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Roberto González Echevarría Roberto González Echevarría, uno de los más autorizados críticos de la literatura latinoamericana, nos ofrece una lectura original y profunda de autores como S. Sarduy, M. Barnet, G. Cabrera Infante, A. Carpentier, J. Cortázar, C. Fuentes, R. Gallegos, F. Ortiz, G. García Márquez, A. Roa Bastos, J. E. Rodó y D. F. Sarmiento. Estos ensayos estudian cómo la autoridad y la retórica son desmantelados en la moderna literatura latinoamericana. -
Marisa Martínez Pérsico 84 páginas “La única puerta era la tuya es un libro en el que la pérdida y la sensualidad construyen un paisaje que descansa entre dos tensiones. De la emotividad al dolor, los recuerdos se convierten en luces que iluminan el presente y guían el futuro. La poesía de Marisa Martínez Pérsico es un intento de regresar al pasado, de viajar por el territorio de la infancia, pero también una revelación del instante que se nutre de la fuerza del amor. Llena de grandes imágenes y de un ritmo versátil, alcanza la profundidad de la palabra sin renunciar a la limpieza del estilo y de la música”. Fernando Valverde “Poemas de alto voltaje lírico, con una dicción propia que se aleja de lo manido y resobado, libérrimos en cuanto a la forma pero sin olvidar el fondo clásico. (…) Poesía que tirita o se amortigua, pero a la vez acribilla y empuja al desacomodo, porque no necesita ser condescendiente ni consigo misma”. Alfredo Pérez Alencart -
Duanel Díaz Infante 276 páginasEste libro aborda la tensa relación entre la política y la estética en la Cuba posterior a 1959. Estudia un conjunto de materiales diversos –la doctrina guevarista sobre la guerra de guerrillas y el hombre nuevo; ensayos y crónicas de intelectuales extranjeros que visitaron la isla en los años sesenta; la “novela policial revolucionaria”, principal contribución cubana al realismo socialista, y finalmente la ruina habanera, motivo central de la narrativa y la fotografía del “período especial”– como manifestaciones de lo que Alain Badiou ha llamado “pasión de lo real”, esa paradoja definitoria del novecientos en que la voluntad de trascender la representación termina produciendo nuevos simulacros.
En todos los períodos de la larga era revolucionaria –los utópicos sesenta, los soviéticos setenta y ochenta, y finalmente el momento post-comunista que dura ya más de dos décadas– el autor rastrea cómo esta pasión por lo real desemboca fatalmente en espectáculo revolucionario. Esta paradoja subyace a las “dialécticas de la revolución”, en tanto se pasa del pueblo como sujeto de la política al pueblo como objeto de la política, del instantáneo evento revolucionario al interminable régimen revolucionario, de la politización del arte a la estetización de la política. Situar la Revolución cubana en el gran contexto histórico al que pertenece –ese siglo marcado por el deseo radical de superar la separación del arte y la política propia de la sociedad burguesa– permite echar luz no sólo sobre el arte revolucionario en Cuba socialista, sino también sobre la revolución misma como obra de arte. Ella, que pretendía superar, junto con el mercado, el tipo de alienación que la tradición marxista ha llamado reificación o espectáculo, se convierte en mercancía y puesta en escena, especie de artefacto producido y consumido en un círculo vicioso.
Por esta cooptación de la fuerza de las masas en dictadura revolucionaria, la revolución cubana resulta, como la francesa y la rusa, una revolución congelada. Pero también lo es en un segundo sentido, el que comportan sus paradójicos efectos conservadores, particularmente manifiestos tras la caída del muro de Berlín. Allí donde, forzando el libreto pautado por la propia Unión Soviética, una vez se pretendió construir simultáneamente el socialismo y el comunismo, viejos edificios y carros americanos nos devuelven a los años anteriores al parteaguas de 1959. Es justo la pasión de lo real, ese radicalismo que en los sesenta se manifestó en la voluntad de abolir por igual el mercado capitalista y la autonomía burguesa del arte, lo que desemboca en la profunda melancolía de unas ruinas “artizadas”, auráticas, tan fotogénicas como las propias multitudes enardecidas de 1959 y 1960. La ruina habanera no tipifica, entonces, el momento posterior a la revolución, sino que viene a ser, en otra peripecia dialéctica, la revolución misma. Revolución no traicionada, sino más bien congelada, que aún no termina.
