La salvaje inocencia o la inocente pornógrafa

 

Manuel C. Díaz reseña en un especial para “El Nuevo Herald” la novela de reciente aparición de Zoé Valdés, “La salvaje inocencia“.

Cuando en 1995 Zoé Valdés publicó en Francia su novela La nada cotidiana (bajo el título Le néant quotidien), muchos matrimonios parisinos descubrieron que leyéndola podían añadir un poco de pasión a sus aburridas vidas sexuales. Algunos, los más viejos, no perdían tiempo en las primeras escenas sino que iban directo, saltándose páginas, a las más ardientes y explícitas. Mientras lo hacían, se pedían en leves susurros: faire l’amour, faire l’amour. Y es que lo mismo en francés que en español, Zoé nunca ha utilizado circunloquios ni eufemismos para narrar un encuentro sexual.

Desirée Fe

Su novela más reciente, La salvaje inocencia (Editorial Verbum, 2018), es una prueba de ello. Escrita en primera persona con un lenguaje irreverente y transgresor, narra la historia de Desirée Fe, una niña cubana que despierta a la sexualidad (“Aprendí el deseo antes que el amor”) en la habanera iglesia de La Merced mientras se prepara para hacer la primera comunión. Un día, terminada la hora de las clases del coro, sorprende al padre Héctor y a la catequista Mariam, haciendo el amor en la sacristía: “De súbito, oí unos gemidos de placer. Seguí el trecho que me conducía a los ruidos y desemboqué frente a una pesada puerta de madera, entreabierta. Decidí empujarla con suavidad, entonces advertí, asombrada, que algo raro y excepcional estaba sucediendo”.

Una estupenda novela de iniciación

Así, entre los padrenuestros de la iglesia y las penurias materiales de su vida diaria en un solar de La Habana Vieja, Desirée Fe encontrará las claves que le permitirán pasar de la niñez a la adolescencia. Lo que sigue es, más que nada, una estupenda novela de iniciación; solo que se desarrolla en La Habana de los años setenta, entre la llamada irreversibilidad de la revolución y la llegada de los gusanos convertidos en mariposas. Desirée Fe es una joven que escucha la música de los Rolling Stones y Led Zeppelin con sus amigos Zamad, Luisa, Victoria, Tina y Andy, baila “coyurde” y todavía es virgen. Aunque no por mucho tiempo. En un encuentro casual en la playa de Guanabo con un hombre llamado Otto no solo se convierte en mujer sino que termina conociendo el verdadero amor: “La playa está solitaria. El mar parece un plato, de tan calmado, y el sol sigue picando fuerte. Me quito la ropa. Otto me observa. Nos acostamos en la arena. Uno al lado del otro, pero enseguida él…”

La salvaje inocencia

La salvaje inocencia es una novela fuerte. Hay que decirlo. Por una parte están las graficas escenas de sexo en algunos de sus capítulos; y por la otra, la detallada descripción de la espantosa vida diaria en una ciudad que, poco a poco, se aleja de la civilidad republicana para adentrarse en un ciclo de promiscuidad y deterioro moral. Es también una novela de gran contenido político. Desirée Fe ha debido ocultarles a todos -amigos, vecinos y amantes- que su padre cumple una condena de 30 años por contrarrevolucionario: ”Iniciamos entonces la larga odisea hasta la prisión donde se encuentra mi padre. Es el peor lugar del mundo. Atravieso junto a mi madre oficinas y corredores. Ahora me hallo frente a mi padre. Se le nota mucho más delgado y ha envejecido. Nos abrazamos y mi padre me dice al oído: ‘no llores; no le des ese gusto a esta gente”. La novela concluye con la excarcelación de miles de prisioneros políticos -entre ellos el padre de Desirée Fe- y los dramáticos sucesos de la embajada del Perú y el Éxodo del Mariel.

 Directa y lineal
La salvaje inocencia, en la que es posible adivinar algunos elementos autobiográficos, está escrita de una manera directa y lineal. Sin rebuscamientos lingüísticos. En esta ocasión, quizás por la propia vertiginosidad del relato, Zoé Valdés ha prescindido de utilizar sus acostumbradas técnicas narrativas: puntos de vista múltiples, intrincadas estructuras argumentales y flashbacks. De lo que sí no ha prescindido es de su proverbial manera de decir, sin tapujos, lo que quiere decir. Aquí no hay penes ni vaginas. Esto es lo que es. Puro Zoé. O lo toma o lo deja.
La reseña original:
El libro:
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