Filosofía de las artes japonesas

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Jesús González Valles

La obra ofrece una visión de las artes japonesas en su doble vertiente marcial y estética: unas nacidas para la guerra y otras para la paz, pero todas convertidas hoy en caminos de paz. Aborda el texto sus raíces, orígenes, desarrollo histórico y el trasfondo filosófico, moral y espiritual que las sostiene y les infunde valores de autenticidad.
Por tener la impronta de las tradiciones religiosas orientales, estas artes se definen con el sufijo común de camino (do).
El concepto de “camino” es mágico y omnipresente en el patrimonio cultural japonés y, sin él, estas especialidades artísticas sólo tendrían un valor de simple técnica y carecerían de una contextura espiritual que les da dignidad, un marcado carácter de autodisciplina y una sublimación por encima de la mera actividad física.
Por ello, la obra intenta analizar la andadura histórica y la interioridad moral y espiritual de estos caminos artísticos.

NOMBRAR LO QUE NOS HUYE
Clara Janés
Publicado en Adamar.org

El que ha visto el biombo que contiene la pintura titulada Pinos entre la niebla, de Hasegawa Tohaku (1539-1610), no podrá olvidarlo. ¿A qué se debe que esa sencilla imagen de unos pinos –en cuya factura se ha renunciado prácticamente al color–, que surgen de unos trazos oscuros pero claramente definidos y firmes, aunque los contornos se difuminen en un fondo que evoca el dorado, atraiga con tal poder que se nos lleve de inmediato al corazón del bosque? En el libro Los valores estéticos en la cultura clásica japonesa hallamos la respuesta. Se debe al YOHAKU, un valor estético propio del período Momoyama que “apunta a los «espacios vacíos»” y es de profunda inspiración Zen. Lanzaco Salafranca cita, para explicarlo, a Herringel: “El espacio en la pintura Zen está siempre inmóvil. Y, siempre, sin embargo, en movimiento.”

No hay color en estos pinos, pero son tan nítidamente japoneses como el colorido mundo que se describe en el Genji Monogatari (Historia de Genji, 1011) –aventuras galantes del príncipe Resplandeciente–, de Murasaki Shikibu, si bien se trata de algo fugaz, ya sea la caída de las hojas en otoño o el florecer de los ciruelos; efímero, sí, pero iluminado por una plenitud instantánea, destellante como una gota de rocío. Esto, nos dice el libro mencionado, se debe al MONO-NO-AWARE, la “delicada melancolía” ante la belleza transitoria.

Pero lo huidizo puede evocar algo más que esa hermosura que está a la vista; puede hablarnos del misterio, de lo escondido o evocado a través de lo visible: es el YUGEN.

Cuando una noche de primavera
se rompió el puente flotante de un sueño
me desperté.
En el cielo toda una bandada de nubes
se alejaba tras la alta montaña.

Este poema de Teika (s.XIII) es uno de los ejemplos de YUGEN que nos da Lanzaco, si bien son sobre todo los gestos del actor de Teatro Nô, el lento movimiento del abanico o de la máscara, lo que mejor expresa esa cara de la estética japonesa, esa “Flor misteriosa”, a decir del gran creador de dicho teatro, Zeami (S.XIV-XV, del período Muramochi), algo tan singular y tan propio del Japón como la estampa de la flor de ciruelo o los pinos de Tohaku.

¿Y las figuras de Utamaro? ¿Esas mujeres con kimono a rayas que miran fugazmente la luna o se miran el rostro en el espejo mientras el que las contempla ve sobre todo su cogote y el punto en que nace el cabello; esta mezcla de detalle, estilización y naturalidad de la vida corriente, ni triste ni alegre, siempre en tonos grises, azules, marrones o violetas? Esto es el IKI, uno de los valores del UKIYO-E, el “mundo flotante”.

Y está también la estética del Samurai, la belleza “vigorosa y robusta”, o la de HOSOMI (lo “delgado”), realzada en el periodo Tokugawa, por ejemplo por Matsuo Basho (1644-1694), creador del haiku, cantor de la naturaleza, verdadero sol de la poesía del Imperio del sol naciente. Dice así uno de sus poemas:

Todo en calma,
penetra en las rocas
el canto de las cigarras.

