Información adicional
| Peso | N/D |
|---|---|
| Dimensiones | N/D |
| Páginas | 288 |
| Formatos | Digital, Papel |
La lengua y la literatura
«Pasada la tormenta romántica, el desordenado, el incontenible aguacero de imágenes, de adjetivos, de antítesis opulentas, de hipérbatons modosos, de sinónimos matizados, todos hemos vuelto a convenir en que la condición por excelencia de un bello estilo debe ser la sobriedad. Entendámoslo bien, la sobriedad; en modo alguno la pobreza. Decir lo que decir hemos sin hojarasca de palabras inútiles; que nuestra frase, mejor que abundante y opima, sea nítida, lisa, bruñida; que exprese lo que se propone sin todos esos empavesados multicolores que fatigan la vista y ultrajan el ideal de elegante simplicidad que todos nos afanamos por alcanzar. La palabra dice y quiere decir. El autor dice con ella esto o aquello, pero no logrará apoderarse del ritmo íntimo de las cosas sino cuando quiere decir esto o aquello, cuando intenta expresar lo que no se expresa de por sí, cogiendo simplemente las palabras necesarias, sino lo que sólo acierta a expresarse después de mirar muchas palabras al trasluz, a fin de ir descubriendo su significación escondida».
Le recomendamos …

La inmortalidad del alma

Cien cubanos célebres que conquistaron el mundo

Breve historia de la literatura coreana

Literatura y filosofía, ¿dos caras de una misma realidad como Jano?

Teatro español entre dos siglos a examen

Del realismo literario a la literatura fantástica en la obra de Jorge Luis Borges

Dicotomías culturales. Literatura y cine

Representaciones culturales. Ensayos sobre el futuro de las humanidades

La poesía de José Kozer

Jesús, el hijo del hombre

Leviatán

Suma y narración de los incas

El principe

Ensayos surgentes e insurgentes

Resistencia en teoría

Cartas desde una soledad

Cómo se filosofa a martillazos

Katherine Mansfield: El posmodernismo incipiente de una modernista renegada

Feng Shui y Bienestar: Guía Definitiva para una Vida Plena

La sublimidad y lo sublime
«Pasada la tormenta romántica, el desordenado, el incontenible aguacero de imágenes, de adjetivos, de antítesis opulentas, de hipérbatons modosos, de sinónimos matizados, todos hemos vuelto a convenir en que la condición por excelencia de un bello estilo debe ser la sobriedad. Entendámoslo bien, la sobriedad; en modo alguno la pobreza. Decir lo que decir hemos sin hojarasca de palabras inútiles; que nuestra frase, mejor que abundante y opima, sea nítida, lisa, bruñida; que exprese lo que se propone sin todos esos empavesados multicolores que fatigan la vista y ultrajan el ideal de elegante simplicidad que todos nos afanamos por alcanzar. La palabra dice y quiere decir. El autor dice con ella esto o aquello, pero no logrará apoderarse del ritmo íntimo de las cosas sino cuando quiere decir esto o aquello, cuando intenta expresar lo que no se expresa de por sí, cogiendo simplemente las palabras necesarias, sino lo que sólo acierta a expresarse después de mirar muchas palabras al trasluz, a fin de ir descubriendo su significación escondida».
La lengua y la literatura
| Peso | N/D |
|---|---|
| Dimensiones | N/D |
| Páginas | 288 |
| Formatos | Digital, Papel |
Le recomendamos …

José Martí, Modernismo(s), Estudios Cubanos. Ensayos en honor de Ivan A. Schulman

Ocho veces Luis Rafael Sánchez

El océano de fronteras invisibles: relecturas históricas sobre (¿el fin? de) la esclavitud en la novela contemporánea

La Revolución traicionada. ¿Qué es y adónde va la URSS?

Muestra de monstruos. César Aira, Alberto Laiseca, Diamela Eltit, Lina Meruane

La obra poética de Félix Grande

Proel (Santander, 1944-1950) revista de poesía, revista de compromiso









