Eros y Thanatos es un libro pleno de emoción de lectura y revisión cuidadosa de la obra de Justo Jorge Padrón, uno de los más importantes poetas españoles contemporáneos. El autor ofrece un ensayo introductorio de cariz teórico sobre la poesía en sentido general y revisa los contextos de las líricas.
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Félix JiménezHabría que arrancar la máscara a la rutina diaria para ver la realidad que siempre se esconde. Quienes viven en el gris no desean retirar esa careta para no contemplar el desgarro de pieles arrancadas, músculos y sangre en monstruoso revoltijo. Otros desean ventilar la piel y, por eso, soplan las nubes que ocultans siempre la luz. Las nubes y la máscara también son reales, como lo es el vaho que entristece el espejo. El sentido de estos poemas es buscar agua bajo la tierra y el centro de la niebla.
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VV.AA.La mercantilización de la cultura ha convertido también la literatura -independientemente de su valor estético- en un producto destinado al mercado, por lo que se puede afirmar que prima en buena medida su valor de cambio, en sintonía con el fenómeno de la progresiva comercializazción de toda actividad humana. ¿En qué medida el mundo editorial se ha convertido en las últimas décadas en una sofisticada cadena de impulsos creativos, de intereses de alcance y características industriales y de meciación complejas?
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Ramiro Lagos 245 páginas"La presente obra, fruto de largos años de docencia universitaria y del cultivo permante de la investigación, recoge piezas diversas en el tiempo. En estas páginas se cumple el entendimiento que del ensayo tiene el autor como crítico y teórico de la literatura: ser "como surtidor de ideas fúlgidas", como "síntesis o alquimia cultural del buen prosista". Así, sobre las culturas indígenas (la imagen indígena en la cultura colombiana), sobre la hispanidad (sobre Lope, Francisco Ruiz de León, Félix Grande), sobre temas americanos y de las literaturas hispanoamericanas (Chile, México, Centroamérica, Rubén Daríao, Gabriela, Mistral...).
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James J. Pancrazio 174 páginas En una época en que la mujer se destinaba al convento o al hogar, invariablemente sujeta a la voluntad del padre, marido o hermano, la vida de Enriqueta Faber (¿1791-1827?), la famosa travesti médico-mujer, fue extraordinaria. Nacida en Suiza, viuda a los 18 años, asume la identidad de hombre para estudiar cirugía en París, ingresa en el ejército napoleónico como médico-cirujano, participa en la invasión de Rusia, es hecha prisionera en la guerra de España, regresa a París, viaja a Guadalupe y salta a Cuba. Aunque sólo pasa cinco años en Cuba, Enriqueta Faber deja un enorme rastro en la literatura de la isla, el último, la novela Mujer en traje de batalla (2001) de Antonio Benítez Rojo. En Cuba la médico-cirujano contrae matrimonio con una dama cubana. Un matrimonio que se prolongaría durante cuatro años, hasta que la esposa denuncia la impostura de su consorte. -
Sin stock
Ramón Tamames 912 páginas Ofrecemos al lector una obra especialmente concebida para que le resulte de máxima utilidad. Esta no es una obra ornamental. Su concepción y realización han sido largamente meditadas por un equipo de experimentados profesionales de la educación, para poner a su disposición en dos volúmenes independientes- uno de Humanidades y otro de Ciencias-, un importante y único instrumento cultural. -
Edición de Abdoul H. Sadoun 58 páginasAlí Babá y los cuarenta ladrones pertenece a Las mil y una noches en algunas versiones, ya que varios críticos creen que fue añadido al libro por uno de sus transcriptores europeos, Antoine Galland, un orientalista francés del siglo XVIII.
La historia tiene sus raíces en una saga sudanesa del rey Alí Babá de la tribu Bija. El rey rehusaba pagar impuestos a Al-Mutawakkil, el décimo califa abbasí de Bagdad. El rey rebelde selló todas las minas de oro de las montañas y detenía a los funcionarios que iban a la zona del mar Rojo. Bagdad envió su ejército para mantener el poder sobre el vital mercado del oro del mundo islámico (se creía que Sudán proveía gran parte del oro abbasí en la época previa a las Cruzadas) y en cinco años logró aplastar la rebelión. Alí Babá, llevado a Bagdad, entregó todo el oro escondido por sus hombres al califa. Una exhibición pública del enorme tesoro y del derrotado rey se llevó a cabo en las ciudades importantes en el camino a la capital Samarra, creando la leyenda de las cuevas y los ladrones.
Al final, a Alí Babá le fue concedida la amnistía y a su regreso dio oro a todos los necesitados de las principales ciudades de su camino como gesto de buena voluntad. En esta historia llena de ingenio y magia, puede notarse muy claramente la lucha entre el bien y el mal. Desde el orgullo y la vanidad de Beni Casim a la humildad de Alí Babá; desde el delito de robar hasta el gesto noble de compartir; desde la avaricia hasta el amor desinteresado; desde la mentira y la maldad hasta la justicia plena. Todo gira en torno a que las acciones, sean malas o buenas, siempre tienen un retorno.
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Enrique Pérez-CisnerosPara conmemorar la significativa efeméride (1898) Enrique Pérez-Cisneros enfoca su atención en diez personajes e incidentes relacionados con el conflicto finisecular entre los Estados Unidos y España. Por estas páginas desfilan, por ejemplo, Evangelina Cisneros y Clara Barton. Y pasan también el general cubano Calixto García, alzando su voz de protesta cuando el ejército de los EEUU le impide entrar con sus victoriosas tropas manbisas en Santiago de Cuba, así como el muy digno almirante español Pascual Cervera, obligado a conducir una batalla que de antemano sabía perdida, en las aguas cercanas a esa misma ciudad.
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León Febres-CorderoLa palabra, fuente inmemorial de locura, lucha porque no se apague su primer crepitar en estos textos, buscando consumir la letra que la maniata para reducirla a cenizas de lo dicho. Es así cada vez que intentamos poner lo que decimos por escrito, cuando eso que decimos remueve el malestar acumulado de los siglos, los milenios, como ocurre en las disímiles piezas que el lector tiene entre sus manos. Rotas las barreras temporales que las mantenían confinadas al momento en que vinieron a la luz, han adquirido un cuerpo nuevo que las sujeta para mostrarlas al ojo que ahora las interroga en la intimidad. Ellas también nos ven mientras las recorremos, haciéndonos partícipes de su deliberada intencionalidad. Quieren que vivamos lo que leemos como quien despierta en medio de una larga noche demorada entre inquietantes auroras. Cada despertar nos ofrece una mañana que ya es otra, como es otro el que despierta y no hay manera de volver a ser el que se era. Las facciones de un mismo rostro se van borrando y al acabar la página se reconocen acaso porque ya nos son extrañas. De allí que antes de reunirlas en este volumen haya meditado suprimirlas. Son dispares, cojean, vuelven sobre lo mismo repitiendo un fragmentado canto antiguo que me ha alcanzado. Ahora veo que son así, como soy yo el que acordó su devenir en la secuencia que ya tienen. Ambos seguiremos cautivos de una simultánea sensación, la de haber sido y ser.
