Por Clara Janés
Publicado en:
www.adamar.org
¿Existiría el mar si no existieran los fondos abisales y la superficie terrestre en que se apoya? ¿Se daría el oleaje sin el agua y su secreto fondo que alberga la fórmula que la constituye? La poderosa obra de María Zambrano se presenta ante los ojos del lector precisamente así, como un piélago ondeante de cuyo remoto asiento apenas se tiene noticia, tan sumergido se halla en las honduras. Ahora, un estudioso que estuvo muy próximo a ella, Jesús Moreno Sanz, movido por su
sim-patía, ha dado el arriesgado salto para zambullirse hasta esas regiones que los demás no llegamos siquiera a intuir, e ir localizando y captando los fundamentos. Esto es lo que rescatan los cuatro volúmenes que constituyen
El logos oscuro: tragedia, mística y filosofía en María Zambrano. El eje de El hombre y lo divino, los inéditos y los restos de un naufragio. Pero Moreno Sanz, al ir reconstruyendo, desde aquellos puntos de partida, la secreta red cristalina del pensamiento de nuestra filósofa, está, de hecho, ofreciendo un dinámico panorama de la filosofía occidental del siglo XX y sus nexos con Oriente. Se trata de una obra de gran alcance, extremadamente precisa y lúcida, a la que no escapa detalle.
La cercanía y amistad de Jesús Moreno Sanz con la filósofa, que lleva implícitas conversaciones y acceso a inéditos, cartas o libros anotados, no basta para explicar estos volúmenes. Es la misma naturaleza de su autor y su mentalidad abarcadora la que le permite ir creando una trama sutil entre el pensamiento zambraniano y el de otros pensadores. Así, el contenido de su obra se convierte en una danza de rueda que enlaza a modernos y antiguos, desde Empedocles, Platón, Aristóteles, Lao-Tse, Al-Hallâj, Ibn Arabí, Jacob Boehme o Eckhart hasta Hegel, Scheler, Benjamín, Merleau-Ponty, Jaspers, Heidegger, Cioran, Massignon, Jung o Levinas, y por supuesto, Ortega y Nietzsche, y distintos poetas como San Juan de la Cruz o Lezama Lima. Todos ellos son puntos guías para el propósito confeso de Jesús Moreno Sanz: “En definitiva, aquí se cifrará uno de los temas mayores de la posible aportación de Zambrano al pensamiento contemporáneo y sus posibilidades de futuro, que, de momento, sólo cifraré en la reiterada ironía que, como un soniquete zumbón, le lanzaba Lezama a Zambrano: «
María, que se te escapa el sujeto.» Hemos de corroborar si se le perdió el sujeto a las penumbrosas razones de la pensadora española, o saca a éste de los reduccionismos conciencialistas e idealistas y lo lleva a un territorio
aún inédito donde pueda renacer”.
El tema que marca el norte de la investigación, latente en toda la obra de Zambrano, y cuyo fondo investiga tan a conciencia Moreno Sanz, es su intento de abarcar de modo unitivo religión, filosofía y poesía, aquello que desemboca en la
razón poética, y cuyo núcleo se halla en la obra
El hombre y lo divino. Es este libro el eje del trabajo y de él se nos dice: “se mueve entre dos polos: el
homo absconditus y el
Deus absconditus”. Por ello la vía zambraniana, en último término, será mística, ya que la cuestión rebasa a la vía racional, y será abierta y ambigua.
El estudioso se lanza con ímpetu a perseguir su objetivo y, como consecuencia, las páginas que escribe emanan una fuerza especial que se debe, sin duda, a que su propio pensamiento se halla implicado “en esta pesquisa”, pues “en nosotros «algo» muy radical e indomesticado sigue alentando, como si dijésemos con el que tanto recorreremos aquí, Jacob Boehme, que en nosotros Dios mismo resiste”, dice; y añade: “resiste en nosotros, deviene ocurrencialmente y se pliega a nuestra noche.” El impulso de Moreno Sanz es tan fuerte porque existe una necesidad imperiosa: “ir saliendo de esta terrorífica noche nihilista del sinsentido, fuente ella misma de todos los terrores personales y culturales que nos sumen en la barbarie más desconsoladora, en este desierto que crece y crece mientras el hombre está siendo cruelmente sacrificado, oprobiosamente encerrado en diversos campos concentracionarios, como tan desconsoladoramente viera el último maestro de Zambrano, Massignon”. En el fondo, pues, el objeto que pone en marcha todos estos movimientos mentales es el hombre y, ante todo, el hacer frente a su fracaso, la “traición a la palabra” –según Zambrano–, y hallar en el fracaso un destello “que nos concita a proseguir indagando en las raíces de la esperanza.”
Tal vez por este motivo es refiriéndose a Bloch, autor de
El principio esperanza (1955), donde Moreno Sanz nos da la clave más abarcadora del amplio panorama que despliega: “pues, para la singular teología atea de Bloch, el secreto del hombre, su misterio, se encuentran en la religión, y su constante penetración en el espacio de la divinidad. Lo humano, dirá él,
conquista ahora el misterio de un algo divino. Pues
lo totalmente otro no está sino referido a lo humano.” Y prosigue el autor remitiendo también a R.Otto: “lo numinoso, el misterio, no es sino el secreto de lo humano. Así, la religión es la expresión de la más profunda esperanza humana. Es preapariencia de la esencia. Apunta en el sentido esencial del ser, la utopía, y en el sentido radical del hombre: el
seréis como Dios bíblico. Y el contraeco de Zambrano hallará aquí la que, desde la Introducción,
El hombre y lo divino llama
la nueva religión sin Dios, de la religión de lo humano. Y lo humano ascendido así a ocupar el puesto de lo divino”, aunque ello desemboca “en un juego sin escape de fatalidades, sacrificios y crímenes en nombre de los dos dioses oscuros: la historia y el futuro.”
Esta profunda preocupación, y este anhelo de descifrar el binomio hombre-Dios, ambos ocultos, no logra desvelar para la razón el enigma, por ello nuestra filósofa se expresa siguiendo el modo del “corazón”, cuyo origen sitúa Moreno Sanz en “la precisión de los sutiles martillazos de Zambrano por ir tallando la faz del
hombre verdadero, que acabará encontrando su mejor modelo en el islamismo, y muy en concreto en el sufismo.” Así podrá escribir también: “todo el pensar de Zambrano se vuelca hacia una doble perspectiva: de un lado, esa doble tradición griega y judeo-cristiana; y de otro, al modo de confrontarlas que es ya el de la
razón poética, es decir, esa acepción de la razón que se sumerge en lo “otro”, en la obscuridad –en el
logos oscuro–, el abandono, el avasallamiento de aquellas zonas de la vida que no han llegado a ser, y en las que, sin embargo, se encuentran las raíces de
la vida del ser”. Se trata de completar ese “
ser a medias nacido” –el hombre–, ese ser que barrunta pero no logra descifrar el secreto, la raíz de la vida. ¿Puede haber tema que más nos incumba?
Jesús Moreno Sanz, un ser temerario, no ceja: en estos cuatro volúmenes (casi dos mil páginas) rastrea incesante la espiral que sus hallazgos van conformando. Y no dudamos que todavía seguirá y nos dará otras muchas páginas, abriéndonos los ojos y aclarando recovecos y resquicios que nos permitan ver algo más de luz en los fondos abisales del pensamiento humano.