Connie no dijo adiós

La crítica, narradora y teatróloga cubana Rosa Ileana Boudet reseña «Adiós mi Habana», de Anna Veltfort, para la revista Conexos.

 

Efectivamente es un comic tragicómico, sin burbujas con cáspita ni recórcholis, la experiencia de una alemana-norteamericana de nombre Cornelia, también llamada Anna Veltfort y más conocida como Connie entre sus compañeros de la Universidad. Autora de la espléndida iniciativa de crear en la internet el Archivo de Connie para rescatar documentos, revistas, discos y ephemera de su vida cubana, un antecedente de Adiós mi Habana, en el que la petit histoire se funde con la biografía del país y de la época. No creo necesario, como ya han hecho otros, contar el libro, porque a toda reseña le falta su complemento. Veltfort escribe también con las imágenes. Y textos y dibujitos crean su entrañable y a ratos esquemático recuento. Traída por sus padres, Lenore y Ted Veltfort a Cuba en 1962, a bordo del barco mercante Fundador, rotas las relaciones diplomáticas entre Cuba y los Estados Unidos, de la primera hay atisbos pero nunca un retrato, mientras que de Ted, su padre adoptivo, una ríspida caracterización que sin embargo tiene que ser muy importante en la vida de Connie, a pesar del rechazo al nuevo novio de su madre, porque sin dudas, es el personaje más desarrollado y rico, que llena completamente el capítulo primero y como se diría en el teatro, mueve la acción. ¿Qué hay de extraño que un comunista, veterano de la brigada Abraham Lincoln, físico de formación, quisiese contribuir al desarrollo de esa isla de libertad, la de huracán sobre el azúcar? ¿O es que en el 62 no había pasado por allí desde Gerard Phillipe, Yuri Gagarin, Jean Paul Sartre y Leonard Cohen entre tantos otros?
Lo extraño son las circunstancias. Apenas instalados en Norteamérica con cuatro hijos, la autora hace su durísimo juicio de su familia, donde hay “bastante tensión generada por el alcohol de Ted, el dinero, la política y por mí”, una familia singular, bohemia, disfuncional, aventurera, en la que Connie asume funciones de madre de Nikki, la menor, mientras la pareja está ocupada en la política.
Connie tiene dieciséis años y es alemana y norteamericana y en Cuba, “gringa” como le decían de cariño en la Universidad. Para mí una extrañeza. Jamás oí decir así a los norteamericanos que conocí, pero como es un muñequito, las transiciones son más pronunciadas, no hay posibilidad de la profundidad de otros géneros, de ahí que Veltfort recorra cruciales momentos de su historia con un bisturí afilado para explicarse y explicarnos la mezcla de vivencias únicas, experiencias de convivencia social y cultural de los años sesenta y al mismo tiempo, sin pausa, en el mismo relato, su conciencia de vivir con privilegios como extranjera, de los favoritismos y extremismos de Ted, mientras en la Universidad es como los demás, sufre de cerca o de lejos las depuraciones, la creciente politización y por último, el incidente en el Malecón que la separa de Martugenia, su segundo y definitivo amor habanero ya que Maritza es su iniciación y su descubrimiento como lesbiana.
Martugenia (Marta Eugenia Rodríguez) es con Ted el gran personaje de este libro porque al revés que Connie, crítica con sus padres, su formación familiar y con ella misma, Marta nunca se pronuncia y después de una boda de mentira, sigue sola su camino. Y si Anna Veltfort vive una misteriosa inestabilidad con su nombre –a propósito de la dedicatoria del poema de Lourdes Casal– (que escribe Veldford) pero ya en ciertos círculos es una “leyenda lésbica”,2 Marta continuó su vida académica y personal pero ni siquiera cuando escribe Cuba, no hay tal lugar (2007) viñetas lindísimas sobre la vida cubana, asume su identidad, bajo el seudónimo de Mariana Lendoiro3. Son decisiones personales y no hay nadie a quien juzgar.
El libro tiene para todos, incluso para lectoras como yo a quien resulta difícil creer que una empecinada cederista tuviese influencia para hacer lo que Romelia para “salvar a su hija” de lo que, en el momento junto a hippies, desviados y enfermitos, eran lacras sociales. Un Alma Mater de mi época dio la bienvenida al cierre de los cabaretuchos cuando la Ofensiva Revolucionaria. Hay interesados por la lectura sesgada y comparan el libro con La vida de los otros, pero la autora es la primera en colocarse en la mirilla cuando defiende en los setenta una tesis sobre el montaje en Eisenstein como “forma sofisticada del realismo socialista”, rodeada de reconocidos intelectuales e históricos comunistas. Antes la hemos visto dialogar con su profesora Mirta Aguirre sobre el futuro del socialismo, pero no hacen falta las palabras, la ironía es el dibujo, la vetusta profesora (como oímos decir a Juana Bacallao) está armada de una guataca para construir una letrina en un campamento de trabajo. Alcancé a asistir con la Dra. Aguirre a alguno de esos trabajos sociales en mi etapa universitaria. La ternura para relatar acontecimientos demoledores y la compasión hacia los otros no empaña la visión descarnada, que es lo que invita a muchos a leer a Connie, la gringa que guardó lo que muchos de nosotros abandonamos en el camino.

