Información adicional
| Peso | N/D |
|---|---|
| Dimensiones | N/D |
| Formatos | Digital, Papel |
Cartografía corporal
106 páginas
Siento en [estos] cuentos la frescura de quien relata historias porque quiere entablar un diálogo con el lector y usa para ellos más de una voz narrativa; una autora que maneja con viveza los diálogos y juega con el lenguaje coloquial. Hábil para trazar dos personajes protagónicos, Azucena y Lucía, que se alternan inteligentemente y, casi sin que el lector se dé cuenta, dan organicidad al conjunto de las historias, como si el libro creciera con ellas. Por último, es innegable su especial facilidad para crear ambientes. Pero decir esto no haría justicia total al libro. Debemos añadir su erotismo, sin que ello se adueñe del tono y del lenguaje de la obra, voz de mujer que se revela/rebela a través del erotismo, rasgo al que ya se ha referido Roberto González Echevarría en su prólogo a un libro de poemas de la autora: Cimarrona ; los momentos de ingenuidad, por la cual los personajes protagónciso se empeñan en contar historias haciendo trasparente el trasfondo humano, cultural y político; y por último, una vocación de frontera que trata de matizar la experiencia del exilio al presentar «el extranjero suelo» como una compleja nación de diferentes culturas donde cada Estado obligará a una nueva reinvención de la identidad del exiliado.
Madeline Cámara
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106 páginas
Siento en [estos] cuentos la frescura de quien relata historias porque quiere entablar un diálogo con el lector y usa para ellos más de una voz narrativa; una autora que maneja con viveza los diálogos y juega con el lenguaje coloquial. Hábil para trazar dos personajes protagónicos, Azucena y Lucía, que se alternan inteligentemente y, casi sin que el lector se dé cuenta, dan organicidad al conjunto de las historias, como si el libro creciera con ellas. Por último, es innegable su especial facilidad para crear ambientes. Pero decir esto no haría justicia total al libro. Debemos añadir su erotismo, sin que ello se adueñe del tono y del lenguaje de la obra, voz de mujer que se revela/rebela a través del erotismo, rasgo al que ya se ha referido Roberto González Echevarría en su prólogo a un libro de poemas de la autora: Cimarrona ; los momentos de ingenuidad, por la cual los personajes protagónciso se empeñan en contar historias haciendo trasparente el trasfondo humano, cultural y político; y por último, una vocación de frontera que trata de matizar la experiencia del exilio al presentar «el extranjero suelo» como una compleja nación de diferentes culturas donde cada Estado obligará a una nueva reinvención de la identidad del exiliado.
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