Información adicional
| Peso | N/D |
|---|---|
| Dimensiones | N/D |
| Formatos | Digital, Papel |
| Páginas | 108 |
Gente mía
El ser humano es el único que ríe, pero también el único que es capaz de gritar, como dice Bukowski, amablemente. Un grito amable, honesto, que perdura en la mente del receptor. Alzar la voz porque algo nos toca la fibra es algo que nos diferencia a los poetas del resto de los mortales. Estos poemas, que ahora llegan al lector, son un grito amable. En ellos transcribo la impresión que me han dejado mis conocidos, gente que ha llegado a mí o a la que yo he llegado. Se puede decir que este libro está basado en personas reales, cada una original a su manera. Y así, cada una me ha marcado de alguna forma. Pero ésa es la primera impresión. Una segunda lectura permite ver dónde “me aprieta las clavijas” el destino. Aún más importante, da una idea de cómo “capeo el temporal”. Digamos que Dios, o una naturaleza mejor, “mete el dedo en la llaga”, pero lo crucial no es que me lamente de ella o de la gracia divina de tocar la herida; lo humanamente poético está en sentarme detrás de la barrera y pintar el tapiz lo más completo que me permite la teoría del extrañamiento, con cierta ternura, humor o ironía. En otra capa de lectura se notan mis poetas. Las armas con las que me apropio del paisanaje: Quevedo y Carpentier, sazonados con un poco de Lezama. Un juego entretenido que le propongo al lector cuando lea Gente mía es que encuentre “mis costuras”. Querido amigo: se trata de un juego personal, si lo descubres, bien; si no lo consigues, pues no pasa nada. Desde el momento en que, desocupado lector, abras este libro, cada poema deja ya de ser sobre mi gente, haces que sea tuya. Un poeta escribe y un lector se apropia. Aquí os dejo a esta gente. Cuidadla, es vuestra.
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Gente mía
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