
El suicidio del muñeco de nieve
Choi Sung-ho
La poesía de Choi Sung-ho (1954) nace de un estado de incomodidad vital que se expande en un malestar existencial, expresado en un cuidadoso lenguaje de rechazo y denuncia de la sociedad emergida de una acelerada industrialización. Aunque nació en una pequeña aldea rural, y que durante años fuera maestro en una escuela de enseñanza elemental, la mayor parte de su actividad creativa se ha desarrollado en una sociedad urbana desquiciada por los efectos de un desarrollismo portador de perturbadores modelos de vida occidental: la vulgarización de la vida humana, la corrupción del paisaje urbano, la degradación de la naturaleza, la fractura de los valores de la identidad coreana, la soledad y la incomunicación, el consumismo insaciable. Su lenguaje, a veces tierno e irónico, desgarrado e inquisitivo revela, sin embargo, un tono reflexivo que se acerca a un mundo corrupto desde una conciencia similar a la de un monje budista. En el curso de sus exploraciones poéticas Choi no vacila en acudir a una provocadora imaginería, metáforas que aluden a la corrupción de la naturaleza, al desperdicio, a la suciedad del mundo real y a la basura urbana, para transformarlas en significantes simbólicos dotados de una complejidad expresiva. Un acto de resistencia a la irracionalidad y la degradación de una realidad alienante.
El libro que presentamos, El suicidio del muñeco de nieve, apela a la frialdad de la nieve como alegoría que expone el gélido distanciamiento emocional del sujeto moderno desapegado de la realidad mezquina, la persona reducida a muñeco, carente de motivo alguno para vivir expone su condición de nieve (blanda, líquida, maleable) a diluirse en una bañera llena de agua caliente. Esta vez, la respuesta de Choi Sung-ho se acoge a la fábula, un relato cuyos protagonistas son animales dotados de comportamiento humano, instalados en circunstancias de las que se desprende una moraleja, una enseñanza, un espejo recriminador. La invitación a una reflexión. Choi, provocador, opta por asomarse al reino de su bestiario con la naturalidad del cronista que da cuenta de situaciones perfectamente asimilables por los humanos; es decir, soberbias, cobardes, lúcidas, tozudas, benevolentes, malvadas, egoístas…; alegorías cargadas con un abrumador dispositivo donde se tuerce la lógica con un halo kafkiano. Entre graznidos, cacareos, gruñidos y ladridos se va representando una cruel, grotesca, patética, humorística o canalla comedia humana. Ello no impide lo sorpresivo, imaginativo y hasta paradójico. Por debajo parece siempre correr el soplo de un soterrado sentido del humor, de la ironía.
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La poesía de Choi Sung-ho (1954) nace de un estado de incomodidad vital que se expande en un malestar existencial, expresado en un cuidadoso lenguaje de rechazo y denuncia de la sociedad emergida de una acelerada industrialización. Aunque nació en una pequeña aldea rural, y que durante años fuera maestro en una escuela de enseñanza elemental, la mayor parte de su actividad creativa se ha desarrollado en una sociedad urbana desquiciada por los efectos de un desarrollismo portador de perturbadores modelos de vida occidental: la vulgarización de la vida humana, la corrupción del paisaje urbano, la degradación de la naturaleza, la fractura de los valores de la identidad coreana, la soledad y la incomunicación, el consumismo insaciable. Su lenguaje, a veces tierno e irónico, desgarrado e inquisitivo revela, sin embargo, un tono reflexivo que se acerca a un mundo corrupto desde una conciencia similar a la de un monje budista. En el curso de sus exploraciones poéticas Choi no vacila en acudir a una provocadora imaginería, metáforas que aluden a la corrupción de la naturaleza, al desperdicio, a la suciedad del mundo real y a la basura urbana, para transformarlas en significantes simbólicos dotados de una complejidad expresiva. Un acto de resistencia a la irracionalidad y la degradación de una realidad alienante.
El libro que presentamos, El suicidio del muñeco de nieve, apela a la frialdad de la nieve como alegoría que expone el gélido distanciamiento emocional del sujeto moderno desapegado de la realidad mezquina, la persona reducida a muñeco, carente de motivo alguno para vivir expone su condición de nieve (blanda, líquida, maleable) a diluirse en una bañera llena de agua caliente. Esta vez, la respuesta de Choi Sung-ho se acoge a la fábula, un relato cuyos protagonistas son animales dotados de comportamiento humano, instalados en circunstancias de las que se desprende una moraleja, una enseñanza, un espejo recriminador. La invitación a una reflexión. Choi, provocador, opta por asomarse al reino de su bestiario con la naturalidad del cronista que da cuenta de situaciones perfectamente asimilables por los humanos; es decir, soberbias, cobardes, lúcidas, tozudas, benevolentes, malvadas, egoístas…; alegorías cargadas con un abrumador dispositivo donde se tuerce la lógica con un halo kafkiano. Entre graznidos, cacareos, gruñidos y ladridos se va representando una cruel, grotesca, patética, humorística o canalla comedia humana. Ello no impide lo sorpresivo, imaginativo y hasta paradójico. Por debajo parece siempre correr el soplo de un soterrado sentido del humor, de la ironía.
El suicidio del muñeco de nieve
| Peso | N/D |
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| Dimensiones | N/D |
| Formatos | Digital, Papel |
| Páginas | 108 |
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