Historia cómica del arte, por Enrique Gallud Jardiel
Reseña del nuevo libro de humor de Enrique Gallud Jardiel aparecida en el blog de cine, literatura y viajes, «Sentir la diferencia».


Mucho más reciente es la reproducción a tamaño real de la Capilla Sixtina llevada a cabo por una conocida compañía del entretenimiento made in USA, con la idea de servir de contexto a otra conocida serie televisiva, y no creo yo que ningún crítico deba rasgarse las vestiduras por ello.
Pues bien, llega ahora Historia cómica del arte, de Enrique Gallud Jardiel, para liberar definitivamente el clavo de la devoción estética.
«La mastaba era una pirámide truncada, lo que indicaba que el presupuesto se había acabado antes de terminarla» se afirma en dicho texto en el capítulo dedicado al arte egipcio, lo que ya nos da idea del tono de la obra: jovial y respetuoso, salpimentado de introitos cotidianos, porque el arte no escapa o no debe escapar a la vida.
Organizada en dieciocho secciones que van desde el arte rupestre hasta el «incongruente arte del siglo XX», los títulos de cada epígrafe son también bastante ilustrativos de las intenciones del texto: «El hortera arte rococó y el cursi arte neoclásico»; «Las divertidas artes mesopotámica, persa y hebrea»; «El simpático arte impresionista»; etc. Adjetivos inusuales para definir los diferentes períodos artísticos de la historia de la humanidad.

Gregorio Marañón afirmaba que la crítica consiste en descubrir una arruga en el cuello de la persona a la que se ama. Ahora bien, uno puede rechazar esa arruga o uno puede sentirse más humano ante ella y, por lo tanto, más próximo. Sin duda, la actitud de Gallud apunta directamente a esa segunda posibilidad.

Dentro del romanticismo, en opinión de nuestro autor, se «muestran acontecimientos de carácter heroico: revoluciones, barricadas, batallas, reuniones de vecinos y carreras de sacos. Los temas medievales, históricos y bélicos en general estaban a la orden del día, porque los pintores románticos, como las criadas de pueblo, tenían debilidad por los uniformes»; lo que se me antoja un magnífico ejemplo de la grandeza artística atenuada por destellos de la vida corriente: un modelo de parodia sin heridas ni sangre, pues de lo que se trata no es de ridiculizar a los creadores sino de observarlos desde un prisma adecuado al común de los mortales.


Relativicemos, pues, relativicemos, riámonos de nosotros, de los valores consagrados, que aquí somos todos contingentes, y sintámonos más ligeros, porque pudiera ser que un plato rebosante de fruta fresca nos hiciera disfrutar más que el mejor bodegón de Cézanne, y mira que me gusta Cézanne.
Francisco Javier Rodríguez Barranco
La reseña original:
http://sentir-la-diferencia.blogspot.com.es/2017/08/historia-comica-del-arte-por-enrique.html
El libro:
http://editorialverbum.es/producto/historia-comica-del-arte
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Historia cómica del arte, por Enrique Gallud Jardiel
Reseña del nuevo libro de humor de Enrique Gallud Jardiel aparecida en el blog de cine, literatura y viajes, «Sentir la diferencia».


Mucho más reciente es la reproducción a tamaño real de la Capilla Sixtina llevada a cabo por una conocida compañía del entretenimiento made in USA, con la idea de servir de contexto a otra conocida serie televisiva, y no creo yo que ningún crítico deba rasgarse las vestiduras por ello.
Pues bien, llega ahora Historia cómica del arte, de Enrique Gallud Jardiel, para liberar definitivamente el clavo de la devoción estética.
«La mastaba era una pirámide truncada, lo que indicaba que el presupuesto se había acabado antes de terminarla» se afirma en dicho texto en el capítulo dedicado al arte egipcio, lo que ya nos da idea del tono de la obra: jovial y respetuoso, salpimentado de introitos cotidianos, porque el arte no escapa o no debe escapar a la vida.
Organizada en dieciocho secciones que van desde el arte rupestre hasta el «incongruente arte del siglo XX», los títulos de cada epígrafe son también bastante ilustrativos de las intenciones del texto: «El hortera arte rococó y el cursi arte neoclásico»; «Las divertidas artes mesopotámica, persa y hebrea»; «El simpático arte impresionista»; etc. Adjetivos inusuales para definir los diferentes períodos artísticos de la historia de la humanidad.

Gregorio Marañón afirmaba que la crítica consiste en descubrir una arruga en el cuello de la persona a la que se ama. Ahora bien, uno puede rechazar esa arruga o uno puede sentirse más humano ante ella y, por lo tanto, más próximo. Sin duda, la actitud de Gallud apunta directamente a esa segunda posibilidad.

Dentro del romanticismo, en opinión de nuestro autor, se «muestran acontecimientos de carácter heroico: revoluciones, barricadas, batallas, reuniones de vecinos y carreras de sacos. Los temas medievales, históricos y bélicos en general estaban a la orden del día, porque los pintores románticos, como las criadas de pueblo, tenían debilidad por los uniformes»; lo que se me antoja un magnífico ejemplo de la grandeza artística atenuada por destellos de la vida corriente: un modelo de parodia sin heridas ni sangre, pues de lo que se trata no es de ridiculizar a los creadores sino de observarlos desde un prisma adecuado al común de los mortales.


Relativicemos, pues, relativicemos, riámonos de nosotros, de los valores consagrados, que aquí somos todos contingentes, y sintámonos más ligeros, porque pudiera ser que un plato rebosante de fruta fresca nos hiciera disfrutar más que el mejor bodegón de Cézanne, y mira que me gusta Cézanne.
Francisco Javier Rodríguez Barranco
La reseña original:
http://sentir-la-diferencia.blogspot.com.es/2017/08/historia-comica-del-arte-por-enrique.html
El libro:
http://editorialverbum.es/producto/historia-comica-del-arte
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