Información adicional
| Peso | N/D |
|---|---|
| Dimensiones | N/D |
| Páginas | 88 |
| Formatos | Digital, Papel |
Preso el antílope
Desde la publicación de su primer libro, Hubo la viola, Iraida Iturralde ha aportado una voz inconfundible a la poesía cubana (no añado “del exilio” porque la poesía cubana –la de aquí, la de allá, la de más allá– es una). Este, su séptimo poemario, afianza la presencia y singularidad de esa voz. Preso el antílope transita entre dos polos: la sociabilidad y la reflexión. Los poemas que celebran lazos de afecto o admiración se distinguen por su tranquila afabilidad, así como por la empatía con que Iturralde se compenetra con sus sujetos. Pero es en los poemas reflexivos –la separación entre sociabilidad y reflexión no es inviolable; los polos suelen cambiar de signo– donde Iturralde muestra lo mejor y más característico de su talento. Sin llegar a decirlo todo, aunque sin dejar de decir lo suficiente, estos poemas hacen gala, en palabras de Iturralde, del “ojo opulento de un verso alucinado.” Nos hablan de pérdidas, búsquedas, resarcimientos. Sutiles sin conceptismo, densos sin opacidad, son poemas que una vez que nos tocan, no dejan de sacudirnos. Y de Cuba, ¿qué? Atisbada más que mentada, “la isla muda se mece / sobre una nota lejana.” Sobre esa nota, próxima en vez de lejana, nos mecemos también los agradecidos lectores de Preso el antílope.
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Desde la publicación de su primer libro, Hubo la viola, Iraida Iturralde ha aportado una voz inconfundible a la poesía cubana (no añado “del exilio” porque la poesía cubana –la de aquí, la de allá, la de más allá– es una). Este, su séptimo poemario, afianza la presencia y singularidad de esa voz. Preso el antílope transita entre dos polos: la sociabilidad y la reflexión. Los poemas que celebran lazos de afecto o admiración se distinguen por su tranquila afabilidad, así como por la empatía con que Iturralde se compenetra con sus sujetos. Pero es en los poemas reflexivos –la separación entre sociabilidad y reflexión no es inviolable; los polos suelen cambiar de signo– donde Iturralde muestra lo mejor y más característico de su talento. Sin llegar a decirlo todo, aunque sin dejar de decir lo suficiente, estos poemas hacen gala, en palabras de Iturralde, del “ojo opulento de un verso alucinado.” Nos hablan de pérdidas, búsquedas, resarcimientos. Sutiles sin conceptismo, densos sin opacidad, son poemas que una vez que nos tocan, no dejan de sacudirnos. Y de Cuba, ¿qué? Atisbada más que mentada, “la isla muda se mece / sobre una nota lejana.” Sobre esa nota, próxima en vez de lejana, nos mecemos también los agradecidos lectores de Preso el antílope.
Preso el antílope
| Peso | N/D |
|---|---|
| Dimensiones | N/D |
| Páginas | 88 |
| Formatos | Digital, Papel |
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