Antonio Lastra Meliá

Hay algo, y lo ha habido siempre, de soberbia, de desproporciñon, de falta de cultura o de razón o del verdadero sentido de la comunidad en el pensamiento de que que los problemas de los profesionales de las humanidades reflejan de algún modo los problemas de la humanidad: ningún humanista renunciará nunca de buen grado a la creencia de que su función es esencia para los hombres, para los demás seres humanos a los que supuestamente debe convencer. Pero, ¿de qué habría de persuadir el humanista a su público, al “público entero de un mundo de lectores”, por utilizar la inagotable metáfora kantiana (Leserwelt?) La comunicación excluye los privilegios, y el privilegio de la comprensión antes que ningún otro: si la cultura no es común, desaparece.