Información adicional
| Peso | N/D |
|---|---|
| Dimensiones | N/D |
| Páginas | 238 |
| Formatos | Digital, Papel |
Autobiografía
“Y partiendo de los atributos de Dios, su sabiduría, bondad y poder infinitos, llegaba a la conclusión de que en el mundo no podía haber nada malo, que el vicio y la virtud no eran más que conceptos vacíos, no me parecía estar tan en lo cierto como antaño pensaba y empecé a dudar de si no se habría deslizado en mi argumentación algún error no percibido como tal, que habría infectado todo lo siguiente, como suele ocurrir en los razonamientos metafísicos. Llegué a convencerme de que la verdad, la sinceridad y la integridad en las relaciones de unos hombres con otros eran lo más importante para ser felices y me hice el firme propósito, del que dejé constancia por escrito (todavía puede verse en mi Diario), de practicar dichas virtudes mientras viviera. La revelación en sí me importaba poco. Mi razón parecía indicarme que, en efecto, algunas acciones podrían no ser malas porque la revelación las condenara, o buenas porque las prescribiera, sino que probablemente sucedía lo contrario, que las condenaba porque eran malas para el hombre o las prescribía porque eran buenas, teniendo en cuenta la propia naturaleza de esas acciones. Y este convencimiento, junto con la ayuda de la Providencia o algún ángel de la guarda o de circunstancias y situaciones favorables, o de todas esas cosas a la vez, me libraron de cometer (a lo largo de la peligrosa época de la juventud y en medio de las azarosas circunstancias en que a veces me vi, rodeado de extraños y sin el consejo y la vigilancia de mi padre), me libraron decía, de cometer deliberadamente injusticias o inmoralidades graves, como tal vez hubiera podido esperarse de mi falta de creencias religiosas.”
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“Y partiendo de los atributos de Dios, su sabiduría, bondad y poder infinitos, llegaba a la conclusión de que en el mundo no podía haber nada malo, que el vicio y la virtud no eran más que conceptos vacíos, no me parecía estar tan en lo cierto como antaño pensaba y empecé a dudar de si no se habría deslizado en mi argumentación algún error no percibido como tal, que habría infectado todo lo siguiente, como suele ocurrir en los razonamientos metafísicos. Llegué a convencerme de que la verdad, la sinceridad y la integridad en las relaciones de unos hombres con otros eran lo más importante para ser felices y me hice el firme propósito, del que dejé constancia por escrito (todavía puede verse en mi Diario), de practicar dichas virtudes mientras viviera. La revelación en sí me importaba poco. Mi razón parecía indicarme que, en efecto, algunas acciones podrían no ser malas porque la revelación las condenara, o buenas porque las prescribiera, sino que probablemente sucedía lo contrario, que las condenaba porque eran malas para el hombre o las prescribía porque eran buenas, teniendo en cuenta la propia naturaleza de esas acciones. Y este convencimiento, junto con la ayuda de la Providencia o algún ángel de la guarda o de circunstancias y situaciones favorables, o de todas esas cosas a la vez, me libraron de cometer (a lo largo de la peligrosa época de la juventud y en medio de las azarosas circunstancias en que a veces me vi, rodeado de extraños y sin el consejo y la vigilancia de mi padre), me libraron decía, de cometer deliberadamente injusticias o inmoralidades graves, como tal vez hubiera podido esperarse de mi falta de creencias religiosas.”
Autobiografía
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| Páginas | 238 |
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