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1 Adiós mi Habana. Las memorias de una gringa y su tiempo en los años revolucionarios de la década de los 60. Madrid: Editorial Verbum, 2017.
2 Martínez -San Miguel, Yolanda y Negrón Muntaner, Frances. “En busca de la “Ana Veldford” de Lourdes Casal: exilio, sexualidad y cubanía”.
3 Una breve reseña del libro en mi blog Lanzar la flecha II, publicado el 29 de julio de 2007, actualmente en revisión.

Adiós mi Habana. Las memorias de una gringa y su tiempo en los años revolucionarios de la década de los 60 (Editorial Verbum, 2017), de Anna Veltfort, será presentado el viernes, 27 de octubre de 2017 en Altamira Libros, 219 Miracle Mile, Coral Gables, FL 33134. Entrada gratis.

Anna Veltfort
(Foto: Editorial Verbum)

Anna Veltfort nació en 1945 en Alemania. En 1952 emigró con su madre a los EE. UU., donde su madre se casó con un americano, un comunista y veterano de la Brigada Internacional Abraham Lincoln en la Guerra Civil Española. Al triunfar la Revolución Cubana en 1959, su padrastro ofreció sus servicios como ingeniero electrónico al estado cubano y a principios de 1962 mudó su familia a Cuba. Aquí Anna hizo sus estudios de preuniversitario y luego asistió a la Escuela de Letras y Arte en la Universidad de La Habana, donde se graduó con una licenciatura en historia del arte.
A finales de 1972, Anna regresó a los EE. UU. y se asentó en Nueva York. Desde 2007 Anna mantiene un archivo de artefactos históricos cubanos (documentos, publicaciones, arte gráfico, y música) y que ha atraído un amplio público entre cubanos y académicos interesados en la Revolución Cubana:
www.annaillustration.com/archivodeconnie/

Rosa Ileana Boudet
(Foto: Tomada de Facebook)

 

Rosa Ileana Boudet (La Habana, 1949) es una crítica, narradora y teatróloga cubana. En sus primeros relatos resalta el carácter autobiográfico, tal es el caso de la noveleta Alánino, Alánimo sobre la Campaña de Alfabetización. Con posterioridad, ese tono autobiográfico ha devenido confesional e intimista (Potosí 11 dirección equivocada1​). También ha incursionado en el testimonio y realizado interesantes estudios sobre el teatro cubano. Sus relatos han sido publicados en diversas antologías como: Estatuas de sal o Cuentistas cubanas contemporáneas (Editorial Biblioteca de Textos Universitarios. Salta. Argentina. 2000). Ella misma ha considerado sus textos narrativos como díficiles de clasificar, y en muchos casos resultan autoreferenciales.

 

 

 

 

La reseña original:

Connie no dijo adiós

El libro:

Adiós mi Habana

 

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