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Luis Martínez de Mingo Novela policiaca sobre un tapiz con todo el rigor histórico, esta obra pretende condensar el siglo XIX español. Aunque el título se refiere a la reina Isabel II, la de los tristes destinos, su reinado está vinculado a los generales: Espartero, Serrano, Narváez. Entre ellos el “General del pueblo” fue figura clave. Don Baldomero fue amante hasta de la futura mujer de Bolívar, pero cuando se enamoró de Jacinta Martínez de Sicilia y Santa Cruz, “mi querida Chiquita”, no hubo ya ninguna otra mujer en su vida. La novela, contada en flash-back, empieza el 8 de enero de 1879, cuando muere el general en su palacio de la plaza de San Agustín de Logroño, que es la casa familiar y a donde él le envía a Jacinta una larguísima correspondencia llena de ternura y por la que es posible seguir todo el desarrollo de la I Guerra Carlista. Algunas de esas cartas se incluyen en la novela. El lugarteniente de Espartero, que cuenta la novela, hace también de detective porque, a lo largo de ese caótico siglo, se van sucediendo una serie de misteriosos asesinatos. No faltan, por supuesto, ni sor Patrocinio, la Monja de las llagas, ni los duelos, los masones, o las ejecuciones, como corresponde a tamaño desmadre de centuria. "Una deliciosa novela en la que, además de aprender a través de las tres tramas, histórica, policiaca y amorosa, se disfruta porque está magníficamente escrita. Un goce de principio a fin." Luis Alerto de Cuenca, Premio Nacional de Poesía 2015 -
Antonio Pérez Genicio 228 páginas Los años 50 siguen siendo duros en España en la época de la postguerra, momento en el que transcurre esta novela, en una de las comarcas más deprimidas de Zamora (Aliste), en plena frontera con Portugal —”cuatro rastrojos entre peñascos, robles, jaras y carrascos”—. Los excesos de los vencedores dejaban cadáveres en las cunetas durante las madrugadas que olían a muerto en las aldeas y a quemado en los rastrojos, trigales y graneros. Rogativas en desbandada con el cura desaparecido. La gente malvivía de cuatro patatas y garbanzos de secano y muchos plantaban cara a la miseria con el contrabando, sobre todo de café, lienzo, bacalao… Si resultaban detenidos, perdían todo, hasta lo que no tenían. Con el cambio en la jefatura del cuartel de la guardia civil se modifican las formas de vigilancia en la comarca, y se busca ahora también a grupos de anarquistas y a reductos de maquis españoles que se recluyen en aquellos parajes. La vida del contrabandista se endurece y se convierte en algo más peligroso. El gobernador nombra un nuevo alcalde, Darío, un hombre inteligente y honesto que trata de ayudar y hasta excarclear a vecinos detenidos por contrabando. Pero un grave problema sanitario, como pájaro de alas inmensas, llena con sombras muy negras aquellos páramos; entonces, el médico del pueblo informa a Darío de la gravedad del asunto, quien contacta con antiguos contrabandistas para traer las medicinas al pueblo. Dice el autor: “la mayoría de los hechos que se relatan, sucedieron. He procurado crear un relato intimista, tratando de llegar a más personas, porque los hechos son sencillos y no hay quien los cambie”. -
Alonso de Castillo Solórzano 262 páginas La quinta de Laura es una colección póstuma de novelas cortas de Alonso de Castillo Solórzano, el autor de relatos breves más prolífico del siglo XVII. Compuso cincuenta y seis novelas cortas que se publicaron, de forma casi ininterrumpida, entre 1625 y 1649. Su abundante producción le convierte en uno de los representantes más significativos del género en España. Siguiendo el modelo del Decamerón de Boccaccio, La quinta de Laura reúne a la hija del conde Anselmo y a sus damas de compañía que la entretienen narrando por turno una historia. Sus relatos, tan amenos como diversos, ofrecen una imagen variada de la feminidad, alternando las representaciones estereotipadas y convencionales con otras que se alejan del modelo vigente en la sociedad española del Siglo de Oro. La primera edición moderna de La quinta de Laura que aquí presentamos se basa en la princeps de 1649. -
