El libro de Connie: la vida de nosotros
Jacobo Machover analiza la obra de Anna Veltfort, «Adiós mi habana» haciendo un viaje por la vida de la autora y la historia que la novela gráfica retrata.

Connie no se llamaba así cuando nació, sino Cornelia. Y tampoco era americana sino alemana. Ahora firma una maravillosa novela ilustrada, Adiós mi Habana, bajo otro nombre, Anna, y el apellido que le dio su padrastro, Veltfort. Una novela porque en estos “muñequitos”, como dice en buen cubano Antonio José Ponte en su prólogo, no hay superhéroes ni los ingredientes clásicos de ese género. Por supuesto, Anna Veltfort debe tener como modelo a Maus, de Art Spiegelman (Isel Rivero subraya esa filiación en la contraportada), pero no hay aquí ni ratones buenos ni gatos malos. Simplemente seres humanos marginalizados y/o perseguidos por revolucionarios ejemplares.
La autora reivindica también la influencia del escritor decimonónico alemán Wilhelm Busch, dibujante como ella, y el sencillo y emotivo trazo de Antoine de Saint-Exupéry en su Petit Prince, recientemente revisitado por el dibujante y narrador francés Joann Sfar.
Son el padrastro americano de Connie, Ted, y su madre alemana, Lenore, ambos comunistas, quienes decidieron ir a Cuba para participar en el proceso revolucionario. Nunca se desilusionarán. Connie sí. Pero no lo muestra. El libro no es la historia de un desencanto, simplemente la descripción del transcurrir de la vida, marcada por las etapas fundamentales de adhesión y de represión, que se suceden unas a otras, y de los amores de la muchacha, quien descubre que es lesbiana desde su adolescencia, en un cine, con Maritza. Después vendrán Mónica y, sobre todo, Martugenia. Esta última murió exilada en México en 2015. Probablemente haya sido su muerte la que empujó a Anna Veltfort a escribir este recuento, que es también una historia de amor y de amistad. Las muchachas lo apuntaban todo, sus diarios y los recortes de prensa en torno a los acontecimientos más importantes, o lo guardaban almacenado en la memoria. La autora también conservó un fabuloso recuerdo visual, desde aquel día de febrero de 1962 en que el barco de ida entró en la bahía de La Habana hasta el verano de 1972 en que otro barco, desde esa misma bahía, se la llevó para el Norte, sin esperanza de regreso. Diez años que cambiaron su vida.
Adiós mi Habana es a la vez un libro de historia y una visión cinematográfica, así como la crónica de una iniciación, política, sentimental, sexual. Pero Anna Veltfort habla también de nuestra Habana y de nuestra vida, la de todos nosotros. Pío E. Serrano, el editor del libro, antiguamente compañero de la autora en la Universidad, me escribía que todos los que lo habían leído reconocían allí parte de su existencia. Ésa es una de sus mayores cualidades: sus personajes han participado en lo que creían ser una aventura emancipadora, casi libertaria. Hasta que los fue golpeando, uno a uno, poco a poco.

“¿Y todavía podremos ser revolucionarias?
- Sí, es algo que no nos podrán quitar.” Adiós mi Habana es un objeto literario inusual, con unos dibujos lo más apegados posible al recuerdo de la realidad, un poema lírico y amargo a la vez, una indagación en los sentimientos más ocultos a la vez que una exposición implacable de la verdad histórica y de la mentira ideológica. Nosotros no tenemos una película como “La vida de los otros”, que desbarata como ninguna otra el terror inherente a la ex–República Democrática Alemana. Pero de ahora en adelante tenemos el libro de Connie. Una obra indispensable para las generaciones actuales y futuras de cubanos libres, en la isla o en el exilio.
- ¿Por qué? La autora no ofrece respuesta. Sin duda para no traicionar sus ideales, sin darse cuenta de que sus sueños podían conducir a la barbarie, incluso contra ellas. Más tarde, lejos de Cuba, la joven americana educada en Cuba empezará a atar cabos y a sacar el triste balance de lo que era el castrismo, sin indulgencia pero con la nostalgia de esos intensos años en que ella también quiso cambiar el mundo o, por lo menos, la sociedad en que vivía. De esas ilusiones no salió indemne.
Adiós mi Habana es un objeto literario inusual, con unos dibujos lo más apegados posible al recuerdo de la realidad, un poema lírico y amargo a la vez, una indagación en los sentimientos más ocultos a la vez que una exposición implacable de la verdad histórica y de la mentira ideológica. Nosotros no tenemos una película como “La vida de los otros”, que desbarata como ninguna otra el terror inherente a la ex–República Democrática Alemana. Pero de ahora en adelante tenemos el libro de Connie. Una obra indispensable para las generaciones actuales y futuras de cubanos libres, en la isla o en el exilio.
Jacobo Machover
El Libro: Clique aquí
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El libro de Connie: la vida de nosotros
Jacobo Machover analiza la obra de Anna Veltfort, «Adiós mi habana» haciendo un viaje por la vida de la autora y la historia que la novela gráfica retrata.