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Lilliam Moro 160 páginasEl Jurado que premió esta novela consideró la excelencia de su escritura, donde se articula eficazmente el empleo de las diferentes voces narrativas en un conjunto coral. Mediante el uso del flash back, la novela relata la trágica experiencia de un grupo de balseros cubanos al tiempo que recupera los acontecimientos más significativos del periodo revolucionario cubano. Premio de Novela Corta “Villanueva del Pardillo” 2004
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E.E. Cummings 124 páginas Edward Estlin Cummings nació en Cambridge, Massachusetts, el 14 de octubre de 1894 y murió en Madison, New Hampshire, el 3 de septiembre de 1962. Su padre, Edward Cummings, fue profesor de Harvard, universidad en la que estudió el poeta y en cuyas revistas literarias publicó sus primeros versos. La obra de Cummings, quien se distinguió también como pintor, es vastísima: más de una decena de poemarios, cuatro obras de teatro y varias de narrativa entre las que destaca su novela The Enormous Room, inspirada en sus vivencias europeas durante la Primera Guerra Mundial. La poesía de e.e. cummings ha ido ganando adeptos con el paso de los años, a pesar de que se le ha acusado de intraducible y caprichoso, por su manía de violentar los convencionalismos idiomáticos. Cummings solía alterar el tradicional orden de la oración y la morfología y el significado de las palabras, desvirtuaba la función de los signos ortográficos y, además, era inconsistente en sus propias mañas y grafías. Por ejemplo, usaba de manera muy arbitraria la mayúscula y la minúscula al comienzo de las frases y en la escritura de algunos vocablos, como «primavera», «abril» y los pronombres personales. Y eso es lo que nota (y aborrece) el que se acerca por primera vez a su poesía. Pero quien persevere en su lectura decubrirá que esas extravagancias son sólo travesuras de un creador genial, difícil de ubicar en una específica escuela o clasificación: un gran artista que expresa con lirismo y sensualidad su fascinante caudal poético, sin afiliarse a ninguno de los «ismos» de su época. Cummings marcó un hito en la literatura norteamericana y hoy se le considera uno de los más importantes poetas del siglo XX.JUAN CUETO-ROIG
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Antonio Lastra 242 páginas El título de este libro es una versión del título de otro libro, Schopenhauer como educador, de Friedrich Nietzsche. Aunque para entender a Nietzsche habría que admitir sin reservas la influencia de Emerson, contribuir a esa interpretación no es el motivo que ha animado las páginas que siguen. La influencia de Emerson en general –a pesar de los grandes ejemplos de Thoreau, del propio Nietzsche, de Harold Bloom o de Stanley Cavell– sigue siendo un misterio. Cada uno de los ensayos de este libro ofrece un aspecto de ese misterio, no la clave. El misterio o la dificultad en cuestión tal vez residan en lo que Emerson llamó las “enseñanzas tardías”. Una lectura comparada de algunos autores más o menos excéntricos podría mejorar nuestra educación convencional. El carácter que le demos a la convencionalidad de nuestras instituciones educativas es menos importante que el hecho de que tienden casi fatalmente a la conformidad. La confianza en sí mismo que Emerson adoptó como aversión a esa conformidad era, sin embargo, una exigencia de la comunidad: de lo que la comunidad exige a cada uno de sus miembros y de lo que cada uno de sus miembros exige a la comunidad. -
José Abreu Felippe 220 páginas Premio de Poesía Gastón Baquero 2000 LAS PALABRAS EN EL BORDE DEL TIEMPO Por Reinaldo García RamosSegún todo parece indicar, hay dos maneras básicas de ubicar un poema en relación con el momento de su composición: tratar de circunscribirlo a su hora, a su momento exacto, con lo cual el decursar de las imágenes adquiere una vinculación necesaria con lo que el autor padecía o disfrutaba en el instante de la escritura; y, en el otro extremo, opacar o desatender esa vinculación, o disfrazarla, considerando el texto una entidad atemporal, de valor absoluto, desligada del aquí y del ahora, y tal vez más cercana a lo eterno.
En la primera opción entrarían los autores que se sienten más ligados a su panorama tangible, más inmersos en el azar de los desastres y alegrías que han afectado directamente al individuo que escribe; en la segunda, los autores que buscan resguardarse en valores más abstractos y no quieren referirse explícitamente a sus vivencias inmediatas, sino extraer de ellas versos menos circunstanciales. Desde luego, hay formas híbridas que buscan ubicarse en puntos intermedios, pero que casi siempre terminan revelando su inclinación más o menos pronunciada hacia una de esas opciones.
En lo que respecta a esas dos posibilidades, el poeta José Abreu Felippe, nacido en La Habana en 1947, ha adoptado una actitud particular para entregarnos su más reciente libro, con el cual obtuvo el Premio de Poesía Gastón Baquero del año 2000. El nuevo poemario, El tiempo afuera [1], contiene textos que están rigurosamente fechados y que fueron escritos a lo largo de 23 años (entre 1976 y 1999), pero que no aparecen en su orden cronológico, sino que saltan en el tiempo, como las notas de una polifonía más agresiva. De hecho, tres poemas, dos escritos en 1977 y uno en 1976, los más antiguos, son los últimos del libro, como para subrayar una inversión del orden cronológico usual.
Y si bien el poeta eligió ciertos temas que se refieren a determinados hechos de su vida inmediata, éstos no imponen un carácter factual y llano a los poemas, sino que los proyectan en un sistema de reflexiones y conclusiones en que esos hechos buscan sumarse a un discurso más trascendental. Como si el autor creyera en su propia forma de atemporalidad, en la que estén presentes determinadas acciones que han moldeado su vida, pero sólo para tratar enseguida de captar la resonancia de esas acciones en un sistema de apreciaciones generales.
