Josefina Infante

En los versos de Josefina Infante, desde el principio, Nueva York se nos aparece en fogonazos de un expresionismo amargo y existencial. El metro neoyorquino, por ejemplo, se muestra con la paradoja de una atracción -el hechizo consumista la tiene- que a su vez refleja el absurdo y el vacío del hombre de la ciudad. El resultado es la desolación y la búsqueda incesante del ser humano, sin resultado tangibles. El vacío existencial nos lanza preguntas que indagan el sentido de nuestra individualidad. El transcurrir cotidiano se retuerce en su propia rutina como pesado fardo que nos hace sentir ajenos a nosotros mismos.