Reseña de «La mujer que quiso ser amada por Dios: Sor Juana Inés en la cruz de la crítica», de Emil Volek

Reseña de Virginia Gil Amate aparecida en el boletín Nº 8 del CeMaB (Centro de Estudios Iberoamericanos Mario Benedetti) del libro de Emil Volek, «La mujer que quiso ser amada por Dios: Sor Juana Inés en la cruz de la crítica».

Hacia mediados de la década del 70 comenzó Emil Volek a investigar la obra de Sor Juana Inés de la Cruz por lo que el libro que ahora publica es fruto de varias décadas de paciente estudio, de continuado interés por la autora y, también, de los variados pasmos y disgustos a los que está expuesto cualquier investigador de la literatura hispanoamericana medianamente sensato. El título señala las dos líneas del contenido, una busca la esencia de la obra de Sor Juana Inés, otra muestra aquello en lo que la ha convertido la crítica. La primera no puede improvisarse porque debe ir sujeta al rigor del trabajo filológico. Esto es, leer los textos a analizar con atención, dotarlos de sentido en función del contexto que ofrece la totalidad de la obra de la autora y conectarlos con los datos biográficos y con el conocimiento histórico de su entorno; para la segunda hay que tener la determinación de no dar por buena cualquier ocurrencia y el valor de señalar con claridad cuándo, quién y por qué empezó el desvarío de la crítica sorjuanista. Esto último, que era común en otras épocas, ya no se lleva y no porque nos hayamos vuelto más civilizados o tolerantes, al contrario. Tres paradigmas imperantes, desde mediados del siglo XX y hasta nuestros días, asedian el trabajo de Volek: «el catolicismo militante», que no quiso o no pudo ver los atrevimientos de Sor Juana, que corrigió, tal vez por no entender el contenido, lo que suponía erratas de las primeras ediciones; la «crítica modernizadora», para la que lo más extraordinario «es que una monja y mujer de su tiempo, por más excepcional que fuese, fuera religiosa» (p. 152); y el «feminismo contemporáneo» satisfecho de mostrar, entre otras cosas delirantes, que el patriarcado hubiera podido silenciar a la más grande escritora del barroco hispánico, haciendo caso omiso de los datos objetivos aportados por aquellos que conocieron a la autora en vida, al inventario de su bienes tras su muerte donde figuraban hasta 15 legajos con composiciones poéticas y, en fin, a la misma sustancia de contenido de la poesía de la autora por la que pueden datarse los poemas, como hace Volek, siguiendo los hitos vitales a los que aluden.

El estudio de Volek divide el trabajo que conducirá al lector de estas páginas hacia una concepción cabal de la autora y su obra en dos partes, no señaladas como tales en el índice. La primera traza la cronología vital y establece, en la medida de lo posible y con fundamentos sólidos, la datación de las piezas que componen su ingente obra. Lo que hay detrás de ese entramado son años empleados en consultar y confrontar las primeras ediciones de la obra y en contrastar estas con las ediciones modernas, no se le esconde esto a ningún investigador aunque pueda sorprender a los muchos amigos con los que ahora cuenta la publicación rápida y casi improvisada. El resultado crítico de esa larga paciencia, a veces, matiza y, las más, varia la visón estereotipada que campea por ahí de la autora. Por ejemplo, al alargarse el conflicto con el padre Núñez antes de que Sor Juana decidiera cambiar de confesor, menguan las presunciones de orden feminista o la reconversión del personaje a lo laico, comunes en nuestra época, y ganan peso las tensiones religiosas que atenazaron a la monja en la suya. Con detalle va demostrándolo Emil Volek en «Hacia un cronograma de la vida y la obra de Sor Juana: del nacimiento a los marqueses de la Laguna» y en «Cronograma II: los poemas dedicados a los marqueses y la “Carta de Monterrey”». Igual pasa con el generalmente aceptado sometimiento y el consiguiente abandono de la escritura de Sor Juan Inés de la Cruz tras la Respuesta a Sor Filotea, decretado en obras que han creado no solo una cronología errónea, sino también una imagen deformada de lo que ella fue y vivió y del papel de aquellos que la rodearon. A llenar con datos y hechos textuales (las loas 384 y 396; los romances 40, 41, 42, 43, 49bis y 50; las seguidillas 80; la silva 215, entre otras composiciones) ese supuesto mutismo se dedican el «Cronograma III: la vida y la obra de Sor Juana después de los marqueses de la Laguna» y el «Cronograma IV: el “clan” sorjuanista, los corresponsales peruanos, el fin».

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Sobre los sólidos cimientos de este trabajo filológico se asientan los seis análisis textuales que completarán el volumen de Volek. En ellos volverá a ponerse de manifiesto que la labor crítica no puede desentenderse de la «íntima relación entre el texto literario y el contexto vital e histórico de su origen» (p. 70) y en la misma media tampoco se entenderá el marco histórico, aquello que ya pasó y fue, «sin una lectura cuidadosa» (p. 70) de la obra literaria. Sin embargo, una de las calamidades que soporta nuestro ámbito de estudio, desde las florituras de Derrida y Barthes, es la de haber «enfatizado el aspecto “creativo” de su quehacer y ha tomado el texto como mero pretexto para la invención de su propia obra “crítica”, original» (p. 45). Y por si alguno cree que tal tendencia, sumada a los cantos de la teoría de la recepción, bien explicados por el profundo conocedor de las diversas corrientes críticas que atronaron durante el siglo XX que es Emil Volek, nos dotan de mucha libertad y amplias posibilidades de conocimiento, en este libro están señalados, para el caso de Sor Juana, los múltiples errores de índole textual, cronológica o interpretativa que fueron, en un principio, hipótesis más o menos felices de algún nombre incuestionado y pasaron a ser verdades más firmes que las reveladas de tanto repetir y amplificar lo mismo. Porque, como señala el autor, con el humor adquirido después de tanto hartazgo, el pensamiento postmoderno será débil pero las escuelas, y sus figurones, mandan (y obligan) mucho.

Nadie que lea este libro podrá sostener ya sin sonrojo que Juana Ramírez de Asbaje no tuvo vida hasta que esta se cruzó con los virreyes de México, que pudo escribir lo que quiso porque contó con la protección del palacio virreinal en tiempos de los marqueses de Mancera y en los de los de la Laguna y que al partir estos últimos para España comienza el principio del fin para Sor Juana. Mucho menos que su obra sea un abultado catálogo de efusiones sentimentales, inspirada por amores humanos concretos e intimidades varias con María Luisa Manrique de Lara. No habrá favores de una tierna amistad como motor de los primeros libros publicados de la autora y sí intereses concretos por ambas partes. Si no destruida, al menos quedará temblando, la trama redonda y sin fisuras que han protagonizado hasta la fecha el confesor de la monja, el marqués de Galve, el arzobispo de México y el obispo de Puebla. Será difícil ver a Sor Juana asustada o disimulando su dominio intelectual y literario en la Respuesta a Sor Filotea, será difícil convertirla en un inquietante sujeto subalterno y, finalmente, tendremos que dejarla, siguiendo a Volek, ser monja y contemplar, a través de su obra, los debates internos que la llevaron, con plenitud de facultades, a abandonar el festival que rodeaba su figura para encaminarse a lo que había pretendido y expresado en buena parte de sus composiciones poéticas, «a ser amada por Dios».

Virginia Gil Amate

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