Esa especie de dispersión cronológica también ha estado presente en la forma en que este autor ha presentado hasta ahora el resto de su obra poética [2]. Comenzó a publicar esa obra, desde luego, después de su salida de Cuba en 1983, pero su primer poemario publicado en el exilio fue Orestes de noche[3], que en realidad era el segundo libro de poemas que había escrito (aparece fechado en 1978). Siete años después, sale a la luz Cantos y elegías[4], escrito dos años antes de Orestes de noche. Aunque esto pudo haber sido simplemente el resultado de las dificultades habituales con que tropiezan los poetas cubanos exiliados para publicar sus obras, es posible que el autor haya captado de antemano las preguntas que los lectores y los críticos podrían hacerse al respecto. Para ese aparente desasosiego, el nuevo poemario propone una solución casi lúdica: recoge textos que fueron escritos durante todo ese largo lapso de 23 años, y los presenta en un particular desorden, como para anular la trascendencia de las fechas en lo que respecta a la continuidad de la labor poética. Si eso fuera así, la revelación de las fechas de composición de cada poema al final del texto respectivo supondría cierta actitud irónica, o un modo ambiguo de subrayar la relatividad de esas mismas fechas.
Pues lo fundamental, y no está de más subrayarlo ahora, se revela en los poemas mismos, no en los ordenamientos que haya querido darles su autor. Por eso, habría que destacar que, sea cual sea el orden o la fecha de cada texto, es indudable que Abreu Felippe decidió poner en este último libro los poemas que él consideró más sólidos (31 en total) de los que escribió y guardó, inéditos, durante esos 23 años. Sobre esa base, es fácil apreciar que en este volumen el autor define en términos más exactos sus intereses temáticos y agudiza con acierto sus recursos expresivos. El nuevo libro tiene una sostenida nitidez estilística.
Muchos de esos intereses temáticos se anunciaban ya en sus libros anteriores (la nostalgia de una juventud sensual en su país natal, el amor, incluido el amor filial, la caducidad de ciertas posesiones), pero adquieren en este volumen contornos más inequívocos y dramáticos. En muchos casos, esos temas reaparecen redefinidos por determinados hechos más recientes. Entre esos hechos, mencionemos la llegada del poeta a Estados Unidos desde España en 1987 y el enfrentamiento con las manías de consumo norteamericanas y con la vacuidad de ciertos modos de vida urbana derivados de esas manías, y sobre todo, la pérdida en condiciones trágicas de su madre, la desaparición del padre, la crisis de los balseros cubanos en 1994, el pavor ante la vejez, etc.
A modo de ejemplo, sigámosle la pista a uno de esos temas, y tratemos así de ver si esta obra poética ha cobrado esplendor y continuidad a lo largo de estos años, o ha alterado sus rumbos, aspectos y dimensiones. Elijo tal vez el tema más ferviente y doloroso del libro: la orfandad, la percepción luctuosa de la existencia tras la pérdida de la madre en condiciones trágicas, y la presencia que ese hecho cobra entre los aspectos restantes de la vida y entre las imágenes del discurso personal del autor.
Es curioso que en Cantos y elegías, libro que el autor había escrito en Cuba a los 29 años, hay un hermoso poema en que éste presiente la pérdida de su madre, pero pide que ese hecho se manifieste dulcemente, "así como tan tierno su pelo / bajo mi mano cede". Pero en medio de esa dulzura, un corrientazo nos alerta súbitamente sobre el "desconcierto que ya nos acompaña", pues el poeta sospecha también que la muerte de su madre ocurriría "inesperadamente, y se caiga como suelen los árboles".
Más adelante, en su segundo libro (Orestes de noche), el poeta parece reiterar esa comprensión magnánima de la caducidad ("sólo la pérdida es eterna"), pero esta vez vislumbra el aspecto regenerador de esa condición, que se revela en una continuidad menos anecdótica. En uno de los poemas memorables de ese volumen (Museo Nacional), el autor recorre los fríos pasillos atiborrados de obras de arte, descubre súbitamente la presencia de una forma desconocida de muerte en esas "cosas", objetos presuntamente inmortalizados por la voluntad artística, y siente la nostalgia de la vida real, que ha quedado afuera, cuando nos dice:
Y pienso que la muerte que hay en la vida sobrevive a la vida, que las cosas que creemos salvar no son más que muerte, mínimas muertesEsa especie de sensación rimbaudiana de verdadera vida afuera, en otra parte, cobra en el nuevo poemario dimensiones mucho más delineadas, pues la pérdida de la madre sale del marco especulativo-filosófico y entra de lleno en el reducto estridente y sangriento de los accidentes cotidianos:
Ella acerca su cara y me da un beso, dice cuídate. Luego sale a la calle y la aplasta un carro.En su permanencia luctuosa en el mundo, el poeta siente que la verdadera existencia (la compañía de su madre o, en otro campo temático vinculado a éste, la compañía de su padre) está afuera, y que el cuerpo palpable del poeta y sus emociones han quedado encerrados, ateridos asfixiantemente en el tiempo de adentro, el tiempo de la pérdida y la abulia y la alienación, no el tiempo en que ocurre con indiferencia la vida de los demás:
La noche no era como la muerte de su madre rota contra el asfalto. La noche estaba más allá de él, fuera de él, y tenía la música.Esta asimilación de hechos trágicos en términos poéticos y este acercamiento directo a la rudimentaria realidad circundante, en la que los objetos y los seres humanos parecen subrayar su ajenidad y desconocer el dolor del poeta (pues tienen "la música"), se observa también, como es de esperar, en relación con otros temas (por ejemplo, la desaparición del padre, o la familia reunida ante la avalancha de objetos impersonales durante las Navidades fuera de Cuba), pero se agudiza sobre todo en los poemas escritos en los años 90. Esos poemas constituyen la mayor parte del libro (hay sólo cinco escritos en los años 80 y tres sonetos compuestos en 1976 y 1977) y son los que revelan, a mi modo de ver, el carácter singular de este libro con respecto al resto de la obra del autor.
En estos textos, el poeta ha abandonado ya definitivamente las declaraciones filosóficas generales que daban el tono más armónico y constante a las páginas de Orestes de noche (en las que el discurso estaba casi totalmente al servicio de una reflexión trascendente enmarcada entre imágenes de escueto lirismo, al estilo de Rilke[5]) y que también estaban presentes, aunque de manera más despojada y suave, en los Cantos y elegías. Ahora, el poeta quiere hablarnos en términos mucho más directos y meterse en la realidad fragmentada de su exilio sin abandonar su perplejidad ni su nostalgia; busca reflejar en sus versos una crueldad concreta y visible, y elaborar una especie de crónica ferviente de la inmediatez. De ahí que su expresión cobre, a mi modo de ver, una resonancia mucho más contemporánea.
