José-Marino Suárez

146 páginas

Sin duda alguna fue mi admirado escritor y poeta Ramón de Campoamor y Camposorio quien dijo que la poesía es la representación rítmica de un pensamiento por medio de una imagen, expresado en un lenguaje que no se puede decir en prosa, ni con más naturalidad ni con menos palabras. Sencillo, preciso y sublime, pues no han sido dos ni tres las ocasiones en que hemos perdido el tiempo o esa sensación hemos tenido después de haber estado oyendo a un personaje que al final no dijo nada. Para que esta opinión, resultado de experiencias vividas, no la tengan los lectores de los poetas, hemos procedido a desafiar al futuro y presentar como principal reto para los nuevos tiempos la defensa y difusión de la poesía y reconocer que fuera de ella existen otras realidades que nos acechan y una serie de reivindicaciones que a los poetas no nos pueden ser ajenas. Me refiero al cambio climático, la crisis ambiental y económica, la migración en todo el orbe, la igualdad real entre los hombres y mujeres de este mundo, una verdadera conservación de la naturaleza o al respeto a la inocencia y candidez de la persona, sobre todo en la juventud y la niñez. Estos y más son los temas tratados en los ciento veinticuatro sonetos clásicos de Belleza y dureza de la vida. A los dioses del Olimpo les preguntaría si la literatura es material clasificado y si para disfrutar con la lectura de un poema al calor de la lumbre de una chimenea cuando ha anochecido y el foco de la lámpara solamente ilumina el blanco hueso de las páginas es necesario tener un máster en International Business Management. Entonces, apaga y vámonos.