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Rolando Pérez Una de las características culturales de esta época es la poca importancia que se le presta a los mitos en la vida cotidiana. No los reconocemos como formas de expresar verdades significativas. Erróneamente separamos el mito del conocimiento analítico a priori, y viceversa, cuando en realidad incluso la ciencia moderna los emplea para comunicar sus teorías abstractas. Luego tenemos ejemplos de ficciones como el éxito; la inmortalidad conseguida a través de la fama; la “magia” tecnológica y el progreso infinito. En ese sentido Mesetas de espejos es un libro de imágenes, de reflejos (individuales y colectivos) que a través de relatos y fábulas intenta darnos alguna idea de donde estamos en la Tierra y donde podemos terminar. Las mesetas, lo que serían capítulos o aforismos en otros libros, funcionan como vectores de intensidad(es) intelectivas y emocionales, conectables unas con otras, o no. Es decir, Mesetas de espejos no es lineal, pero sí coherente y personal; un texto que dialoga con obras literarias, cine, política, filosofía y arte. A veces nos recuerda a Virgilio Piñera, Italo Calvino o Henri Michaux, pero siempre en su propia voz. -
Ramiro de Maeztu «No hay necesidad de tener que elegir entre el Estado unitario y la anarquía. Hay otra alternativa: la de la pluralidad y el equilibrio de poderes, no tan sólo dentro de la nación, sino en la familia de naciones. Este equilibrio de poderes es difícil de alcanzar y de mantener porque cada uno de ellos aspira inevitablemente a la hegemonía. El equilibrio sólo se mantiene al precio de eterna vigilancia. ¿Pero no tenemos que pagar el mismo precio por la amistad, por la salud, por el talento, y por todos los bienes de la vida, si deseamos prolongarlos más allá de la duración de su propia espontaneidad? Si se piensa que la unificación de los poderes sociales en el Estado hace posible que la totalidad de esos poderes se consuma en una guerra o en una serie de guerras como las que agotaron, en el siglo XVI, la rica vitalidad del pueblo español, ¿no vale más, después de todo, que ordenemos nuestra vida social en una pluralidad de poderes cuidadosamente equilibrados?». -
Enrique Gallud Jardiel En este volumen se recoge una cuidada recopilación de mitos, leyendas y narraciones populares de la India. Son historias de gran belleza e interés intrínseca y sirven, además, para conocer de cerca una cultura milenaria y profunda que empleó extensivamente la literatura no solo para difundir sus ideas religiosas, sino también como el más adecuado medio de enseñanza para los jóvenes. Desde antiguo, los maestros indios utilizaron los cuentos apologales para infundir conocimiento en sus alumnos. Mediante ellos se les explicaba el universo desde un punto de vista filosófico y también la sociedad inmediata y sus características. Se transmitían con ellos enseñanzas éticas de conducta y también de índole práctica, aparte de servir como modelos literarios y lingüísticos con los que practicar otras ciencias. Estas narraciones nos permiten conocer el ethos indio, adentrarnos en un mundo diferente y exótico, cuya originalidad ha venido cautivando desde hace siglos a la mente occidental. Son historias para todas las edades y enormemente disfrutables. No olvidemos, además, que estas narraciones tienen su origen en los libros más importantes del subcontinente indio, en los textos textos sacros (los Vedas y los Puranas) y en las dos grandes epopeyas (el Râmâyana y el Mahâbhârata), llenos de dioses, héroes y personajes simbólicos cuyas aventuras son una fuente de placer estético e intelectual para los lectores. -
Emma Romeu Riaño Cada página del diario de una princesa concede entendimiento de las veleidades de su época. No importa que se trate de una princesa peregrina de antepasados imprecisos, que su castillo no tenga tamaño, forma, ni lugar; la voz de la princesa aparece esporádicamente en este libro para dejar con humor, ironía, o con una fuerte carga emocional, pistas sobre su existencia. Así, poesía y prosa se juntan en esta obra y nos conducen en un carismático recorrido por las vivencias, reflexiones y mundos polifacéticos de su autora, oriunda de Cuba. -