Ese ingrediente contemporáneo alcanza una intensidad deslumbrante en el grupo de poemas que escribió en 1994, a raíz de la llamada "crisis de los balseros", durante la cual miles de cubanos se lanzaron al estrecho de la Florida en rústicas embarcaciones improvisadas para llegar a las costas de los Estados Unidos. Gran parte de esos balseros pudieron llegar a tierras norteamericanas, otros permanecieron largo tiempo hacinados en la base naval de Guantánamo, y muchos –la cifra exacta tal vez nunca se llegue a conocer– perecieron en las aguas de ese estrecho cuando sus precarios medios de navegación sucumbieron ante la furia del mar.
El poeta nos entrega en este libro varios poemas que aluden a las dimensiones trágicas de esos acontecimientos (entre ellos, Balsas y Oración). De ellos, el que deja una huella más indeleble en el lector y más pavor siembra en su espíritu es también, a mi modo de ver, el mejor poema de todo el volumen (Canto a la Virgen), en el que Abreu Felippe resume con precisión el desconcierto y la estupefacción de todo un pueblo:
Voy a cerrar los ojos porque no quiero ver los rostros desgarrados de mis hermanos, la espuma que ya no sé si es lona o pez o soga o bidones sellados o gomas a punto de estallar y tiemblo el miedo de ellos. Porque en estos tiempos ya no hay botes, sino balsas y no son tres, sino miles los que te llaman. Tú sigues siendo la misma. Protégelos, madre.Hay que saludar, pues, con sereno entusiasmo, estos poemas del desamparo filial y la orfandad irremediable, estos cantos de la impaciencia del exilio y el fragor de la huida y el despojamiento, que uno de nuestros buenos poetas ha entregado con temeridad y pasión. Son palabras salvadas en el borde del tiempo; como si se fueran a escapar de ese tiempo sin dejar de prolongarse en nuestros días confusos; o como si fueran a caer y quedarse en su hora, pero cargadas de ecos que habían dejado de existir. Saludemos, por todas esas razones y otras, este nuevo libro de José Abreu Felippe.
1 Editorial Verbum, Madrid, 2000, 56 págs. El jurado del Premio estuvo integrado por Felipe Lázaro, Pedro Shimose y Luis Antonio de Villena. 2 Abreu Felippe es también dramaturgo, narrador y crítico. Ha publicado tres volúmenes de teatro: Amar así (Miami, 1988), Teatro (Madrid, 1998) que reúne cinco piezas, y Tres piezas (Miami, 2010). Su novela Siempre la lluvia (Miami, 1994), que fue finalista del Premio Letras de Oro en 1993, forma parte de la pentalogía El olvido y la calma, integrada por Barrio Azul (Miami, 2008), Sabanalamar (Miami, 2002), Dile adiós a la Virgen (Barcelona, 2003) y El Instante (Miami, 2011). 3 Editorial Playor, Madrid, 1985, Colección "Nueva poesía", 64 págs. 4 Editorial Verbum, Madrid, 1992, 88 págs. 5. Esto no impedía, que conste, la presencia en el libro de poemas excelentes, como el ya citado, o como el titulado "El camino de Mitilene". -
Enrique Jardiel Poncela 160 páginasJardiel fue un hombre de teatro en el sentido más amplio que se le puede dar al término. No solamente escribió algunas de las mejores comedias cómicas que se han hecho en España —renovando el humor tradicional y actualizándolo—, sino que fue empresario teatral y se ocupó en todos los aspectos complementarios de la escena: dirección de actores, efectos especiales, escenografía, utilería, etc.
En este cuidado volumen se integra toda su teoría teatral: sus opiniones sobre actores, directores y críticos; sus conceptos de cómo debía ser el teatro, junto con sus sugerencias para mejorarlo; su visión del panorama dramático de su tiempo, etc. Es una recopilación muy completa de sus escritos sobre el arte de Talía, en distintos géneros: en forma de ensayos breves, poemas, entrevistas y artículos, que son una amena y divertida lectura, como todas las suyas.
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Irene Andrés-Suárez 200 páginasEl presente trabajo reúne una gavilla de trabajos sobre la teoría y la práctica del teatro dentro del teatro. Los dos primeros ensayos son de carácter introductorio; en el de Andrés-Suárez se abordan además las funciones que desempeña el teatro dentro del teatro y las relaciones que se establecen entre la obra secundaria y la principal. Los demás trabajos versan sobre obras de Cervantes, Lope, Tirso y Calderón.
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Ana María Fagundo 240 páginas"En el peregrinaje lúcido que es la obra de Ana María Fagundo, el tema sobre la consideración del verbo poético vuelve a aparecer reiterativamente, porque al considerarlo, toda su integridad sicosomática, intelectual, afectiva, trágicamente existencial y jubilosamente solar, se pone en juego como una implacable apuesta del "todo o nada": configurar la vida con la palabra y así acallar la agonía".