Connie no se llamaba así cuando nació, sino Cornelia. Y tampoco era americana sino alemana. Ahora firma una maravillosa novela ilustrada, Adiós mi Habana, bajo otro nombre, Anna, y el apellido que le dio su padrastro, Veltfort. Una novela porque en estos “muñequitos”, como dice en buen cubano Antonio José Ponte en su prólogo, no hay superhéroes ni los ingredientes clásicos de ese género. Por supuesto, Anna Veltfort debe tener como modelo a Maus, de Art Spiegelman (Isel Rivero subraya esa filiación en la contraportada), pero no hay aquí ni ratones buenos ni gatos malos. Simplemente seres humanos marginalizados y/o perseguidos por revolucionarios ejemplares.
La autora reivindica también la influencia del escritor decimonónico alemán Wilhelm Busch, dibujante como ella, y el sencillo y emotivo trazo de Antoine de Saint-Exupéry en su Petit Prince, recientemente revisitado por el dibujante y narrador francés Joann Sfar.
Son el padrastro americano de Connie, Ted, y su madre alemana, Lenore, ambos comunistas, quienes decidieron ir a Cuba para participar en el proceso revolucionario. Nunca se desilusionarán. Connie sí. Pero no lo muestra. El libro no es la historia de un desencanto, simplemente la descripción del transcurrir de la vida, marcada por las etapas fundamentales de adhesión y de represión, que se suceden unas a otras, y de los amores de la muchacha, quien descubre que es lesbiana desde su adolescencia, en un cine, con Maritza. Después vendrán Mónica y, sobre todo, Martugenia. Esta última murió exilada en México en 2015. Probablemente haya sido su muerte la que empujó a Anna Veltfort a escribir este recuento, que es también una historia de amor y de amistad. Las muchachas lo apuntaban todo, sus diarios y los recortes de prensa en torno a los acontecimientos más importantes, o lo guardaban almacenado en la memoria. La autora también conservó un fabuloso recuerdo visual, desde aquel día de febrero de 1962 en que el barco de ida entró en la bahía de La Habana hasta el verano de 1972 en que otro barco, desde esa misma bahía, se la llevó para el Norte, sin esperanza de regreso. Diez años que cambiaron su vida.
Adiós mi Habana es a la vez un libro de historia y una visión cinematográfica, así como la crónica de una iniciación, política, sentimental, sexual. Pero Anna Veltfort habla también de nuestra Habana y de nuestra vida, la de todos nosotros. Pío E. Serrano, el editor del libro, antiguamente compañero de la autora en la Universidad, me escribía que todos los que lo habían leído reconocían allí parte de su existencia. Ésa es una de sus mayores cualidades: sus personajes han participado en lo que creían ser una aventura emancipadora, casi libertaria. Hasta que los fue golpeando, uno a uno, poco a poco.

“¿Y todavía podremos ser revolucionarias?
- Sí, es algo que no nos podrán quitar.” Adiós mi Habana es un objeto literario inusual, con unos dibujos lo más apegados posible al recuerdo de la realidad, un poema lírico y amargo a la vez, una indagación en los sentimientos más ocultos a la vez que una exposición implacable de la verdad histórica y de la mentira ideológica. Nosotros no tenemos una película como “La vida de los otros”, que desbarata como ninguna otra el terror inherente a la ex–República Democrática Alemana. Pero de ahora en adelante tenemos el libro de Connie. Una obra indispensable para las generaciones actuales y futuras de cubanos libres, en la isla o en el exilio.
- ¿Por qué? La autora no ofrece respuesta. Sin duda para no traicionar sus ideales, sin darse cuenta de que sus sueños podían conducir a la barbarie, incluso contra ellas. Más tarde, lejos de Cuba, la joven americana educada en Cuba empezará a atar cabos y a sacar el triste balance de lo que era el castrismo, sin indulgencia pero con la nostalgia de esos intensos años en que ella también quiso cambiar el mundo o, por lo menos, la sociedad en que vivía. De esas ilusiones no salió indemne.
Adiós mi Habana es un objeto literario inusual, con unos dibujos lo más apegados posible al recuerdo de la realidad, un poema lírico y amargo a la vez, una indagación en los sentimientos más ocultos a la vez que una exposición implacable de la verdad histórica y de la mentira ideológica. Nosotros no tenemos una película como “La vida de los otros”, que desbarata como ninguna otra el terror inherente a la ex–República Democrática Alemana. Pero de ahora en adelante tenemos el libro de Connie. Una obra indispensable para las generaciones actuales y futuras de cubanos libres, en la isla o en el exilio.
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