Santa Teresa de Jesús (1515, Ávila – Alba de Tormes, 1582) comenzó a sentir una exaltación mística desde muy pequeña y a los siete años se escapó con su hermano en busca de martirio. A los doce años, estando ya en casa, muere su madre, lo que le afectó profundamente y parece que decidió su vocación religiosa.

Cuatro años después ingresó en en el convento de Santa María de Gracia, obligada por su padre, y el 3 de noviembre de 1534 profesó en el convento de la Encarnación de Ávila. Poco después cayó gravemente enferma y aparecieron los primeros síntomas de neurosis. En 1537 sufrió un ataque de parasismo y durante dos años estuvo paralítica.

Una vez recuperada, su fe se debilitó, hasta que volvió al pasado ardor religioso porque “Cristo se me apareció con airado semblante”.

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