Rosalía de Castro En 1863 Rosalía de Castro publica Cantares gallegos, un libro de poesía en el que evoca a Galicia, sus paisajes, sus rías, sus costumbres, sus antiguas tradiciones y también sus mitos campesinos. En el prólogo la escritora manifiesta su propósito de dignificar a esta tierra, crear una unión profunda con ella y recuperar el idioma, reivindicando que “nuestro dialecto dulce y melodioso es tan adecuado como el castellano para todo tipo de versificación, muy lejos de esa versión degradada de la lengua de la que algunos hacen mofa.” La lírica galaicoportuguesa había sido muy importante, pero toda la tradición escrita se había perdido, por lo que había que empezar desde cero, enfrentándose al desprecio e indiferencia hacia la lengua gallega y asumiendo una tarea que suponía un desprestigio social. Con esta obra Rosalía de Castro se plantea un objetivo: ensalzar la belleza de Galicia y convertir sus poemas en símbolos históricos y literarios de su patria; es el principio de una nueva época para las letras gallegas, ya que nace una literatura “nacional” escrita en lengua propia. -
Enrique José Varona “Enrique José Varona iba ceñidamente con el tiempo nuestro, a su través pasaba todo lo que era en realidad savia y alimento nuestro (…) Pensó, más que el pensamiento intelectual, el pensamiento orgánico de nuestra vida como pueblo. Sabía, y lo reconocía explícitamente, que sus textos escritos eran solo un reflejo del texto vivo que era él. En todo instante, hasta el día mismo de su muerte, vivió consciente del difícil papel que le tocara servir en nuestra historia. Se supo heredero de los grandes varones del siglo XIX. Hay que evocarlo el día 19 de noviembre de 1911, hablando ante los restos de Félix Varela. Son de la misma estirpe. Pertenecen, ambos, a ese singular linaje que nuestra patria diera otrora. Varona es un último gran hombre. Es de esos que cuando mueren arrastran consigo un siglo de historia”. Gastón Baquero -
Emilia Pardo Bazán La sirena negra, obra de la gallega Emilia Pardo Bazán, cuenta la historia de Gaspar de Montenegro, un frívolo y egocéntrico “señorito” de Madrid que deambula sin rumbo y sin espíritu, permanentemente atormentado por la muerte (la “sirena negra”), y que conoce a una madre soltera muy enferma y a su pequeño hijo, al que finalmente decide adoptar. Esta nueva presencia en su hogar parece devolverle una felicidad que nunca había conocido, pero el destino se cruza irremediablemente en su camino y cambia repentinamente el curso normal de las cosas. La novela forma parte de la etapa más tardía y quizá menos conocida de Emilia Pardo Bazán y se adentra en el psicoanálisis, la conciencia y la introspección del ser humano. Además, presenta un personaje novedoso en la literatura española: el del dandi aristocrático, cínico y amoral, muy común en novelas francesas o inglesas, pero no tanto en la narrativa de nuestro país. -
Amado Nervo «Pasada la tormenta romántica, el desordenado, el incontenible aguacero de imágenes, de adjetivos, de antítesis opulentas, de hipérbatons modosos, de sinónimos matizados, todos hemos vuelto a convenir en que la condición por excelencia de un bello estilo debe ser la sobriedad. Entendámoslo bien, la sobriedad; en modo alguno la pobreza. Decir lo que decir hemos sin hojarasca de palabras inútiles; que nuestra frase, mejor que abundante y opima, sea nítida, lisa, bruñida; que exprese lo que se propone sin todos esos empavesados multicolores que fatigan la vista y ultrajan el ideal de elegante simplicidad que todos nos afanamos por alcanzar. La palabra dice y quiere decir. El autor dice con ella esto o aquello, pero no logrará apoderarse del ritmo íntimo de las cosas sino cuando quiere decir esto o aquello, cuando intenta expresar lo que no se expresa de por sí, cogiendo simplemente las palabras necesarias, sino lo que sólo acierta a expresarse después de mirar muchas palabras al trasluz, a fin de ir descubriendo su significación escondida». -
