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Por Sebastián Jorgi

Escritor argentino, Profesor en Letras y crítico literario.

Estoy en una conocida cafetería de Villa del Parque, uno de los barrios más hermosos de la Capital de Argentina, a una hora del Centro. Leo Augustus, novela primeriza de Liliana Bellone, digo primeriza ya que fue escrita en su juventud, en verdad, sin embargo impregnada de una madurez asombrosa. A tal punto que en 1993 obtiene el preciado Premio Casa de las Américas.

Al recibir por correo esta cuarta edición de Augustus en el sello Verbum de Madrid, en 2026, en la colección dirigida por Eugenio Suárez Garbón, en la que figuran ilustres nombres como Vargas Llosa, Benito Pérez Galdós y Enrique Jardiel Poncela, me dije tras tal recepción, que la carrera literaria de Liliana Bellone arriba a un podio culminante-

Producto, claro, de un trabajo constante que mixtura poesía, investigación, docencia universitaria, y un automatismo creativo incesante en la ficción, sobre todo en la novela histórica, cuyos antecedentes son incontrastables.

Y que hoy festejamos en esta señera Casa del Escritor, la SADE, en esta sala histórica, con un panel de notables ensayistas   y al mismo tiempo prestigiosos cultores de la narrativa. Y así, entre cafés y medialunas fui avanzando en la lectura de Augustus, para destacar primero la destreza epistolar con cartas a Clara, a Elena, en la que describe una Buenos Aires “culta y elegante”.

Tales invocaciones sirven de excusa para compactar el/los tiempos, una pericia novelística que Liliana luce en obras: Chivilcoy. Tras los pasos perdidos de Julio Cortázar (Buenos Aires, El Mono Armado, 2022) y Rosa de Guayaquil (Madrid, Verbum, 2023). Y de pronto, la muerte de un político, Campassi, del Partido Demócrata Nacional, cito: “correligionario fiel” acaso como para signar cierta ironía por parte de nuestra autora. Ojo, me dije, sobreimpresiones entre líneas, que corren por mi cuenta.

Y avanzando se nota el despliegue narrativo proyectando el juego compositivo, tipo cajas chinas, tras un bello contrapunto entre un Yo y Clara. Después de hacer un alto en la lectura y seguir al día siguiente, Liliana me envió una nota firmada por Celia Bauab en Página 12 donde a su vez cita a Elisa Moyano que escribe: “El texto sigue la forma del fluir de la conciencia, sin orden cronológico”

Y recurro a un manual de épocas del Profesorado, del sello Fundamentos, Madrid, 1973, Morfonovelística de Cándido Pérez Gallego: “La moral confesional de revivir, de reconstruir el pasado, que se desvanece y aparece, en el discontinuo narrativo” me remite a los fragmentos, al deliberado · “no orden cronológico”

Nada más acertado, coincidí, como proponía Anderson Imbert, desparramar el caos y que el lector recomponga el cosmos, el corpus en el tempo del acontecer. Es en lo que estaba pensando a medida que me metía en los acontecimientos, los tramos, verdaderos mosaicos que a la postre conformarán la totalidad.

Liliana Bellone encuadra la novela desde una perspectiva pueblerina (Pinta tu aldea y serás universal), recordando a sus ancestros italianos (de Piamonte), sus fantasmas, donde luce, vuelvo a recalcar, el arte compositivo, la experimentación, temas que pueden asociarse a lo ejemplar del Boom, en este caso, como apuntaba inteligentemente Antonio Skármeta, en el Post-Boom.

También hay una ligazón con el cine, la cinta de la excelente cineasta argentina Lucrecia Martel, La ciénaga, que a su vez recrea la ambientación propuesta por Liliana. Es muy probable que 30 años después Augustus haya inspirado de alguna manera a Lucrecia para rodar La ciénaga.

El espacio, Campo Santo, arriesgo, es nuestra Latinoamérica profunda y enigmática, escindida entre lo mítico y el costumbrismo, fiel a la vida de los pueblos. De esta manera Liliana Bellone ensambla sus recuerdos en ricos monólogos, operaciones que nuestra escritora luce en toda su obra narrativa.