Elena Andrés -
María Victoria Utrera Torremocha En este estudio se parte del concepto de símbolo y de sus relaciones con el mito, la metáfora o la alegoría para establecer la visión del universo y del lenguaje en el movimiento poético del simbolismo. La concepción medieval del simbolismo como expresión física de una entidad espiritual y divina reaparece con matizaciones en algunos autores de los siglos XVIII y XIX. Por su agudeza intelectual y la exactitud de su pensamiento y expresión, Johann Wolfgang Goethe es uno de los escritores que más ha contribuido a la definición del símbolo en la estética moderna. A Goethe se atribuye la discutida diferenciación y la oposición entre símbolo y alegoría, aunque no es el único teórico que pone las bases de la teoría simbólica moderna. Las nuevas correspondencias, imbuidas del gusto por lo extraño y lo raro, se desarrollan con la estética de Charles Baudelaire, maestro de los grandes poetas simbolistas –Paul Verlaine, Arthur Rimbaud, Stéphane Mallarmé–, que se abordan en este libro como núcleos generadores de las variantes simbolistas europeas de finales del siglo XIX y principios del siglo XX: el simbolismo epigonal francés y belga, el instrumentismo, el simbolismo inglés o el ruso, el hermetismo italiano o el modernismo hispánico. -
Yi Yulgok Este libro, El secreto para desterrar la ignorancia (Gyeongmong Yogyeol), escrito por uno de los intelectuales más prominentes de la historia de Corea, Yi Yulgok (1567-1584), nos presenta en diez breves capítulos los principios esenciales que cualquier joven coreano debe practicar en su vida diaria para avanzar intelectual y moralmente por el camino justo. Yulgok en la introducción que hace a su libro nos exhorta a no dejarnos llevar por la indecisión y ponernos en firme a la tarea del aprendizaje. “Escribí este compendio en el cual he señalado la forma de crear una voluntad firme, los cometidos que cada uno debe realizar, las normas para servir a los padres, las normas para tratar a las otras personas”. Si hubo un aspecto que caracterizó toda la vida del gran pensador confuciano Yulgok fue su pasión por la educación y el conocimiento en busca de la verdad y la rectitud social. Supo aplicar sus conocimientos filosóficos y científicos para el mejoramiento de la vida diaria de sus contemporáneos, comprometiéndose también en la vida política y de gobierno. Escrito hace ya más de 500 años deja al lector sorprendido por su actualidad y vigencia. Cualquier joven o adulto que emprenda un camino de aprendizaje para desterrar la ignorancia encontrará en la lectura de este libro, de un modo natural, las claves para ir descubriendo cómo hacer realidad esa sociedad de justicia y virtud soñada por los eruditos confucianos y, tal vez, también por nosotros. -
José Luis Gracia Mosteo 189 páginasLa obra recibió el Premio de Novela Corta “Villanueva del Pardillo” 2005. El Jurado otorgó el premio por unanimidad al considerar la alta calidad literaria del texto y la acertada adecuación al género policiaco en que se inscribe. Una novela de intriga y de humor alrededor de las perversiones más infames; una sátira de los fundamentalismos y de la posmodernidad.
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Ryu Tongshik 198 páginas Pungniudo es el nombre que recibe la antigua religión autóctona de Corea. Originalmente vinculada a los ritos chamanistas, sin embargo, con el paso del tiempo y a lo largo de la evolución histórico de Corea, ha mostrado una extraordinario capacidad receptiva de las sucesivas religiones que fueron llegando a la península. El libro es un resumen histórico y teológico de esta experiencia. -
Fernando NombelaFernando Nombela es el señor poeta oriundo de Toledo que hoy se asoma por vez primera a la balconada de Verbum y da un grito de ¡aquí estoy! No es hombre de gritar. Es más, el silencio ocupa un lugar en su inspiración marcándole en su orgullo una forma de relieve. No grita, pero deja que sus poemas le abran paso a su experiencia y dejen semilla en el fervor. Fernando ha estudiado su carrera de letras, cultiva inteligentemente la amistad y conoce un arte hoy quizá bastante desconocido: sabe asombrarse admirablemente. Lo ha leído todo; y si en una biblioteca pasa por delante de un libro bueno, de inmediato lo señala y da testimonio de las luces que trae consigo su lectura. Innecesario añadir que es lector exigente y que su poesía va cayendo sobre nosotros como una de las mejores noticias que nos llega del pregón de la musa infatigable. MARIO PARAJÓN En El puente de Waterloo, Fernando Nombela describe el viaje de un personaje que, surgido de las tinieblas de su propia ausencia, camina hacia la luz de la vida. “Retirar los escombros/ de lo que destruyó la noche” es la tarea dolorosa de quien quiere ser mirado como un “recién nacido” que aprende a “mirar de nuevo” y a recuperar la fe en algo que podría ser nombrado con la palabra amor: “entre la honda/ realidad de estar/ absolutamente/ solo/ y la locura/ febril de sentirme/ acompañado/ elijo la fiebre/ clavada en la herida”. El poema es la voz con la que el personaje dibuja su peripecia, a través de lo que es una lírica escueta, sencilla, esencial, volcada en el deseo de poner algo de verdad en la conquista de la esperanza, tantas veces mencionada en este libro. Poesía como proceso, como búsqueda, como expresión de un conflicto y como lugar de confesión y encuentro con el mundo y el amor. Fernando Nombela ha escrito un libro inhabitual y magnífico que no debería pasar desapercibido para ningún lector de poesía.
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VV.AA 488 páginasEste volumen recoge los textos que fundaron la posición universal del autor del Quijote y de esta obra. Tal reconstrucción cervantista centrada en los textos españoles de la Ilustración neoclásica, desde Mayans o Eximeno, Jovellanos o Forner, pero también otros escritos de la gran tradición europea, como los de Bowle, Addison y Johnson que representan el testimonio de la muy temprana crítica inglesa, para concluir, ya a comienzos del XIX con el excepcional homenaje de los idealistas y románticos alemanes. ANALES CERVANTINOS, VOL. XL, PP. 335-400, 2008. ISSN: 0569-9878 Antonio Rey Hazas y Juan Ramón Muñoz Sánchez (eds.), El nacimiento del cervantismo. Cervantes y el Quijote en el siglo XVIII, Madrid, Verbum, 2006, 487 pp. Los editores de esta antología de textos sobre Cervantes y el Quijote en el siglo XVIII comienzan su trabajo confesando el poco entusiasmo que en principio les producía tener que trabajar con materiales de esa época, debido a los prejuicios que aún existen sobre la literatura del Siglo de la Ilustración. Sin embargo, confiesan que, pronto, ese desánimo se convirtió en «entusiasmo» al conocer la importancia de las aportaciones que aquella centuria hizo al conocimiento de la obra y la vida del mayor escritor español. Tras los trabajos realizados por pioneros como Cotarelo y Mori y, más cerca en el tiempo, Francisco Aguilar Piñal y otros, este libro es un excelente compendio y estado de la cuestión para comprender las características y derroteros de un estudio que conoció en el Setecientos su despegue. Unas veces entendido como sátira de la literatura caballeresca, otras como instrumento de crítica, y otras como la primera novela