Arturo Arango Un escritor, de nombre Marcos, redacta sus impresiones sobre la realidad cubana durante los años 1992, 1993 y 1994. Lo hace, confiesa, “para no olvidar y para tratar de comprender lo que estamos viviendo”. Suele reunirse con un grupo de amigos entrañables, también como un acto de resistencia. En esas notas que conforman Límites y escombros, al tiempo que reflexiona sobre el duro contexto que, “como un túnel”, atraviesan todos, va registrando su cotidianeidad y relatando otras peripecias que le gustaría contar, o tramas en las que, obsesivamente, se empeñan sus colegas. El resultado es un tejido de perplejidades y desgarramientos a los que el narrador no encuentra salida. Luego de que un suceso deshaga ese núcleo de afinidades en el que se sostenía, se da cuenta de que está sumergido en un país que ya no conoce. -
Leonardo Depestre Catony La colección de artículos que tiene en sus manos se detiene en algunos de los muchos momentos de la obra y vida de José Martí. Encontrará el lector que se incorporan asuntos muchas veces pasados por alto en textos anteriores que abordan la vida de Martí y que hasta nos adentramos en otros tradicionalmente polémicos o anteriormente soslayados. Debe este libro ser tomado como una biografía periodística de José Martí. Ello, en nuestra opinión, lo convierte en un suceso editorial novedoso. Martí, uno y muchos a un tiempo es un libro diferente, escrito con el propósito de llenar espacios en una vida inabarcable. Queden estos artículos como modesto tributo al más insigne de los cubanos. -
Víctor Ruiz Polanco XIII Premio Internacional de Poesía “Gastón Baquero” «Estamos ante un poemario donde la voz poética se asume como una brisa delicada, tal como los haikus que ofrece en estas páginas, para asumir la mansedumbre de los días. (…) El poeta pinta o se inventa un mundo hedónico donde las canciones acuñan las esencias de la existencia desde una intensidad sorprendente (…). Se trata de un poemario de exquisita factura por la cosmovisión de un mundo que gravita, tal como en una melodía, donde el desplazado afianza una voz que intenta salvarse y salvarnos».Luis Manuel Pérez Boitel
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Enrique Infante Me entusiasma la ocasión de celebrar la poesía naciente de Enrique “Kique” Infante, quien, desde su partida de Perú, su deambular por Europa y su arribo a los Estados Unidos, ha logrado desarrollarse con éxito como músico, compositor y promotor artístico. En esta ocasión me honra dar la bienvenida a El ombú desterrado del poeta Enrique Infante, publicado por la Editorial Verbum de Madrid, España, y poder incluirlo y abrigarlo en la creciente y meritoria trayectoria poética hispana que fortuitamente se desarrolla en los Estados Unidos. Como el título mismo indica, el poeta, el ombú, semilla de árbol sembrado en el Perú por José de San Martín, sufre un destierro. En su canto, el ombú atraviesa Hanan pacha, el mundo de arriba, Kay Pacha, el mundo terrenal, Uku Pacha, el inframundo, para germinar y crecer en Pacha, la tierra, lugar de espacio-tiempo, lugar de búsqueda y caminos por andar, donde el poeta, el ombú, se siente guiado y protegido por los dioses andinos. Adentrarse en El ombú desterrado lleva a percibir el metafórico ciclo y experiencia del destierro, el despertar del sueño –aunque no sea tan placentero—, y vivir los (des)encuentros donde los cantos se hablan. La poética del ombú revive la experiencia humana desde la semilla, desde las tradiciones de su cultura y en su recorrido, la transcribe en el canto del árbol que va creciendo. En el transcurso, el ombú, el hombre-su aminal interior, el poeta, (se) hace preguntas. Ha llegado a un país que lo mira con cautela, que igual lo abraza y lo rechaza. En su recorrido conoce el amor, la amistad, la discordia y, sin embargo, continúa avanzando en su fulgor. A veces se siente abandonado, a veces bendecido por sus andinos dioses. Llega a este país del norte, arriba con su legado: su nativa lengua indígena y su español, sin miedo, a dejar constancia, porque la vida ocurre –el ombú dice— y “en sus visiones / no son nada / los poemas / no son más / sus cantos”.Juan Rojas, poeta.
