Reseña de «La mujer que quiso ser amada por Dios: Sor Juana Inés en la cruz de la crítica», de Emil Volek
Reseña de Virginia Gil Amate aparecida en el boletín Nº 8 del CeMaB (Centro de Estudios Iberoamericanos Mario Benedetti) del libro de Emil Volek, «La mujer que quiso ser amada por Dios: Sor Juana Inés en la cruz de la crítica».

El estudio de Volek divide el trabajo que conducirá al lector de estas páginas hacia una concepción cabal de la autora y su obra en dos partes, no señaladas como tales en el índice. La primera traza la cronología vital y establece, en la medida de lo posible y con fundamentos sólidos, la datación de las piezas que componen su ingente obra. Lo que hay detrás de ese entramado son años empleados en consultar y confrontar las primeras ediciones de la obra y en contrastar estas con las ediciones modernas, no se le esconde esto a ningún investigador aunque pueda sorprender a los muchos amigos con los que ahora cuenta la publicación rápida y casi improvisada. El resultado crítico de esa larga paciencia, a veces, matiza y, las más, varia la visón estereotipada que campea por ahí de la autora. Por ejemplo, al alargarse el conflicto con el padre Núñez antes de que Sor Juana decidiera cambiar de confesor, menguan las presunciones de orden feminista o la reconversión del personaje a lo laico, comunes en nuestra época, y ganan peso las tensiones religiosas que atenazaron a la monja en la suya. Con detalle va demostrándolo Emil Volek en «Hacia un cronograma de la vida y la obra de Sor Juana: del nacimiento a los marqueses de la Laguna» y en «Cronograma II: los poemas dedicados a los marqueses y la «Carta de Monterrey»». Igual pasa con el generalmente aceptado sometimiento y el consiguiente abandono de la escritura de Sor Juan Inés de la Cruz tras la Respuesta a Sor Filotea, decretado en obras que han creado no solo una cronología errónea, sino también una imagen deformada de lo que ella fue y vivió y del papel de aquellos que la rodearon. A llenar con datos y hechos textuales (las loas 384 y 396; los romances 40, 41, 42, 43, 49bis y 50; las seguidillas 80; la silva 215, entre otras composiciones) ese supuesto mutismo se dedican el «Cronograma III: la vida y la obra de Sor Juana después de los marqueses de la Laguna» y el «Cronograma IV: el «clan» sorjuanista, los corresponsales peruanos, el fin».
[bctt tweet=»Reseña de «La mujer que quiso ser amada por Dios: Sor Juana Inés en la cruz de la crítica», de Emil Volek» username=»EditorialVerbum»]
Sobre los sólidos cimientos de este trabajo filológico se asientan los seis análisis textuales que completarán el volumen de Volek. En ellos volverá a ponerse de manifiesto que la labor crítica no puede desentenderse de la «íntima relación entre el texto literario y el contexto vital e histórico de su origen» (p. 70) y en la misma media tampoco se entenderá el marco histórico, aquello que ya pasó y fue, «sin una lectura cuidadosa» (p. 70) de la obra literaria. Sin embargo, una de las calamidades que soporta nuestro ámbito de estudio, desde las florituras de Derrida y Barthes, es la de haber «enfatizado el aspecto «creativo» de su quehacer y ha tomado el texto como mero pretexto para la invención de su propia obra «crítica», original» (p. 45). Y por si alguno cree que tal tendencia, sumada a los cantos de la teoría de la recepción, bien explicados por el profundo conocedor de las diversas corrientes críticas que atronaron durante el siglo XX que es Emil Volek, nos dotan de mucha libertad y amplias posibilidades de conocimiento, en este libro están señalados, para el caso de Sor Juana, los múltiples errores de índole textual, cronológica o interpretativa que fueron, en un principio, hipótesis más o menos felices de algún nombre incuestionado y pasaron a ser verdades más firmes que las reveladas de tanto repetir y amplificar lo mismo. Porque, como señala el autor, con el humor adquirido después de tanto hartazgo, el pensamiento postmoderno será débil pero las escuelas, y sus figurones, mandan (y obligan) mucho.