moderna, el Quijote se convierte en el siglo XVIII, y no solo en España, en uno de los espacios de reflexión sobre los tiempos modernos. Dentro de nuestras fronteras pronto se empiezan a dar los pasos para intentar comprender una obra que, además, en el sentir de muchos, es la expresión de los valores españoles, aunque otros la consideraran una burla de esos valores. Como se sabe, uno de los momentos más importantes en la historia de la interpretación de la novela lo constituye la biografía de Mayans, publicada en 1737, aunque hubo otras iniciativas institucionales importantes. En todo caso, aunque se dieron actuaciones institucionales previas, la aceptación de la obra como emblema de la cultura española recibe un espaldarazo cuando la Real Academia Española hace la edición de 1780 y asume así al autor y a su obra. En la edición, además de cuidar el texto y limpiarlo de impurezas, sin conseguirlo, y además de incorporarle importantes estudios preliminares, participaron los mejores artistas y grabadores del momento. Puede verse el proceso de elaboración en reciente libro coordinado por Elena de Santiago, De la palabra a la imagen: el Quijote de la Academia de 1780 (2006). Se iniciaba la conversión de Cervantes en poeta nacional, como sucedía en los diferentes países europeos con otras figuras que desde entonces se convirtieron en las cumbres de sus respectivos Parnasos. Los estudios sobre Cervantes y sus obras no hicieron más que crecer en el siglo, llegando a ser objeto de pirateo investigador, apropiación indebida y polémica saber quién fue el descubridor de la partida de bautismo del autor alcalaíno, episodio sobre el que se detienen los antólogos, tras las investigaciones de José Luis Pensado y Antonio Mestre. Ese y otros aspectos se estudian en otro libro aparecido en 2006, El Quijote en el Siglo de las Luces, trabajo de conjunto dirigido por Enrique Giménez. El libro de Rey Hazas y Muñoz Sánchez se inicia con un estudio preliminar que da cuenta de la historiografía cervantina en el siglo, deteniéndose en las figuras señeras de Mayans, John Bowle, Vicente de los Ríos, Eximeno y algunos otros. Antonio Eximeno responde al recrudecimiento de la corriente crítica del Quijote, que hacía sangre de los errores y despistes cervantinos, algo que se había empezado a destacar, en el siglo, en los tiempos de Montiano y Nasarre, si bien, como se sabe, es cosa antigua. Quizá habría sido interesante, por completar esa línea crítica que en el XIX tuvo su desarrollo, que, en la selección antológica, se hubieran incluido algunas de las páginas que Nicolás Pérez dedicó a este asunto en 1805, en su libro El Anti-Quijote, obra crítica contra la excelente novela de Don Quijote de la Mancha, de la que solo apareció un tomo, a pesar de los seis que anunciaba su autor. La selección antológica se divide en dos partes: una, de «textos completos»; otra, de «textos breves o fragmentarios». En el primer grupo se presentan la biografía de Mayans, el prólogo de Nasarre a las comedias de Cervantes, la carta de John Bowle, el juicio crítico de Vicente de los Ríos, el discurso número sesenta y ocho de la revista El censor y la apología de Eximeno. En el segundo figuran obras o fragmentos de Addison, Montiano y Luyando, doctor Johnson, Martín Sarmiento, Tomás de Iriarte, Cadalso, Juan Antonio Pellicer, Juan Andrés, Juan Pablo Forner, Masson de Morvilliers, Jovellanos, Leandro Fernández de Moratín, Schiller, Friedrich Schlegel y Schelling. Ya se sabe que toda selección implica dejar fuera unos textos y elegir otros, y que todo depende de quién la haga y de los criterios de que se sirva. Pero creo que los que recoge este libro permiten al lector tener una recopilación útil, que da una buena panorámica de las líneas de investigación y de los intereses de los autores del siglo XVIII, puesto que, además, como se ha visto, los antólogos no se reducen al territorio ni a la lengua española, y ofrecen aportaciones de ingleses y alemanes, que fueron quienes mejor entendieron la novela, ya que los franceses, en su mayoría, pensaban que el Quijote de Avellaneda era superior al de Cervantes. (Sobre el mundo inglés, puede verse el trabajo de Diego Martínez Torrón y Bern Dietz [eds.], aparecido en 2005, Cervantes y el ámbito anglosajón). El nacimiento del cervantismo permite profundizar en los diferentes aspectos que se trataron en la época, en muchas ocasiones por primera vez, al tiempo que sirve para darnos cuenta de que no todo comienza en el siglo XIX, con el Romanticismo o el Realismo; que sin los hombres que trabajaron en la centuria anterior no se podría haber avanzado como se hizo. El prejuicio y el estigma, al que se referían Rey Hazas y Muñoz Sánchez, deberían desaparecer y trabajos como este suyo contribuyen a ello.
JOAQUÍN ÁLVAREZ BARRIENTOS Consejo Superior de Investigaciones Científicas.
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Gonzalo García Bustillo 232 páginasUn ser del pleistoceno, con sus colmillos curvados, se arrodilla en las arenas del Nilo, cena en "La tour d´Argent" de París, se regocija en las calles de La Habana vieja y busca la eternidad en los llanos de Venezuela. Se trata de un animal fabulado que, partiendo de una lejanía de milenios, acosa nuestra existencia cotidiana, aparece y desaparece, desafía los cielos y los mares, pone a prueba nuestros sueños y se extravía por los caminos del azar. Esto es posible gracias a la palabra fundadora de Gonzalo García Bustillos, porque el mamut/volviendo la mirada / nombra las cosas.
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Jesús Moreno Sanz 1754 páginas María Zambrano no ha vendido su alma a la Idea, ha protegido su esencia única colocando la experiencia de lo Insoluble por encima de la reflexión sobre ello, ha dado en suma un paso más allá de la filosofía… Para ella, nada es verdad salvo lo que precede o lo que sigue a lo formulado, únicamente el verbo que se hurta a las trabas de la expresión o, como ella misma ha dicho magníficamente, “la palabra liberada del lenguaje” […] Un fuego interior que se oculta, un ardor que se disimula bajo una resignación irónica: todo en María Zambrano desemboca en otra cosa, todo implica un matiz de más allá, todo. […] ¿Quién como María Zambrano, yendo al encuentro de nuestras inquietudes, de nuestras búsquedas, posee el don de dejar caer el vocablo imprevisible y decisivo, la respuesta de prolongaciones sutiles? De ahí que quisiéramos consultarla en los momentos cruciales de una vida, en el umbral de una conversión, de una ruptura, de una traición, en la hora de las últimas confidencias, graves y comprometedoras, para que nos revele y explique a nosotros mismos, para que nos dispense, por así decirlo, una absolución especulativa, y nos reconcilie tanto con nuestras impurezas como con nuestros callejones sin salida y nuestros estupores.(E. M. Cioran)
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David Cortés 196 páginasEl libro de los regresos es un texto de expresión sobria, contenida. El autor ha sabido equilibrar una voz íntimamente pudorosa con una escritura ardiente que la consagra. Los territorios del poeta: el amor, su desconsuelo y su gloria; la infancia, palpitante memoria, reino y exilio; y una sostenida reflexión sobre la poesía, incertidumbre y plenitud.
