Antonio San Miguel Roldán

86 páginas

En la primera página de A riesgo de ser niño, Antonio San Miguel se pregunta, citando a Nicanor Parra: ¿Cuántos brazos me quedan por abrir? Y es que todo el libro es una invitación a abrir los brazos, el corazón, las conciencias, a situaciones que nos conmueven; sobre todo si nos permitimos abrir los enlaces que encabezan casi todos los poemas.

Te invito, querido lector, a que veas las fotografías que sugieren cada poema. Y desde el primer poema nos arrastra como un hilo invisible desde imágenes duras, a veces brutales; y sus palabras se transforman en golpes secos en nuestras conciencias sin caer en la fácil sensiblería: “pues el futuro escribe con renglones de muerte / la historia de estos niños. / ¿A dónde podré ir que no se me sienta / tan culpable en la acción de no hacer nada? Me llama la atención cómo el poeta en este libro pone su foco en los niños, la parte más débil y más sensible en todos los conflictos; en su dolor, su soledad, su abandono, etc. No te quedes mirando / y ayúdame, lector, / a terminar con sangre estos malditos versos, / porque vienen de las verdades últimas / por este arroyo, ahora, infranqueable, nos ruega Antonio San Miguel, impotente ante tanto desvalimiento. Por momentos me recuerda a César Vallejo; por ejemplo, en sus versos de Poemas humanos: Un hombre pasa con un pan al hombro / ¿Voy a escribir, después, sobre mi doble? […] Un albañil cae de un techo, muere y ya no almuerza / ¿Innovar, luego, el tropo, la metáfora?