Ahora no, mañana

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A. Alexandra

(134 páginas)

Sofía Diez es una bióloga de veintiocho años, quien disfrutaba de las típicas relaciones de pareja a lo largo de su vida hasta que llegó a conocer a Alexandre Lefevbre, un atractivo violinista monegasco, que consiguió sorprenderla como ninguno antes. La mujer racional que en ella existía se convirtió en un ser obsesivo, que ansiaba entregarse a ese hombre que la seducía a través de mensajes, fotografías y proposiciones apasionadas hacia lo que ella desconocía. En su cuerpo solo habitaba el deseo por ese misterioso personaje de fantasía, tan sólo los recuerdos de sus amoríos pasados regresaban a su mente para satisfacerla ante su fiel deseo, hasta casi tres meses después que llegará el tan esperado día de volver a verlo.
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“El libro de A. Alexandra atraviesa innumerables vertientes de la literatura y de la historia.
Primero es una novela de literatura erótica y la literatura erótica es romance y sexo. ¿En qué proporción debe cada factor intervenir? Hay quienes postulan, desde un altar moral, las proporciones. Es un viejo secreto del poder: constituirse en la medida de la ética, de la moral, ser quien reparte adecuadamente lo que se debe pensar. Antes solían ser los curas y los pechoños conservadores solamente, pero hoy también abundan los militantes políticos y muchas feministas que con un báculo crítico pontifican lo que es ofensivo a los nuevos credos y lo que no lo es. Cada época con sus inquisidores. Siempre un sacerdote (o sacerdotisa) de alguna fe o ideología queriendo poner a la literatura al servicio de su propaganda.
Es que el verdadero peligro de la buena literatura es narrar, simplemente narrar, pues hace que el lector juzgue desde su propio punto de vista. En cambio, la literatura-ensayo —esa que como Morse quiere transmitir análisis políticos, de género, de modernidad versus atraso o lo que sea—, es bienvenida y bien calificada por los jueces de la moral pues dirige el espíritu, lo gobierna. En cambio es molesta la literatura que simplemente cuenta e invariablemente la quieren bravuconear. L@s etern@s inquisidor@s temen el juicio libre del ser humano, al que no pueden dominar con sus prohibiciones.
Luego la autora, A. Alexandra, es mujer. Dato importante pues en el largo pasado, el varón monopolizó el saber y la creación. Alejó a las mujeres de los sitiales de prestigio y poder. Pocas novelas de mujeres se conocen en la historia literaria. Durante el feudalismo, quizá solo se conoce a la japonesa Murasaki Shikibu, una dama de la corte, que escribió La historia de Genji ; pero nada suficiente como para decir que hubo una literatura de mujeres, salvo la carta y el diario: sus grandes reductos literarios. Allí volcaron todos los colores y matices de sí mismas, pero siendo herramientas íntimas y perecederas pocas han sobrevivido para contar sus runrunes y sueños. Una de las pocas sobrevivientes es Las cartas de amor de una monja portuguesa .
La moderna literatura erótica le debe su inauguración al tan aclamado y, al mismo tiempo, vituperado Marqués de Sade. Hasta el siglo XX parece no haberse publicado ni una novela erótica de autora femenina, salvo que alguna se haya filtrado de contrabando en la masiva literatura erótica anónima que hubo en la época victoriana como fue La corrupción de una virgen , entre otras.
El siglo XXI, con su desconcierto por excesos de novedad, está sin embargo refrescado por un empoderamiento femenino. Que la mujer exhiba el cuerpo sin la represión del pudor, baile con irrefrenable sensualidad, escoja una o mil parejas de placer, ha logrado envejecer e incluso exterminar juicios y castigos que estaban amparados en palabras insultantes como promiscuidad o puta. Estoy convencido que estamos viviendo el punto de inflexión de una milenaria cultura masculina hacia un posicionamiento del poder femenino.
En esta época auspiciosa, A. Alexandra ingresa en la escena de la literatura erótica con una potente novela, clara y fluída. Ahora no, mañana es una novela que narra la historia de Sophie y su príncipe azul, una cristalización del viejo sueño femenino. La diferencia es que Sophie no le guarda respeto al viejo mandato masculino de la fidelidad y se entrega a otros hombre mientras ama al mismo. Su Príncipe contiene a cualquier amante ocasional. Todos son Él. Al leer esta novela, la memoria se va a las comunidades matriarcales donde las mujeres gobernaban, donde se entregaban a muchos hombres y donde eran las madres de todos los hijos de la comunidad. Y veo que Sophie reedita esa vieja práctica. Aquellas mujeres de otrora, quizá como le sucede a Sophie con el monegasco Alexandre, también se prendaban de uno, y los demás eran su reencarnación, la transubstanciación del que había ocupado sus sueños.
Pero además, este Príncipe azul múltiple es un recurso astuto porque establece de entrada un código claro para el lector. Cosa tan necesaria en tiempos de literatura académica, alabada por los críticos, aburrida para el resto.
Los aciertos de Alexandra no terminan. El título mismo, Ahora no, mañana, da desde el principio otro eslabón narrativo configurando una efectiva estructura que lleva adelante la narración. Viajar en un vehículo que vaya sobre rieles (una buena estructura), permite concentrarse en los sucesos y el paisaje, en lugar perderse en la oscuridad intelectuaoide actual que frena el goce literario y el interés por la trama. Ahora no, mañana tiene una narración incesante como una montaña rusa.
No creo que mi tarea sea narrar en breve lo que ella logra con pluma e inspiración propia, pero sí puedo sentirme orgulloso de haber sido elegido para comentar una novela intensa y bien escrita”.
Juan Claudio Lechin
Nueva York, 2015

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ISBN: 9788490741917 Categorías: , Etiquetas: , Product ID: 3669

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