Y como si todas estas virtudes fueran pocas, se suma el bagaje cultural y de lectura infatigable, en sobreimpresiones que remiten a la mitología clásica (Elena, Medea, Diana), a la historia en los nombres de las protagonistas que evocan a Santa Elena, madre de Constantino de Constantinopla, cuya festividad es el 18 de agosto (mes de Augustus), Elena de Montenegro, reina de Italia, Isabel Clara Eugenia, reina de Austria, hija de Felipe II de España, Eugenia de Montijo, emperatriz de Francia, a la literatura de la modernidad a través de nombres como Verlaine, Tolstoi,  Balzac, a los máximos héroes de nuestra Independencia, San Martín y Belgrano.

Y uno descansa la lectura de Augustus, y trata de esbozar ideas para aproximarse a la imaginería de nuestra escritora. Y tomo un libro de teoría literaria para ajustar el comentario, en este caso Teoría de la narrativa de Mieke Bal, que se refiere a los niveles de acoplamiento y focalizaciones, en criollo en el hábil y equilibrado enlazamiento de los fragmentos que Liliana Bellone  ya  ha experimentado con gracia en sus otras novelas.

Y en esos acoplamientos del acontecer, se deslizan cuadros sociales, miradas clasistas, fraseos como “en la calle pasa la turba” y otras apelaciones más intimistas donde afloran resentimientos, penitencias bajo órdenes de la Madre Superiora…tramos que la memoria de nuestra escritora despliega sutilmente. (Ver págs. 77 y 78)

Esas intromisiones psicológicas en los personajes reproducen voces que reflejan la memoria colectiva y confrontaciones, por ejemplo en la pág. 58 leemos: “mire Campassi, decía el señor  Zabala, la democracia no es el mejor sistema de gobierno. Hay otros como la monarquía, por ejemplo. ¿No le parece un sistema óptimo? Yo creo que la monarquía es perfecta porque los súbditos  se acostumbran a las jerarquías y al orden”

Obviamente, la ironía es otra de las operaciones que suele exponer  con sutileza en su obra narrativa. Augustus, una novela compleja que debió sorprender al jurado de Casa de las Américas en 1993 y que hoy, seguimos disfrutando en esta nueva edición de Verbum.

Liliana Bellone, Enhorabuena.

Texto leído en SADE CENTRAL de Buenos Aires el 22 de abril de 2026

Adquiere el libro aquí: https://editorialverbum.es/libro/augustus/

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Por Sebastián Jorgi

Escritor argentino, Profesor en Letras y crítico literario.

Estoy en una conocida cafetería de Villa del Parque, uno de los barrios más hermosos de la Capital de Argentina, a una hora del Centro. Leo Augustus, novela primeriza de Liliana Bellone, digo primeriza ya que fue escrita en su juventud, en verdad, sin embargo impregnada de una madurez asombrosa. A tal punto que en 1993 obtiene el preciado Premio Casa de las Américas.

Al recibir por correo esta cuarta edición de Augustus en el sello Verbum de Madrid, en 2026, en la colección dirigida por Eugenio Suárez Garbón, en la que figuran ilustres nombres como Vargas Llosa, Benito Pérez Galdós y Enrique Jardiel Poncela, me dije tras tal recepción, que la carrera literaria de Liliana Bellone arriba a un podio culminante-

Producto, claro, de un trabajo constante que mixtura poesía, investigación, docencia universitaria, y un automatismo creativo incesante en la ficción, sobre todo en la novela histórica, cuyos antecedentes son incontrastables.

Y que hoy festejamos en esta señera Casa del Escritor, la SADE, en esta sala histórica, con un panel de notables ensayistas   y al mismo tiempo prestigiosos cultores de la narrativa. Y así, entre cafés y medialunas fui avanzando en la lectura de Augustus, para destacar primero la destreza epistolar con cartas a Clara, a Elena, en la que describe una Buenos Aires “culta y elegante”.

Tales invocaciones sirven de excusa para compactar el/los tiempos, una pericia novelística que Liliana luce en obras: Chivilcoy. Tras los pasos perdidos de Julio Cortázar (Buenos Aires, El Mono Armado, 2022) y Rosa de Guayaquil (Madrid, Verbum, 2023). Y de pronto, la muerte de un político, Campassi, del Partido Demócrata Nacional, cito: “correligionario fiel” acaso como para signar cierta ironía por parte de nuestra autora. Ojo, me dije, sobreimpresiones entre líneas, que corren por mi cuenta.