Cada variante de uno de los valores estéticos tiene en la cultura clásica nipona un nombre y un momento de auge. Y están todos vinculados entre sí. De ello nos habla este libro, que además reúne, inserta en sus páginas a modo de ejemplos, una breve pero interesante antología de la literatura japonesa (poesía y prosa). Para el profano una ventana insospechada, para el aficionado más que una tentación, pues le permite ver la cara oculta de cosas tan amadas, y nombrarla.

Un trasfondo más historicista del espíritu japonés nos ofrece el libro de González Valles, que ya en las primeras páginas cita esta frase de Okakura Tenshin: “Japón es algo más que un museo de cultura asiática precisamente porque el pueblo japonés posee la facultad maravillosa de no perder lo tradicional y acoger con gusto lo nuevo”, es decir, de adaptar y convertir en propio lo recibido. Y así vemos como, procedentes de China, distintas formas de religión, artes marciales o de la paz, vieron en este país un florecimiento particular.
Sobre una base autóctona animista, el shintoismo, que nació de la gratitud a los espíritus del arroz por las cosechas, se incorporó un culto a los pájaros, procedente del otro lado del mar, a la vez que se practicaba el chamanismo, pues el Shinto, se nos dice, “expresa el dinamismo de la naturaleza a través de sus infinitos seres.”

Esta base de la naturaleza es el suelo firme sobre el que evolucionan las restantes creencias. El budismo y el confucianismo se posan en ella, acentuando la importancia de la interrelación de las cosas. El budismo Zen, concretamente, se ancla con fuerza en el Imperio del Sol naciente. Se trata de una “filosofía de la intuición” (Sôtô), pero una intuición que no trasciende el orden natural pues “no admite un ser absoluto que esté por encima del yo ni un Dios en quien el hombre pueda confiar plenamente porque no va más allá del hombre.” Acaso éste es el punto clave que desentraña el porqué de aquellos valores estéticos tan característicos que estudia Lanzaco Salafranca.

Y así la naturaleza, tan poderosa para el Shinto, tiene para el Zen un carácter casi de absoluto. En este marco, las enseñanzas de Confucio contribuyen a imponer unas normas de conducta, que pueden resumirse en la palabra “fidelidad”, por ejemplo a la autoridad imperial: “El señor es el cielo y el vasallo la tierra. El cielo se dilata, la tierra se estrecha, cuando está así, entonces las cuatro estaciones siguen su curso y los poderes de la Naturaleza.”.

El taoísmo, por su parte, propone dos vías, una vez más la de la naturaleza y, junto a ella, la de la virtud. “Mientras Confucio da ‘fórmulas de gobierno y de práctica social’, Lao Tse ofrece ‘recetas de santidad’ ”. Son conocidas las paradojas taoista, como: “El mejor soldado no es violento/ el mejor guerrero no es cruel/ el gran conquistador no combate”. Todas estas ideas, que orientan hacia el autocontrol y el desasimiento, se aplican a las artes de la paz y también a las de la guerra y son consideradas “caminos”. Entre los de la paz, la caligrafía (shodô), la pintura (sumie), el té (sadô), las flores (kadô ikebana), la poesía (kadô) y el jardín (teien). Y entre los de la guerra, que hay que seguir casi religiosamente, en primer lugar el bushidô, cuyo héroe es el samurai, que valora ante todo el honor hasta el punto de no vacilar en darse muerte a sí mismo para recuperarlo, lo que da origen a la ceremonia del seppuku. Este tipo de guerrero figura como el gran modelo: “De entre las flores, el cerezo, de entre los hombres, el samurai”, se dice, por lo cual no sorprende la frase: “Don Quijote es el samurai español”.
Otros “caminos” de las artes de la guerra son el kendô, de la espada –el alma del guerrero–, el kyûdô, del arco –cuyo constante restallido revela “un misterioso poder de conjurar los malos espíritus”–, el judô, de la flexibilidad, el karate-dô, de la mano vacía, o el aiki-dô, de la armonía. Éste último, genuinamente japonés, se denomina también “arte de derrotar al enemigo con una simple mirada” o “grito del espíritu”, y está destinado a someter al adversario armonizándose con su energía, siendo por ello una de las vías de armonía entre el hombre y el universo.

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ISBN: 9788479623852 Categoría: Etiquetas: , Product ID: 5189

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