Nadie que lea este libro podrá sostener ya sin sonrojo que Juana Ramírez de Asbaje no tuvo vida hasta que esta se cruzó con los virreyes de México, que pudo escribir lo que quiso porque contó con la protección del palacio virreinal en tiempos de los marqueses de Mancera y en los de los de la Laguna y que al partir estos últimos para España comienza el principio del fin para Sor Juana. Mucho menos que su obra sea un abultado catálogo de efusiones sentimentales, inspirada por amores humanos concretos e intimidades varias con María Luisa Manrique de Lara. No habrá favores de una tierna amistad como motor de los primeros libros publicados de la autora y sí intereses concretos por ambas partes. Si no destruida, al menos quedará temblando, la trama redonda y sin fisuras que han protagonizado hasta la fecha el confesor de la monja, el marqués de Galve, el arzobispo de México y el obispo de Puebla. Será difícil ver a Sor Juana asustada o disimulando su dominio intelectual y literario en la Respuesta a Sor Filotea, será difícil convertirla en un inquietante sujeto subalterno y, finalmente, tendremos que dejarla, siguiendo a Volek, ser monja y contemplar, a través de su obra, los debates internos que la llevaron, con plenitud de facultades, a abandonar el festival que rodeaba su figura para encaminarse a lo que había pretendido y expresado en buena parte de sus composiciones poéticas, «a ser amada por Dios».
Virginia Gil Amate
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Reseña de «La mujer que quiso ser amada por Dios: Sor Juana Inés en la cruz de la crítica», de Emil Volek
Reseña de Virginia Gil Amate aparecida en el boletín Nº 8 del CeMaB (Centro de Estudios Iberoamericanos Mario Benedetti) del libro de Emil Volek, «La mujer que quiso ser amada por Dios: Sor Juana Inés en la cruz de la crítica».

El estudio de Volek divide el trabajo que conducirá al lector de estas páginas hacia una concepción cabal de la autora y su obra en dos partes, no señaladas como tales en el índice. La primera traza la cronología vital y establece, en la medida de lo posible y con fundamentos sólidos, la datación de las piezas que componen su ingente obra. Lo que hay detrás de ese entramado son años empleados en consultar y confrontar las primeras ediciones de la obra y en contrastar estas con las ediciones modernas, no se le esconde esto a ningún investigador aunque pueda sorprender a los muchos amigos con los que ahora cuenta la publicación rápida y casi improvisada. El resultado crítico de esa larga paciencia, a veces, matiza y, las más, varia la visón estereotipada que campea por ahí de la autora. Por ejemplo, al alargarse el conflicto con el padre Núñez antes de que Sor Juana decidiera cambiar de confesor, menguan las presunciones de orden feminista o la reconversión del personaje a lo laico, comunes en nuestra época, y ganan peso las tensiones religiosas que atenazaron a la monja en la suya. Con detalle va demostrándolo Emil Volek en «Hacia un cronograma de la vida y la obra de Sor Juana: del nacimiento a los marqueses de la Laguna» y en «Cronograma II: los poemas dedicados a los marqueses y la «Carta de Monterrey»». Igual pasa con el generalmente aceptado sometimiento y el consiguiente abandono de la escritura de Sor Juan Inés de la Cruz tras la Respuesta a Sor Filotea, decretado en obras que han creado no solo una cronología errónea, sino también una imagen deformada de lo que ella fue y vivió y del papel de aquellos que la rodearon. A llenar con datos y hechos textuales (las loas 384 y 396; los romances 40, 41, 42, 43, 49bis y 50; las seguidillas 80; la silva 215, entre otras composiciones) ese supuesto mutismo se dedican el «Cronograma III: la vida y la obra de Sor Juana después de los marqueses de la Laguna» y el «Cronograma IV: el «clan» sorjuanista, los corresponsales peruanos, el fin».