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Luis Alberto Hernando Cuadrado Un texto imprescindible para estudiantes de Derecho, los profesionales vinculados al el mundo jurídico y para todo lector interesado en conocer las peculiaridades y precisiones del lenguaje jurídico. El texto se articula en cinco partes: 1. MORFOSINTAXIS: Breve repaso de las formas y las funciones de los componentes gramaticales expuestas desde el punto de vista de su articulación en el lenguaje jurídico. 2. LEXICOLOGÍA Y SEMÁNTICA: Compuesta por un claro estudio del vocabulario técnico, semitécnico y general del lenguaje jurídico. Apartados sobre la jerga del hampa y los delincuentes, la formación de palabras, la interpretación del sentido y los errores terminológicos frecuentes, entre otras. 3. TEXTOS LEGALES Y DISPOSICIONES ADMINISTRATIVAS : Un estudio pormenorizado y ejemplificado de las normas jurídicas de mayor rango, sus estructuras y secciones. A) La LEY (Constitución Española de 1978, leyes orgánicas y ordinarias; decretos-leyes y decretos legislativos). B) Las DISPOSICIONES ADMINISTRATIVAS (Real Decreto, Orden Ministerial y Resolución). 4. ESCRITOS PROCESALES: Exposición y análisis del contenido y estructura de los Escritos Procesales (Demanda, Denuncia, Querella, Auto, Providencia, Sentencia, Exhorto, Suplicatorio, Mandamiento, Oficio, Notificación, Citación, Emplazamiento, Requerimiento, Edicto, etc.). 5. DOCUMENTOS NOTARIALES: Exposición y análisis del contenido y estructura de la Escritura Pública y del Acta Notarial. El texto se completa con una extensa Bibliografía y un Índice de Voces y Expresiones estudiadas. -
Anónimo 72 páginasLa vida de Lazarillo de Tormes y de sus fortunas y adversidades (más conocida como El Lazarillo de Tormes) es la primera novela picaresca de la literatura española y una de las más populares de su historia. El Lazarillo de Tormes, publicada en 1554, es un esbozo irónico y despiadado de la sociedad del momento, de la que se muestran sus vicios y actitudes hipócritas, sobre todo las de los clérigos y religiosos. Hay diferentes hipótesis sobre su autoría.
Dado el contenido y la tesis de la obra, probablemente el autor fue simpatizante de las ideas erasmistas. La novela estuvo prohibida hasta 1537 y la Inquisición la incluyó dentro del Índice de libros prohibidos. Después se autorizó su publicación con la omisión de los capítulos más críticos (en los que Lázaro se asienta con el fraile de la Merced y el buldero) y la censura de algunos párrafos donde se criticaba al clero con especial dureza. Hasta el siglo XIX no se publicó la versión completa, que ahora presentamos en esta edición.
Ambientada en la España del siglo XVI, bajo el reinado de Carlos I de España y V de Alemania, durante el apogeo del imperialismo español iniciado por los Reyes Católicos con la conquista de América, el tema principal de El Lazarillo de Tormes es moral, y supone una crítica feroz al falso sentido del honor y a la hipocresía, que solo sirve a los poderosos mientras que los pobres (representados por Lázaro) pasan hambre y miseria. Uno de los mensajes de la novela es el despertar de Lázaro a la vida real, donde aprende que para progresar hay que aparentar ser virtuoso, pero no serlo.
El Lazarillo de Tormes se escribió entre narraciones caballerescas idealizantes y epopeyas pastoriles propias del Renacimiento, por lo que supuso una auténtica ruptura con estos estilos, al contar una epopeya del hambre y la subsistencia a través del ingenio. Su anónimo autor, crea así un nuevo género literario, la novela picaresca, caracterizada por la narración en primera persona, la inclusión del realismo y la visión pesimista y desengañada del mundo.
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Yi In-Hwa 312 páginas El Imperio Eterno se asoma a uno de los grandes misterios de la historia coreana. En 1762 el rey Yongjo ordenó la muerte de su hijo, el príncipe Sado. ¿Qué lo impulsó a cometer tan terrible crimen? O el príncipe había enloquecido y la razón de Estado exigía su desaparición, o bien su agudo sentido político lo proyectaba como un peligro para la dinastía. Cualquiera que fuera la razón, fue víctima de un complot urdido por sus enemigos, la facción conocida como la Antigua Doctrina. La novela transcurre durante 24 horas de un día de invierno de 1800. Su escritura se ajusta al modelo de las novelas de misterio. El propio autor lo reconoce: “utilicé los motivos y las técnicas narrativas de las novelas de misterio, como El nombre de la rosa de Humberto Eco, El sabueso de los Baskerville de Conan Doyle, Las hazañas de Sherlock Holmes de John Dickson Carr y Tres cuentos chinos de Robert Van Gulik”. La extraña muerte de un empleado de la Biblioteca Real desata una serie de de inesperados conflictos filosóficos y políticos entre los letrados de la corte y el rey. La búsqueda desesperada de un documento clave, robado de la mesa del bibliotecario asesinado, se convierte en el eje conductor de la trama. En un momento en que la corona trata de consolidar la autoridad de la monarquía, enfrentada a las peligrosas conspiraciones de las distintas facciones burocráticas y en que las ideas occidentales comienzan a infiltrarse en la sociedad coreana, esta novela nos adentra en la apasionante historia y la rica cultura de la Corea de finales del siglo XVIII. -
Nilo PalenzuelaPara apreciar el valor del libro de Nilo Palenzuela, es necesario recordar que la revista mexicana El Hijo Pródigo (1943-46) comenzó a editarse cuando ya habían desaparecido otras muy vinculadas al exilio español como Taller, Romance o España Peregrina, aunque el espíritu de esta última seguía animando Cuadernos Americanos. Según ha quedado expuesto en los trabajos de José Luis Abellán y Francisco Caudet (a quien Palenzuela remite justamente en su prólogo), el americanismo edénico, inducido por el aparente hundimiento cultural europeo y por aquella lógica apocalíptica que esgrimía Juan Larrea con tanta contundencia como ingenuidad, sonaba en Cuadernos Americanos muy poco acorde con las inquietudes reales de los intelectuales mexicanos. Así surgió El Hijo Pródigo, impulsada por Xavier Villaurrutia, Samuel Ramos y Octavio Paz, y bajo la dirección de Octavio G. Barreda.
