Roxana Orué reseña de «Viajando por precipicios», de Gloria Macher

Roxana Orué, miembro de la asociación de Crítica Canadiense Literaria sobre Escritoras Hispanoamericanas (CCLEH) y columnista del periódico El Eco Latino de Ottawa, reseña el libro de relatos de Gloria Macher, «Viajando por precipicios»

Gloria Macher es una escritora nacida en Perú, país del que emigró para vivir en Brasil durante una quincena de años. Pasó un periodo de su vida en Estados Unidos y luego viajó a Canadá donde radica actualmente. Cuenta con una maestría en Ciencias Económicas de la Universidad de Montreal. Entre sus obras más notables figuran Las arterias de don Fernando (2013), Mi reina (2014), La gringa del parque (2015) y el conjunto de relatos Viajando por precipicios (2016) que a continuación reseñaremos. Ha sido premiada con The International Latino Book Award 2014 por la primera de las obras aquí mencionadas.

 

Desde la lectura del prólogo de Viajando por precipicios ya sentía el anuncio de que este libro sería el descubrimiento de una literatura poderosa. Esto se vería confirmado muy pronto leyendo «La bella adormecida», el primer cuento de esta obra, y sería definitivamente sellado con la lectura del segundo cuento, «El Sol de Siqueiros». El nombre de su autora, Gloria Macher, ingresó así, repentinamente, a mi lista de escritores mayores.

En la primera parte de la obra ─«El mundo donde vivimos»─, sus historias no solo trascienden el ser individual, sino que tocan fibras sociales muy sensibles, alojadas en ocasiones en los extremos más dolorosos de nuestras sociedades, poniendo frente a nuestros ojos algunos de los problemas significativos de nuestro tiempo. En la segunda parte del libro ─«El alma donde habitamos»─, la autora entra más bien al mundo de los sentimientos, los deseos, los anhelos, las sensaciones, las obsesiones y las frustraciones del ser humano, para lo cual se sirve de un estilo muy propio.

He debido decir sociedades, utilizando el sustantivo plural, porque la autora no confina sus historias a una localidad exclusiva, conocida para ella, o los lugares más familiares para un latinoamericano sino que nos pone en contacto con la favela Madureira o el barrio Leblon en Río de Janeiro, Brasil; con la ciudad de Montreal o con un pueblo rural en el norte de Canadá; con la ciudad de Roma, con la comuna de Santa Margarita en Génova o con la isla de Capri en el golfo de Nápoles en Italia; con Palma de Mallorca en España; con la ciudad de Ueda en Japón; con la isla Kauai en Hawai; con el pueblo de Pushkar en el estado de Rayastán en la India; con el puerto de Aberdeen en la isla de Hong Kong, además de llevarnos a México y Perú. Podríamos decir que tiene una cierta fascinación por los espacios circundados de agua, pero sería más acertado afirmar que su geografía imaginaria no tiene límites en la Tierra.

Más allá de los sitios en sí, Gloria Macher se acerca a ambientes específicos que nos harán entrar a mundos inusuales. Citemos, para ilustrar esta afirmación, el caso del ritual del mizuage donde una aprendiz de geisha pasa a ser profesional, el encuentro de un hombre con esa gran mancha de basura en el Pacífico llamada la Isla de Plástico, el sórdido mundo de los vagabundos, etc. Esta aproximación es particularmente elogiable porque no la hace explotando tanto su mirada de narradora externa sino que logra que nos acerquemos a esos entornos a través de sus propios personajes.

Si Mario Vargas Llosa nos enseñó en sus últimos libros que el poder de la técnica literaria era capaz de imponerse por sobre el contenido de la obra, Gloria Macher nos muestra que el argumento puede hacernos prescindir de la sofisticación de la técnica literaria. Lo que a la autora le importa es sacudir al lector, hacernos tomar conciencia de los problemas medioambientales, de la injusticia laboral, del abuso frente a la mujer, de los malos caminos a los que puede conducirnos la limitación de las posibilidades socioeconómicas o, en su defecto, ingresar a la intimidad de las personas. Su escritura es fundamentalmente directa, lineal, natural y dinámica. Su narración se concentra en las historias mismas antes que en engorrosas descripciones o extensos diálogos. Se ocupa de estos, sin embargo, inadvertidamente, con una gran economía de palabras. Lo mismo sucede cuando se trata de entrar al mundo emocional o sentimental de las personas ya que hace uso de los hechos para mostrarlos, de modo que no es tan importante cómo se consume en odio, por ejemplo, uno de sus personajes sino qué hace para exteriorizar esas emociones.

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En medio de este mundo tan sujeto a la realidad, donde el conocimiento y la investigación resaltan, Gloria Macher nos sorprenderá con su manejo de lo fantástico al convertir el medioambiente o una armadura de combate en personajes vivientes, o se lucirá con su control de la imaginación cuando trate de sorprender al lector con finales inesperados.

Un precipicio es un despeñadero por el cual es peligroso caminar. Y sí, descubrir Viajando por precipicios es un peligro; sin embargo, el riesgo al que se somete al lector al leer este libro no es ningún otro que el de hacerlo más humano, un mejor conocedor de nuestro mundo, con la gratificación que esto supone, pero también el dolor que esto conlleva. Esta es una lectura absolutamente recomendable.

Roxana Orué.

 

El Libro:

Viajando por precipicios

 

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