Una conocida artista expone su obra en una galería de arte. Su éxito queda en entredicho con la demanda judicial de un visitante, debido al contenido de un cuadro. Es acusada y enjuiciada, lo cual paraliza su vida creativa. Mientras espera la resolución, recuerda y repasa su pasado inmediato: otro tiempo en el que también su vida se paralizó, pero por una razón diferente, mucho más importante y poderosa. Entonces, los médicos le diagnosticaron una enfermedad rara a la hija, una niña de ocho años. Una enfermedad de la que se conocía muy poco y que no sabían cómo combatir. Ahora, con este mal paso del cuadro y los días vacíos en espera de la resolución, su mente le trae recuerdos de los vaivenes vividos con su hija y de cuando esta “jugaba” con la esperanza de vivir.
Book Trailer Libros que voy leyendo, sobre El baile de los delfines Entrevista a Julia Villares en Questió d´Imaginació Reseña en el blog "Un lector indiscreto" Entrevista en el programa de radio "Perspectivas" Reseña en "Libros que hay que leer" Reseña en el blog Bourbon Street El baile de los delfines, en Bookeando Entrevista a Julia Villares en esmiradio.es-
José Vicente VinuesaA decir verdad, nadie parecía haber asesinado al embustero; aunque era un hecho consumado —a tenor de lo visto—, que estaba muerto. Su hijo, la viuda y algún amigo —en una rara escala de compromisos ambiguos— fueron los únicos que trataron de averiguar más acerca del trágico e inexplicable suceso. Pero lo que más sorprendió a todos fueron las eliminaciones selectivas en las que estuvo directamente involucrado el muerto, como hacedor principal. “Si llego a saberlo jamás me habría alejado de él”, diría Rafaela —su viuda—, arrepentida por haberlo ninguneado. “No te creas nada, es una farsa”, señaló un viejo enemigo del embustero. ¿Qué había sucedido realmente?, ¿y qué interés podían tener sus allegados sino descubrir al sutil albedrío? Mucho antes, el difunto ya lo advirtió a sus íntimos: “Es una entelequia. Me figuro las cosas de otra manera; como si todo estuviera en un cuadro donde se me permite alterar algún detalle. ¿Ves esa escena? No puedo cambiar ni el principio ni el fin ni el con quién, pero sí el cómo. Es una composición maltrecha; voy a desbaratarla para ver qué sale luego…, y desde allí para siempre. Empecemos”.
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150 páginas
La novela es una parábola donde el texto se transforma en realidad y viceversa. El Balneario es una minúscula provincia de un reino que, gracias a sus aguas medicinales y a su casino, es una mina de oro para el estado. Dicha provincia está gobernada por un magistrado que actúa como un dictador y donde, junto a él, varios personajes arquetípicos (el Filósofo, el Novelista, el Actor, el Eremita o el Héroe) monologan sobre el tema del poder y de su control. A estos monólogos pone glosas un Autor, el cual proclama su soberanía sobre El Balneario y sus moradores, anticipa crónicas literarias, psicológicas y sociológicas de la novela El Balneario y termina confundiendo la realidad con la ficción, para luego acabar internado en un manicomio.
Libro de estructura aparentemente simple, pero donde cada personaje, valga el símil, canta su propia aria lo que da lugar a una compleja polifonía a la que sirve de contrapunto la voz sin nombre del autor, una especie de Godot al que, sin saberlo, esperan en El Balneario.
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Giovanna Mapelli El fútbol femenino ocupa hoy un espacio cada vez más visible en los medios de comunicación, aunque su representación sigue marcada por tensiones entre estereotipos y cambio. Desde una perspectiva interdisciplinar, que combina la pragmática discursiva y el análisis crítico del discurso, este volumen examina cómo la prensa configura discursivamente el fútbol practicado por mujeres, revelando tanto los sesgos persistentes como los procesos de transformación que atraviesan el relato futbolístico contemporáneo. El ensayo ofrece una aportación relevante al estudio de las relaciones entre lenguaje, género y deporte, y una reflexión sobre la capacidad del discurso mediático para reproducir o cuestionar las estructuras de poder en la cultura deportiva actual. -
Rosa Cardinale 258 páginas La figura del bandolero en la literatura es madrugadora, ha cambiado en concordancia con los tiempos y al menos desde el siglo XVI está transida de estereotipos, entre los que predomina la imagen del personaje justiciero y generoso. Para ello, ha hecho varias calas desde la imagen del bandolero en obras literarias significativas de varios autores canónicos del Siglo de Oro, de Pérez Galdós, Espina, Martínez Laínez y otros. -
Platón “Según Hesíodo, el caos existió al principio, y enseguida apareció la tierra con su vasto seno, base eterna e inquebrantable de todas las cosas, y el Amor. Hesíodo, por consiguiente, hace que al caos sucedan la Tierra y el Amor. Parménides habla así de su origen: el Amor es el primer dios que fue concebido. Acusilao ha seguido la opinión de Hesíodo. Así, pues, están de acuerdo en que el Amor es el más antiguo de los dioses todos. También es de todos ellos el que hace más bien a los hombres; porque no conozco mayor ventaja para un joven, que tener un amante virtuoso; ni para un amante, que el amar un objeto virtuoso. Nacimiento, honores, riqueza, nada puede como el Amor inspirar al hombre lo que necesita para vivir honradamente.” -
Zoé Valdés Estos poemas podrían ser cantados con la cálida fiereza de Olga Guillot o con el desgarrado paladeo del desamparo de Bessie Smith. Mientras, al fondo, Mallarmé susurra “La carne es triste”. Una lectura atenta de los versos que componen este volumen de vocación unitaria, dionisíacos y entusiásticos en su ánimo, provocadores en su expresión, en su sobreabundancia, terminan por revelar un vacío. Una ausencia que se convierte en grito. Como toda memoria, la voz poética convoca, redescubre y viste recuerdos estáticos desde una melancólica urgencia presente. El desbordamiento sensorial, al que acuden los cinco sentidos, pareciera precipitar una furia, un desproporcionado apetito, una voracidad ilimitada. La sensualidad transgresiva de estos poemas, vertida en un lenguaje descarnado, no oculta una profundidad de los sentimientos. Tal vez, esta Zoé, japonesa, como en los grabados eróticos de Utamaro, únicamente quisiera expresar “el mundo que fluye” en su más cruda realidad. Pío E. Serrano“En el poema alcanza Ud. eso que llaman levitación, extraña facultad sólo dispensada a los místicos a los poetas, y acaso a los epilépticos que son seres fuera de serie, con un pie aquí y otro allá”.