Y avanzando se nota el despliegue narrativo proyectando el juego compositivo, tipo cajas chinas, tras un bello contrapunto entre un Yo y Clara. Después de hacer un alto en la lectura y seguir al día siguiente, Liliana me envió una nota firmada por Celia Bauab en Página 12 donde a su vez cita a Elisa Moyano que escribe: “El texto sigue la forma del fluir de la conciencia, sin orden cronológico”

Y recurro a un manual de épocas del Profesorado, del sello Fundamentos, Madrid, 1973, Morfonovelística de Cándido Pérez Gallego: “La moral confesional de revivir, de reconstruir el pasado, que se desvanece y aparece, en el discontinuo narrativo” me remite a los fragmentos, al deliberado · “no orden cronológico”

Nada más acertado, coincidí, como proponía Anderson Imbert, desparramar el caos y que el lector recomponga el cosmos, el corpus en el tempo del acontecer. Es en lo que estaba pensando a medida que me metía en los acontecimientos, los tramos, verdaderos mosaicos que a la postre conformarán la totalidad.

Liliana Bellone encuadra la novela desde una perspectiva pueblerina (Pinta tu aldea y serás universal), recordando a sus ancestros italianos (de Piamonte), sus fantasmas, donde luce, vuelvo a recalcar, el arte compositivo, la experimentación, temas que pueden asociarse a lo ejemplar del Boom, en este caso, como apuntaba inteligentemente Antonio Skármeta, en el Post-Boom.

También hay una ligazón con el cine, la cinta de la excelente cineasta argentina Lucrecia Martel, La ciénaga, que a su vez recrea la ambientación propuesta por Liliana. Es muy probable que 30 años después Augustus haya inspirado de alguna manera a Lucrecia para rodar La ciénaga.

El espacio, Campo Santo, arriesgo, es nuestra Latinoamérica profunda y enigmática, escindida entre lo mítico y el costumbrismo, fiel a la vida de los pueblos. De esta manera Liliana Bellone ensambla sus recuerdos en ricos monólogos, operaciones que nuestra escritora luce en toda su obra narrativa.

Y como si todas estas virtudes fueran pocas, se suma el bagaje cultural y de lectura infatigable, en sobreimpresiones que remiten a la mitología clásica (Elena, Medea, Diana), a la historia en los nombres de las protagonistas que evocan a Santa Elena, madre de Constantino de Constantinopla, cuya festividad es el 18 de agosto (mes de Augustus), Elena de Montenegro, reina de Italia, Isabel Clara Eugenia, reina de Austria, hija de Felipe II de España, Eugenia de Montijo, emperatriz de Francia, a la literatura de la modernidad a través de nombres como Verlaine, Tolstoi,  Balzac, a los máximos héroes de nuestra Independencia, San Martín y Belgrano.

Y uno descansa la lectura de Augustus, y trata de esbozar ideas para aproximarse a la imaginería de nuestra escritora. Y tomo un libro de teoría literaria para ajustar el comentario, en este caso Teoría de la narrativa de Mieke Bal, que se refiere a los niveles de acoplamiento y focalizaciones, en criollo en el hábil y equilibrado enlazamiento de los fragmentos que Liliana Bellone  ya  ha experimentado con gracia en sus otras novelas.

Y en esos acoplamientos del acontecer, se deslizan cuadros sociales, miradas clasistas, fraseos como “en la calle pasa la turba” y otras apelaciones más intimistas donde afloran resentimientos, penitencias bajo órdenes de la Madre Superiora…tramos que la memoria de nuestra escritora despliega sutilmente. (Ver págs. 77 y 78)

Esas intromisiones psicológicas en los personajes reproducen voces que reflejan la memoria colectiva y confrontaciones, por ejemplo en la pág. 58 leemos: “mire Campassi, decía el señor  Zabala, la democracia no es el mejor sistema de gobierno. Hay otros como la monarquía, por ejemplo. ¿No le parece un sistema óptimo? Yo creo que la monarquía es perfecta porque los súbditos  se acostumbran a las jerarquías y al orden”

Obviamente, la ironía es otra de las operaciones que suele exponer  con sutileza en su obra narrativa. Augustus, una novela compleja que debió sorprender al jurado de Casa de las Américas en 1993 y que hoy, seguimos disfrutando en esta nueva edición de Verbum.

Liliana Bellone, Enhorabuena.

Texto leído en SADE CENTRAL de Buenos Aires el 22 de abril de 2026

Adquiere el libro aquí: https://editorialverbum.es/libro/augustus/

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