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Sobre los sólidos cimientos de este trabajo filológico se asientan los seis análisis textuales que completarán el volumen de Volek. En ellos volverá a ponerse de manifiesto que la labor crítica no puede desentenderse de la «íntima relación entre el texto literario y el contexto vital e histórico de su origen» (p. 70) y en la misma media tampoco se entenderá el marco histórico, aquello que ya pasó y fue, «sin una lectura cuidadosa» (p. 70) de la obra literaria. Sin embargo, una de las calamidades que soporta nuestro ámbito de estudio, desde las florituras de Derrida y Barthes, es la de haber «enfatizado el aspecto «creativo» de su quehacer y ha tomado el texto como mero pretexto para la invención de su propia obra «crítica», original» (p. 45). Y por si alguno cree que tal tendencia, sumada a los cantos de la teoría de la recepción, bien explicados por el profundo conocedor de las diversas corrientes críticas que atronaron durante el siglo XX que es Emil Volek, nos dotan de mucha libertad y amplias posibilidades de conocimiento, en este libro están señalados, para el caso de Sor Juana, los múltiples errores de índole textual, cronológica o interpretativa que fueron, en un principio, hipótesis más o menos felices de algún nombre incuestionado y pasaron a ser verdades más firmes que las reveladas de tanto repetir y amplificar lo mismo. Porque, como señala el autor, con el humor adquirido después de tanto hartazgo, el pensamiento postmoderno será débil pero las escuelas, y sus figurones, mandan (y obligan) mucho.
Nadie que lea este libro podrá sostener ya sin sonrojo que Juana Ramírez de Asbaje no tuvo vida hasta que esta se cruzó con los virreyes de México, que pudo escribir lo que quiso porque contó con la protección del palacio virreinal en tiempos de los marqueses de Mancera y en los de los de la Laguna y que al partir estos últimos para España comienza el principio del fin para Sor Juana. Mucho menos que su obra sea un abultado catálogo de efusiones sentimentales, inspirada por amores humanos concretos e intimidades varias con María Luisa Manrique de Lara. No habrá favores de una tierna amistad como motor de los primeros libros publicados de la autora y sí intereses concretos por ambas partes. Si no destruida, al menos quedará temblando, la trama redonda y sin fisuras que han protagonizado hasta la fecha el confesor de la monja, el marqués de Galve, el arzobispo de México y el obispo de Puebla. Será difícil ver a Sor Juana asustada o disimulando su dominio intelectual y literario en la Respuesta a Sor Filotea, será difícil convertirla en un inquietante sujeto subalterno y, finalmente, tendremos que dejarla, siguiendo a Volek, ser monja y contemplar, a través de su obra, los debates internos que la llevaron, con plenitud de facultades, a abandonar el festival que rodeaba su figura para encaminarse a lo que había pretendido y expresado en buena parte de sus composiciones poéticas, «a ser amada por Dios».
Virginia Gil Amate
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Sustancial comentario de Virginia Gil Amate sobre la obra de Emil Volek. Incita a la lectura del texto comentado. Mi libro Juana Inés de Asbaje y Ramírez. pasión Disruptiva, 2018; sigue en esa ruta de reivindicar el papel de la mujer, su vida frente a la reiterada afirmación de la genialidad poética de la monja jerónima. Es más, mi tesis transita por la demostración de que la mujer diseña como estrategia hacer versos para alcanzar su verdadero objetivo: tener poder y con el afianzar el papel de la inteligencia como cualidad humana, sin género que lo determine.











Sustancial comentario de Virginia Gil Amate sobre la obra de Emil Volek. Incita a la lectura del texto comentado. Mi libro Juana Inés de Asbaje y Ramírez. pasión Disruptiva, 2018; sigue en esa ruta de reivindicar el papel de la mujer, su vida frente a la reiterada afirmación de la genialidad poética de la monja jerónima. Es más, mi tesis transita por la demostración de que la mujer diseña como estrategia hacer versos para alcanzar su verdadero objetivo: tener poder y con el afianzar el papel de la inteligencia como cualidad humana, sin género que lo determine.