Óscar Abenójar, Ouahiba Immoune, Fátima-Zohra Menas 224 páginas La princesa cautiva y el pájaro del viento contiene cuarenta y ocho relatos tradicionales del norte de Argelia que han sido registrados directamente de las voces de sus narradores y posteriormente traducidos al español, por vez primera, para el gran público hispanohablante. Las narraciones fueron seleccionadas –ya fuera por su elevado interés etnográfico, por su singularidad, o simplemente por su belleza– entre un inmenso repertorio de mitos y cuentos del que los autores han ido haciendo acopio, durante casi seis años de intenso trabajo de campo, en el solar argelino. Tal es el encanto y el valor literario de estos relatos que podemos garantizar, ya de antemano, que el lector se quedará prendado del fascinante imaginario de los pueblos de las montañas, del altiplano, de los páramos y los desiertos del norte de Argelia. -
Aida L. Heredia La autora ensaya una interpretación de la poética del cubano José Kozer, mediante el análisis de los temas vitales de su obra (el amor, la muerte, la unidad múltiple de las cosas, la poesía como fuerza desterritorializadora, el exilio). -
Rut Amarilis Cottó 228La mujer puertorriqueña en su contexto literario y social, un volumen colectivo coordinado por la profesora Ruth Amarilis Cottó, es una mirada desde dentro y desde fuera sobre aspectos fundamentales de la cultura y la sociedad puertorriqueñas. Una de las últimas colonias españolas, Puerto Rico pasó a ser una de las primeras colonias norteamericanas. Aceptado por unos, rechazado por otros, el status actual de Puerto Rico genera una serie de conflictos como la migración, la convivencia de etnias, la ambivalencia lingüística y cultural, la dependencia económica, su ingravidez política, etc., entre los cuales el papel de la mujer, doblemente preterida, se acrecienta en su carácter reivindicativo.
Puertorriqueños, americanos y españoles unen en este volumen reflexiones pertinentes sobre la presencia de la mujer puertorriqueña en los más diversos planos: literario, social, político, musical, deportivo. Un extenso y documentado prólogo de Carmen Dolores Hernández, de la Academia Puertorriqueña de la Lengua, expone, con precisión y objetividad, el marco histórico y cultural de la realidad puertorriqueña.
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Iraida Iturralde Es éste, sin duda, un libro decisivo en la trayectoria poética de Iraida Iturralde. Una escritura radical, iluminada, cuya modulación sugiere un oratorio, monódico e implacable, pero que a la vez mantiene los registros sonoros y los ardides plásticos habituales de la poeta. En estas páginas Iraida Iturralde formula una abrumadora crónica de la realidad cubana actual, sin concesiones a la gastada retórica de las ideologías. La autora plasma esta realidad dentro del lirismo sereno y arquetípico de esa Cuba secreta e intemporal del poema que da título al libro y que culmina, sin perderse la diafanidad del lenguaje, en la tropológica vehemencia de su último poema. Los textos recogen las imágenes del país transformado al que la poeta regresa brevemente. En la ascención de lo anecdótico y lo descriptivo, la palabra poética de Iraida Iturralde –en estampas estremecidas y descarnadas– concierta un compromiso humano fundamental entre el lector y el dolorido sentir que nos habla desde estos versos.José Olivio Jiménez
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Francisco MoránLa Habana Elegante fue una de las revistas de arte y literatura más importantes de finales del siglo XIX en Cuba. La Segunda Época de la revista, ahora en versión electrónica, dirigida por Francisco Morán, ha querido celebrar su V Aniversario con la publicación en papel de una selección de sus mejores col aboraciones.
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Antonio LastraLa esencia de la imagen, escribió Heidegger, consiste en dejarnos ver algo. Algo, no todo, de cuanto las imágenes cinematográficas nos han dejado ver a lo largo de su historia es lo que este libro querría transmitir a sus lectores. Sin ser un libro de filosfíaen un sentido estricto es, no obstante, un libro de ideas, y las ideas, como las imágenes, se ven. Las transformaciones de la caverna platónica que tienen lugar cotidianamente en las salas de proyección podrían hacernos pensar, entonces, en las cualidades comunes del cine y de la teoría, aunque no sepamos si las imágenes cinematográficas reflejan la verdad o una ilusión, si el cine es un arte o un documento histórico, ni siquiera si estas son las incertidumbres más apremiantes cuando pensamos lo difícil que sería pensar -sea lo que sea que signifique pensar- sin tener en cuenta algunas películas o las posibilidades de la imaginación y las experiencias cinematográficas.
