Antonio Cavanillas de Blas

268 páginas

Catalina de Aragón, la hija pequeña de los Reyes Católicos, que había heredado la inteligencia y belleza de su madre, nos narra con su gracia andaluza –a pesar de nacer en Alcalá de Henares se sentía sevillana– y un lenguaje emotivo e intimista sus vivencias de niña: la entrega de las llaves de Granada que presenció a los seis años, su exquisita educación con los mejores preceptores del reino, el breve matrimonio con Arturo Tudor, príncipe de Gales, sus vicisitudes como princesa viuda de Gales hasta desposarse con su cuñado Enrique VIII, sus cinco embarazos frustrados y la vida cortesana en la Inglaterra recién salida de la guerra de las Dos Rosas. La narración, en primera persona, se inicia en el castillo de More, donde Catalina estuvo prisionera, y termina en la fortaleza de Kimbolton que la viera morir a los cincuenta años. La reina consorte de Inglaterra nos cuenta su convivencia en Windsor con su lujurioso esposo, la trama urdida por Enrique VIII que desembocó en el tribunal de Blackfriars para lograr el divorcio. Fue testigo del Cisma de Inglaterra y el nacimiento de la Iglesia Anglicana.