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José Enrique Rodó Ya habían llegado ellos a la amplia sala de estudios, en la que un gusto delicado y severo esmerábase por todas partes en honrar la noble presencia de los libros, fieles compañeros de Próspero. Dominaba en la sala —como numen de su ambiente sereno— un bronce primoroso que figuraba al Ariel de La Tempestad. Junto a este bronce se sentaba habitualmente el maestro, y por ello le llamaban con el nombre del mago a quien sirve y favorece en el drama el fantástico personaje que había interpretado el escultor. Quizá en su enseñanza y su carácter había, para el nombre, una razón y un sentido más profundos. Ariel, genio del aire, representa, en el simbolismo de la obra de Shakespeare, la parte noble y alada del espíritu. Ariel es el imperio de la razón y el sentimiento sobre los bajos estímulos de la irracionalidad; es el entusiasmo generoso, el móvil alto y desinteresado en la acción, la espiritualidad de la cultura, la vivacidad y la gracia de la inteligencia, —el término ideal a que asciende la selección humana, rectificando en el hombre superior los tenaces vestigios de Calibán, símbolo de sensualidad y de torpeza, con el cincel perseverante de la vida. -
Agustín de Hipona 50 páginasEl hombre y su subjetivad es el centro de estas reflexiones inagotables de San Agustín. Dios como creador y sustento de la eternidad. El ser humano y su trayectoria vital como camino de la eternidad. La introspección del ser como vía para llegar a la inmortalidad: «Puesto que o estas verdades existen en el alma o esta existe en ellas. Sea cualquiera de los dos casos, o exista el uno en el otro como en su sujeto, o bien el uno y el otro existan como sustancias. Pero si se admite lo primero, el alma no existe en el sujeto cuerpo como el color y la figura, porque ella misma o existe como sustancia o existe en un sujeto que es otra sustancia que no es cuerpo. Ahora bien: si lo segundo es verdad, el alma no existe en el sujeto cuerpo como el color porque es sustancia. Por el contrario, la organización del cuerpo existe en el sujeto cuerpo como el color; en consecuencia, el alma no es la organización del cuerpo, sino que la vida es el alma; y puesto que ningún ser deja su propio ser y puesto que lo que la vida abandona muere, luego el alma no puede morir».
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Molière 62 páginas«Tartufo» (1669) es una comedia en cinco actos escrita en versos alejandrinos, aunque hubo una primera versión, de tres actos, en 1664. Orgón es un burgués que ha caído bajo la influencia de Tartufo, un falso devoto, que busca quedarse con todos sus bienes, materiales y familiares. Tartufo es el personaje principal de la obra, pues en torno a él se desarrolla toda la trama, aparece tardíamente, pero ya sabemos cómo es por los comentarios de los otros personajes. Resulta odioso por su malicia e hipocresía. Es un hombre listo y rastrero, que no duda en engañar y aprovecharse de los inocentes. Los sectores más devotos y reaccionarios, contando con el apoyo del arzobispo de París, consiguieron que se prohibiera su representación durante cinco años. La obra se puede leer en clave política (el rey absolutista como padre de familia autoritario al que se le acercan malos consejeros) y en clave religiosa (jansenismo, falsos devotos…). Es, junto con El avaro (editada también en esta misma colección), una de las obras más importantes y representadas de Molière.
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Ramón del Valle Inclán 294 páginas«La Corte de los Milagros». (1927) es la primera obra del ciclo novelesco «El ruedo ibérico», con el que el autor se propuso abarcar el periodo histórico que va desde la caída de Isabel II hasta la coronación de Alfonso XIII. Sin embargo, Valle Inclán falleció antes de culminar el proyecto, que finalmente se compuso únicamente de esta primera novela, «Viva mi dueño» y la incompleta «Baza de espadas» En «La Corte de los Milagros» encontramos un retrato de la vida en la España de Isabel II, en el momento de la enfermedad y muerte del general Nárvaez, con las preocupaciones, problemas y sentimientos de la corte, la clase alta y la clase baja. El autor, con su particular estilo, nos presenta una historia en la que, junto con los enredos, las intrigas y los entresijos de la corte, encontramos también, entre otras cosas, milagros y monjas estigmatizadas.
