Alejandro Alcalá

206 páginas

“Ser millonario fue una aspiración suya hasta poco antes del regreso. Ser millonario, sinónimo de éxito; la añorada fama y fortuna de los clásicos; ahora no le importa demasiado, quiere poner su nombre, su verdadero nombre, junto al de Cervantes, Shakespeare, Dante, Dostoievski, y convertirse en un imprescindible en la historia de la literatura. Eso vale más que ser millonario. No hay en el mundo suficientes millones que puedan comprar la gloria, la eternidad del nombre. Envuelto de nuevo en la obsesión de ser Dios construyendo y conduciendo vidas, pasa buena parte de la tarde, hasta que vuelve a sentir hambre y los dedos se le entumecen. El refrigerador semeja una pista vacía, sin patinadores, en medio del polo, y hurgando en las gavetas encuentra una manzana de corteza vieja y arrugada, que mastica con apetito de mendigo”.