La participación de los exiliados españoles en El Hijo Pródigo fue muy considerable, pero nunca determinante. Esa circunstancia facilitó el desarrollo de aquella publicación al margen de las inevitables tensiones emocionales e ideológicas que habían dado nervio a las revistas donde hubo de canalizarse el torrente de creatividad favorecido por la república española y enfangado y ahuyentado por el régimen franquista. El libro de Nilo Palenzuela se centra en las páginas que aportaron a aquella revista los intelectuales "trasterrados" en tanto que filósofos, poetas, críticos, traductores, sin el valor añadido de estar prolongando fuera de España lo que ellos consideraban, con tanto derecho, la verdadera cultura española.
Sin embargo, históricamente considerado, ese valor es innegable. El interés del libro que comentamos radica precisamente en destacar el alcance y la densidad de los trabajos que seguían realizando quienes ya vislumbraban su futuro profesional al margen de nuestro país. Pero Palenzuela no se limita a dar constancia o a describir, sino que "participa" en el trasiego de ideas: discrepa de Pedro Salinas a propósito de la poesía de Altolaguirre, amplifica la vibración demoniaca de la poesía según José Bergamín o subraya la saludable insolencia con que el humor de Max Aub irrumpía en el ambiente de los exiliados, tan cerca siempre del ensimismamiento.
Adoptando esa forma clásica de discurrir que consiste en ensayar sobre lo ensayado, el autor pasa de un tema a otro con agilidad: por momentos se diría que Palenzuela escribe para un Hijo Pródigo de hoy. Esa virtud, no exenta de amenazas —dispersión, visión fragmentaria—, se pone de relieve sobre todo en los capítulos dedicados a Luis Cernuda, David García Bacca y María Zambrano, que entonces se encontraban en tramos fundamentales de sus respectivas trayectorias. Cernuda aún vivía en Escocia, y desde allí colaboró en la revista con su poema "Quetzalcóatl" —compuesto años antes de pisar México por primera vez— y otros escritos teóricos en los que se aprecia cómo la asimilación de la lírica inglesa lo alejaban de la estética juanramoniana (el futuro "Premio Nobel de los exiliados" le respondió, en la misma revista, a su estilo airado y luminoso). Y tanto García Bacca como María Zambrano reflexionaban sobre las relaciones entre filosofía y poesía por derroteros que, según destaca Palenzuela, suponían una derivación crítica y fértil de la escuela filosófica formada en torno a Ortega.
Uno de los máximos discípulos de Ortega, José Gaos, aparece en la revista con motivo del debate sobre Juan de la Cruz que, organizado poco antes por la editorial Séneca, fue publicado por El Hijo Pródigo, y que Palenzuela nos ofrece como sustancioso colofón de este libro. El filósofo español estaba ya integrado en el ambiente académico mexicano, lejos de una España que, como él mismo dijo, era "la última colonia que permanecía colonia de sí misma, la única nación hispanoamericana que del común pasado imperial quedaba por hacerse independiente". A propósito del poeta carmelita, el diálogo que entablan Gaos, José Vasconcelos, Octavio Paz, Eduardo Nicol, D. García Bacca y José Bergamín, entre otros, muestra la distancia entre la amplitud de miras del pensamiento ejercido a la intemperie y la miopía oronda con que se pontificaba en la España de entonces, donde alguien como Giménez Caballero se atrevía a afirmar: "El ensayo es un género nacido a la literatura cuando el tratado teológico y dogmático de nuestra edad de oro decaía. Nosotros hemos reaccionado salvadoramente contra ese género tan liberal, tan encantador y tan maléfico que ha sido el ensayo". Hoy resulta absolutamente vacía de interés la religiosidad militante de aquella autoproclamada "Nueva España", y sin embargo las cuestiones debatidas por aquel grupo tan heterogéneo —creyentes y no tanto, o no en el mismo dios, y no creyentes— siguen participando del ensayo interminable acerca de los orígenes del misticismo y la poesía. De la misma forma, una revista tan oficialmente hispánica como Escorial, con sus buenas intenciones erizadas de límites, nos parece hoy sometida sin remedio a lo más paralizante de nuestra historia, mientras que su contemporánea El Hijo Pródigo sigue haciendo historia en la lectura actual.
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Evelio Domínguez 184 páginas"La décima es la estrofa por excelencia de la tradición poética popular cubana, si bien autores como E. Florit, N. Guillén, M. Brull o Lezama Lima también la han cultivado. Sobre esta estrofa el autor se ha planteado de manera argumental y estructural el desarrollo de su novela. Conviven en el texto tanto los registros líricos como los narrativos y expositivos con la misma adecuación que los exigidos por el género. Superando su obra anterior, Puerta Dorada (320 estrofas), Domínguez nos sorprende por la extensión de temas, escenarios y hablas de la vida campesina cubana".
Pío E. Serrano
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Araceli Rico 124 páginas Existe una larga tradición hispanoamericana de cuentos y relatos breves. Con raíces en el cuadro de costumbres decimonónico, tomaron múltiples formas (leyendas, tradiciones, etc.), permitiendo al autor una libertad creativa sin par. Araceli Rico, por su gusto y talento por la recreación de ambientes –como en su saga mexicana, Tronco sin ramas–, encuentra en este género el lugar perfecto para su escritura. El tema central de los doce relatos de Rico es el espejo, tema de gran importancia literaria, artística y mitológica, ya que bien pudo haber sido el propio Narciso quien inventó el primer retrato pictórico. Un caballero de la Edad Media, Quetzalcóatl, Sor Juana Inés de la Cruz, Salomé, amigos en Milán, entre otros personajes tan diversos de este libro, nos invitan a un viaje por el espacio y el tiempo, un viaje poco narcisista ya que el reflejo en el espejo es más bien el de sus dudas y angustias. Narrados con un estilo a la vez condensado y florido, con múltiples referencias pictóricas, los relatos de Araceli Rico son interrogaciones personales en las que la vida es siempre una lucha, viajes interiores que parecen resumir el epígrafe de Borges elegido por la autora: “No sé cuál es la cara que me mira cuando miro la cara del espejo…” Un espejo que nos habla, nos engaña, multiplica el espacio, un espejo que atravesamos a veces para ir más allá de la realidad, como en los cuentos de hadas. Y, como en los cuentos de hadas, esta experiencia literaria y vital nos hace crecer. (Jean-Michel Wissmer). -
Javier Medina 232 páginasTrazar las líneas fundamentales de lo que ha sido la evolución de la lengua en América y en Canarias ofrece un gran atractivo para los lingüistas e interesados en general, ya que de esta forma adquierene mejor comprensión no sólo la realidad lingüística actual de las regiones contempladas en esta obra, sino también las peculiaridades del proceso de expansión del castellano a partir del siglo XV en adelante.