Dulce María Loynaz
“Leer a Zoé Valdés es comprobar lo que escribe José Lezama Lima: ‘la poesía ve lo sucesivo como simultáneo’. Sus poemas no conocen receso o pausa en la emoción”.
Jean-François Fogel
“Zoé, muy admirada, te releo, te oigo, hasta que te hiciste visible. Qué impacto fulgurante esos juegos inocentes. Me encanta que estés escribiendo así, al borde del abismo”.
Gonzalo Rojas
“A todos [poetas jóvenes cubanos] los leo con interés pero quiero señalar a Zoé Valdés porque lo poco que conozco de ella me interesa mucho. Es ‘bien criolla’, como diría un francés”.
Gastón Baquero
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Miguel Sales Figueroa Con autores como Miguel Sales termina el ciclo de quienes pueden dar un testimonio de la Cuba anterior a la llegada del castrismo. Ese humor que para los de mi generación, nacida al albor del experimento fallido de 1959, guarda lo que llamamos “el sabor de otros tiempos”, no podrá renovarse ni ser utilizado por los que vinimos después. Ni sabemos nada de los equipos de pelota de entonces, de los burdeles del barrio de Colón ni de los cines de barrio y sus célebres matinées. ¡Todo un telón de fondo desaparecido y ya olvidado del que solo quedará la literatura y algunas que otras cintas documentales de celuloide cada vez más borrosas por el tiempo transcurrido! Uno de los muchos méritos de este libro (además de hacernos reír, condición inapelable del “cuento cubano”) es la invisible frontera que traza el narrador entre fabulación y realidad. Cualquiera dirá que eso es propio de toda ficción literaria. Que como sucedió con Flaubert y la confusión intencional con su personaje de Madame Bovary, es usual que el autor encarne la historia y a muchos de sus personajes. La diferencia, al menos en este caso, es que, aunque no quede prácticamente nada del viaje del arcángel Rafael hasta América, de la utopía castrista, de la presencia de los chinos en la Isla o de la casona de los Fitzgerald, nadie podrá desmentir ya, una vez leídos estos cuatro cuentos, la existencia de todos y cada uno de los personajes y episodios que Miguel Sales nos cuenta con tanta verosimilitud. WILLIAM NAVARRETE -
Tirso de Molina 148 páginasEl burlador de Sevilla y convidado de piedra es una de las obras más destacadas del teatro barroco español. En ella aparece en todo su esplendor la figura de don Juan Tenorio, el conquistador de mujeres que luego serviría de base para cientos de obras de diversos géneros y en diversas lenguas, pues don Juan es el personaje más célebre e internacional de las letras. En esta pieza –un producto típico de la Contrarreforma– se nos habla de un libertino que desprecia a Dios y a la otra vida y que acaba sufriendo el castigo que la religión impone al pecador. El tema del seductor junto con el del osado que invita a cenar a un muerto al que ha ofendido en vida forjan un argumento de irresistible fuerza y grandes efectos dramáticos.
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Alejandro Dumas 256 páginas En 1718 se produjo en Francia la llamada “Conspiración de Cellamare”, el primer intento de derrocar al duque Felipe de Orleans. Raoul de Harmental, a quien han despojado de su regimiento, olvidándose de los servicios prestados al difunto monarca, acepta tomar parte en la conspiración. Esta novela mezcla intriga y amor y fue llevada al teatro en un drama en cinco actos que se estreno en el Theatre Historique el 26 de Julio de 1849. La novela fue escrita por Dumas con la colaboración de Auguste Maquet y tuvo dos ediciones en 1842: una en Bruselas (Hauman et Cie, 3 vols., 1842) y otra en París (Dumont, 4 vols., 1842). -
Lope de VegaEl caballero de Olmedo es una obra de teatro de Lope de Vega escrita seguramente entre 1620 y 1625 y basada, como otras del mismo autor, en una canción popular:
Que de noche le mataron al Caballero, la gala de Medina, la flor de Olmedo.
La obra suele clasificarse como una tragedia (o tragicomedia), ya que introduce elementos propios de este género en su tradición clásica, como la presencia de un coro, el desenlace fatal de su protagonista o la temática del destino como fuerza inexorable que se impone a los personajes. Pese a ello, los dos primeros actos de la obra contienen muchos elementos en común con otras comedias lopescas de tema romántico.