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Fiódor Dostoyevsky 190 páginas La primera novela de Dostoyevsky, publicada en 1846, narra la relación amorosa a través de una serie de cartas entre Makar Dievuschkin, un modesto funcionario de avanzada edad, y Varvara Dobroselov, una joven huérfana a la que protege y por quien siente un amor, en cierto modo, paternal. La obra nos ofrece un excelente retrato de la vida de la gente humilde de Moscú centrándose en estos dos personajes, vecinos que apenas se ven para evitar los rumores de la vecindad y que recurren a las cartas para comunicarse. «Pobres gentes» nos adentra en el mundo interior extraordinariamente complejo de los protagonistas, donde su gran riqueza espirtitual contrasta con la escasez de bienes materiales. -
Fiódor Dostoyevsky 58 páginas “El pequeño héroe” es un cuento que Dostoyevsky escribió mientras esperaba la sentencia de un tribunal que lo juzgaba por pertenecer a un grupo de liberales y revolucionarios y que finalmente le costó el traslado a Siberia. Es una de las primeras obras del autor y en ella se muestra su cara más amable, antes de dar el paso a grandes novelas como «Crimen y castigo», «El idiota» o «Los hermanos Karamazov. El protagonista del relato es un niño de once años que vive en una casa de campo por la que deambulan personajes de la alta sociedad y que se ve maravillado ante todas las conversaciones y cosas que ve, de las que todavía no entiende el significado. El pequeño héroe está siempre solo y su aventura comienza cuando coincide en la representación de una obra con una mujer rubia muy guapa que lo coge del brazo y lo sienta en sus piernas. Él, muy tímido, se convierte en el centro de atención del círculo de mujeres. Con este relato vemo el tránsito de la infancia a la adolescencia y el ingenuo descubrimiento del amor y la sexualidad con todas sus preguntas y confusiones. -
Esteban Echeverría 40 páginas “El matadero” es considerado el primer cuento argentino, y en él Echeverría usa este escenario de Buenos Aires para simbolizar el clima político del país entre 1829 y 1852 durante la dictadura de Juan Manuel de Rosas. La historia transcurre en los suburbios de esta urbe en un ambiente limítrofe entre la ciudad y el campo, entre la civilización y la barbarie. El relato presenta en su composición elementos típicos del enciclopedismo francés del siglo dieciocho –ironía, anticlericalismo, rebeldía– y anticipa las tendencias que marcarían en el futuro las creaciones literarias de estos territorios, como el realismo, el naturalismo, el modernismo o el criollismo. -
Giuseppe Tomasi di Lampedusa 234 páginas En un momento de profundos cambios sociales y políticos en Italia, poco antes de la unificación del país, esta novela narra cómo don Fabrizio Corbera, príncipe de Salina, asiste impertérrito a la decadencia de su propio linaje. A este personaje debe sucederle su sobrino Tancredi, quien, como representante de los nuevos tiempos que se avecinan, debe asegurar la permanencia de una familia profundamente ligada a un sistema tradicional que se derrumba. -
Molière 80 páginas «El avaro» (1668) es una comedia en cinco actos escrita en prosa cuyo tema central es la avaricia extrema, encarnada en el personaje de Harpagón. La obra está claramente inspirada en «La comedia de la olla» o «Aulularia», de Plauto, y en ella el autor demuestra su perfecta maestría en la escritura teatral. En esta comedia Molière utiliza todos los resortes del humor: la propia comicidad del personaje de Harpagón, lo absurdo de la situación –todos los personajes fingen–, y, por supuesto, la gracia de las palabras y los gestos, heredados de la farsa y del baile que el autor conocía muy bien. El autor juega con los personajes entre la confesión y el engaño, reconciliando a los que lo consideraban un moralista con los que solo reconocían en él a un autor teatral inspirado. La comedia otorga al juego de máscaras todo su poder subversivo para convertir la verdad del deseo en la verdad de todos, permitiendo que también al final se imponga la moral. -
Duque de Rivas 122 páginas«Don Álvaro o la fuerza del sino» (1835) es la obra dramática que consolida y hace triunfar el Romanticismo en España, en términos similares a como lo hizo la tragedia «Hernani» (1830) de Víctor Hugo en Francia. Está escrita en prosa y verso, con gran polimetría, y trata una amplia serie de temas: el amor, el honor, la venganza, la religión, la muerte, el carácter del héroe romántico y el sino.
Como tema fundamental destaca el destino, entendido como una fuerza fatídica que domina la vida del protagonista y de los demás personajes, que causa sus muertes y que, en el caso de Don Álvaro protagonista, le hace perder incluso a su amada doña Leonor. Contra el destino no es posible sustraerse ni oponer resistencia, parece sentenciar el autor. Las violentas muertes de los personajes principales tienen como causante directo o indirecto al protagonista, quien termina quitándose la vida reconociendo el poder de la fatalidad sobre él. La obra está ambientada en Sevilla, a principios del siglo XVIII, tras la Guerra de Sucesión, y en otras localizaciones como Hornachuelos (Córdoba) y Velletri (Italia).
«Don Álvaro o la fuerza del sino», además, fue la base del libreto de Francesco Maria Piave para la ópera de Giuseppe Verdi «La fuerza del destino» (1862).
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Gotffried A. Bürguer 114 páginasEl escritor y científico Gotffried A. Bürguer se basó en la vida de un personaje real, Karl Friedrich Hieronymus, miembro de una de las familias más antiguas de la baja Sajonia, para escribir este libro. Hieronymus fue un militar nacido en 1720 que participó en varias campañas y, cuando volvió de ellas, se convirtió en el prmer “cantor” de sus propias aventuras, narrando sus hazañas con un toque fantástico e inverosímil. A lo largo de diecisiete capítulos el barón Münchausen cuenta sus aventuras en primera persona como si de un diario de viaje se tratara. El estilo característico de este tipo de narraciones –ceñidas a hechos reales, objetivos y sometidos al racionalismo humano– se ve alterado por acontecimientos tales como cabalgar sobre un caballo cortado por la mitad, visitar una isla de queso rodeada de un mar de leche, bailar en el estómago de una ballena, viajar a la Luna o bajar al infierno con Vulcano.
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Alba Saura Clares y Berta Guerrero Almagro (coords.) 210 páginas Los homenajes y recuperaciones del legado de Jorge Luis Borges parecen no resultar nunca suficientes. Desde nuestra posición, una consagración tan profunda al arte literario para nuestro deleite y estudio es añadir porciones a los territorios del «infinito mapa» –como escribía en su soneto a “Spinoza” de «El otro, el mismo»– que conforma la obra de Borges. En la estela de «Avatares del Hacedor. Jorge Luis Borges (1986-2016)» (Verbum, 2017) se presenta este volumen. Catorce ensayos que navegan por esta cartografía desde disímiles posiciones que confluyen en el espacio borgeano. Algunos artículos son prolongaciones de distritos conocidos; otros suponen el umbral de regiones novedosas. Volvemos a Borges para reconstruir los mapas sobre el arte y la historia pretérita, para cartografiar la realidad del presente y para vislumbrar los caminos hacia el futuro. El escritor argentino, desde la tradición hacia la contemporaneidad, nos sigue marcando el recorrido hasta las más excelsas expresiones artísticas de todos los tiempos.
